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José Francisco Sánchez (Valencia)
Redacción
miércoles, 1 de marzo de 2006, 00:14 h (CET)
La tarde del pasado jueves, 23 de febrero, en la sala "El Gran Caimán" de Valencia, tuvo lugar la entrega de los premios otorgados por la Federació de Dones Progresistes de la Comunidad Valenciana. Uno de los cuatro galardones de la edición de este año ha sido concedido a Rosa Costa Negre, funcionaria de policía 4027 de los Mossos d´Esquadra, sargento en la comisaría de Gerona, por su esforzada labor en contra de la mutilación genital femenina en aquella región, que ha permitido garantizar la integridad física de 36 niñas inmigrantes en la provincia de Gerona. La distinción fue entregada por el comisario principal en jefe de la Brigada de Extranjería y Comunicación de la policía valenciana, Antonio Martínez Ferrando.

Extinguido ya el estudiado brillo luminoso de los focos de la sala, y mal que les pese, sobre todo a los niños varones, llega el momento de archivar la noticia y hundirnos en la más profunda y abismada de las reflexiones: Son las mismas sacrosantas leyes las que rigen en todo el territorio nacional y, sin embargo, lo cierto es que no todos los ciudadanos, ni siquiera los que además son funcionarios de los cuerpos de seguridad se toman el mismo interés que Rosa por tan luctuoso tema. Consulten, por ejemplo, a la Jefatura Superior de Policía sobre todas las diligencias realizadas en Valencia durante los últimos años al respecto y comprueben como, sorprendentemente, ha habido una sola y única actuación en toda la Comunidad: la relativa a una denuncia interpuesta por el padre de un menor al que se circuncidó con seis años en la clínica "Virgen del Consuelo" para obligarle a ingresar en la religión mahometana… Pero, tal como establece en padrón municipal, los inmigrantes menores de edad procedentes de países en que prevalece la mutilación genital infantil tanto contra niños como contra niñas, son sólo en Valencia ciudad varios centenares, cerca de medio millar. En el resto de poblaciones, ni se sabe. Así pues, honores aparte, y a falta de ningún plan institucional eficaz para impedirlo, Marruecos, Argelia, Nigeria, Guinea, Senegal y demás retahíla de la ignominia seguirán proporcionando diariamente carne fresca infantil para que se sigan celebrando entre nosotros estos infames sacrificios humanos, mientras no nos decidamos enérgicamente, y de una vez por todas, a erradicarlos.

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