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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Carta abierta a Rajoy, Zapatero y las víctimas

Raúl Tristán

miércoles, 1 de marzo de 2006, 00:10 h (CET)
1981-82, el Gobierno de la UCD de Adolfo Suárez decide negociar con ETA Político-Militar VII Asamblea. El 30 de septiembre de 1982, ETA Político-Militar VII Asamblea se disuelve.

Durante los Gobiernos socialistas de Felipe González, se negocia con ETA.
A destacar: 1989, Conversaciones de Argel.

Durante los Gobiernos populares de José María Aznar, se negocia con ETA.
A destacar:1999, Zurich.
La memoria histórica es selectiva. No debe serlo, no se trata de un juego.

Todos los gobiernos de la democracia han negociado con ETA. Sin negociación previa, jamás podrá llegar la ansiada paz. Negar la mayor, es estar ciego. O querer estarlo.

Está escrito, la historia está ahí para que todos seamos testigos de ella.

Entonces, ¿qué está ocurriendo?

Lo que sucede que desde que el PSOE ganó las Elecciones Generales, tras el terrible atentado del 11-M en Madrid, el PP no ha encontrado mejor arma electoral que la lucha contra el terrorismo. Anclado en la idea de que el terrorismo fue la razón de su fracaso electoral, de su hundimiento, quiere reflotar su hundido barco con la causa misma de su debacle. Un caso clínico de clara “medicina homeopática” aplicada a la política: similia similibus curantur (lo similar se cura con lo semejante).

Pero se da la circunstancia de que jamás se había dado una mejor coyuntura para la paz. Es mucho el tiempo que ha transcurrido sin que hayamos de lamentar víctimas mortales, ni tan siquiera heridos de consideración, tan sólo daños materiales, nada que no repare el vil metal. Entonces, ¿no hay razón alguna para la actitud del Sr. Rajoy?. No la hay para la exageración, para las cotas actuales de crispación que se están alcanzando; pero sí la hay para que el Sr. Rajoy se muestre esquivo, desconfiado y tenga derecho a recriminar al Sr. Zapatero.

El Acuerdo por las libertades y contra el Terrorismo, el archifamoso Pacto Antiterrorista, ha sido roto, ha sido mancillado por la ineptitud política de nuestros próceres, incapaces de llegar a entre ambos a un acuerdo común, tan necesario por otra parte.

En tiempos de Aznar, el PSOE apoyó la política de éste, dentro del marco del Pacto. Ahora, cuando al PP le corresponde devolver el favor, no sólo no lo hace, sino que además está dando lugar a una situación social insostenible, a una ruptura, de la ciudadanía y de las víctimas, en dos bandos irreconciliables.

Sr. Rajoy, ha cometido usted el sangrante error de emplear un asunto sagrado como moneda de cambio por los votos de un pueblo. Mercadear con los muertos es un crimen atroz en democracia y, seamos justos, seamos sinceros, usted lo está haciendo. Le otorgo el beneficio de la duda en el sentido de que, tal vez, usted lo haga espoleado por los aguijones de sus avispones, por los ladridos e sus mastines, de sus perros de presa, de gentes como Zaplana y Acebes, incluso del mismo Aznar. Sr. Rajoy, recupere las riendas del desbocado caballo que es, en estos momentos, el PP. Sea su líder, demuestre que es capaz de pensar por sí mismo, de gobernar su propio partido sin la malévola influencia de entes oscuros y tienda una mano al Presidente. Olvídese del empleo del terrorismo con fines electorales. El acoso y derribo al PSOE por esa vía no beneficiará a nadie.

Sr. Zapatero, al líder de la oposición no se le puede ningunear. Representa a millones de españoles, no como los pordioseros cuatrovotos pelados con los cuales se ha aliado usted para mantenerse en el poder, en ciertas autonomías, en un equilibrio inestable digno de gentes de circo de alta cualificación. En este asunto, PP y PSOE deben caminar de la mano, aunque no haya boda ni pareja de hecho de por medio. Ignoro si lo ha intentado, si así ha sido, creo que lo ha hecho sin poner toda la fuerza que la ocasión requería. Le repito: no se puede caminar sin el PP, sin esos millones de españoles.

Sr. Zapatero, tengo algo más que decirle, ya que como Presidente del Gobierno tiene usted al menos el 70% de la responsabilidad: por más datos con los que pueda contar en razón de su cargo, nunca debe echar las campanas al vuelo, por más que su lengua desee desmentir las acusaciones infundadas de otros o ansíe rebatir o sueñe con confirmar sus propias expectativas.

Tampoco me olvido de las víctimas, y quiero terminar diciéndoles algo a ellas: TODOS los Gobiernos han negociado con ETA. TODOS. Cierta facción de las víctimas ha entrado en una dinámica insufrible, de una intransigencia absoluta, olvidando que el fin primordial del estado de derecho, en cuestión de terrorismo, es alcanzar la PAZ, con justicia sí, pero la PAZ. Es terrible el egoísmo que está demostrando un sector de las víctimas, capaz de negar la posibilidad de una negociación que TODOS lo gobiernos han llevado a cabo, incapaz de reconocer la valía de la vida humana salvada de la muerte, porque de eso se trata, de salvar vidas, de impedir la existencia de nuevas víctimas. A pesar del dolor, a pesar de la pérdida sufrida y, por supuesto, exigiendo justicia, las víctimas deben de ser las primeras en desear que no haya más muertos, que llegue la PAZ. O al menos, que se intente, que se allane el camino hacia ella, que no se pongan obstáculos. No más de los de por sí existentes, que son muchos.

Las víctimas tienen el derecho inexcusable a que se haga justicia. Los españoles tenemos el derecho irrenunciable a vivir en PAZ, y el deber inexcusable de buscar esa utopía llamada PAZ y trabajar por ella.

Sí, la sociedad pide la PAZ, aunque para algunas víctimas ésta suponga cierta renuncia a sus planteamientos. Sabemos que lo que se les exige puede resultarles duro de asimilar, de interiorizar, de asumir; pero nadie ha dicho que el camino hacia la PAZ sea una llana senda que discurra por una vereda, pues es en verdad un sinuoso y empinado sendero que, por pedregoso terreno, asciende unas veces hacia cumbres elevadas y desciende otras, asomándose al abismo, a la boca misma del infierno.

“En mi nombre, sí”. Ese debiera de ser el verdadero slogan pancartista de las víctimas. Sí a la justicia, y sí a la negociación. Aunque siempre nos quede la duda de si la PAZ se verá o no truncada, al menos que el canto de cisne de nuestro sueño no lo sea por negligencia, por nuestra anuencia.

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