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Si la justicia es ciega, el corazon del mundo late bien

Pelayo López
Pelayo López
lunes, 27 de febrero de 2006, 23:48 h (CET)
Hace 21 años, un joven con problemas de drogas robó dos televisores y un jamón. Desde hace 8 meses, este joven, ya convertido en un hombre alejado de ese mundo y con una familia, cumple condena en la cárcel por aquel delito. La víctima le ha dado su perdón, su pueblo pide el indulto y la justicia, en este caso sí que se puede aseverar, está más ciega que nunca. ¿Cómo es posible semejante disparate?. ¿Cómo es posible que este hombre esté cumpliendo su condena 21 años después, cuando ha recibido el perdón de quién fue su víctima y quién ahora, además, aboga por su libertad?. ¿Qué justicia es ésta?. Y para colmo, los grandes clanes del narcotráfico se pasean por la calle a sus anchas exhibiendo con pomposidad y altivez sus propiedades, y lo hacen mientras la policía realiza redadas en barrios periféricos y marginales para decomisar un “dedal” de hachís y detener a aquellos que se dedican al menudeo alojados en viviendas de tres al cuarto.

No me digan que no es para pensar que algo no funciona. Máxime cuando todos conocemos ladrones de guante blanco que se llevan millones, por no decir miles de millones, y apenas cumplen entre rejas un instante fugaz de sus vidas. ¡Y lo del dinero es otra cosa!. El botín, nada parecido a un televisor, un jamón o un “dedal” de hachís, nunca aparece, y el pirata, convertido en marqués o conde, puede rondar a sus anchas y hacer uso y disfrute pleno de sus tesoros en una isla perdida, en un mar remoto, con un habano en una mano y una botella de ron en la otra. Provoca vergüenza ajena mirar el peso de la justicia, ¡cuán diferente es según la condición de quien se mide a su balanza!.

Algo no funciona, por no decir todo, porque si echamos una mirada alrededor vemos que el caos parece haberse apoderado de nuestro planeta. No hace falta más que echar un vistazo a Iraq –por ser referente mundial en la actualidad, ya que otros muchos “agujeros negros terrestres” pasan de soslayo el día a día- para que se nos caiga el alma al suelo y se rompa con la misma facilidad, al fin y al cabo, con la que cada día observamos sus calles pobladas de chatarra humeante y charcos de sangre sobre los que pululan casi pegándose las botas de los soldados.

Podría ser que los Estados Unidos decidiesen retirarse de ese país, que ya da a cada segundo síntomas más evidentes de una guerra civil inminente, podría ser. Uno al menos lo vería como una actitud en pro del interés internacional, algo que agradecería sin duda, más que como una retirada con las orejas gachas, aunque también fuese eso. Vale más recapacitar y rectificar a tiempo, que llegar al día D y a la hora H del no retorno.

Y por si no fuera suficiente que el ser humano se minase a sí mismo, la madre naturaleza pone también su grano de arena en esta cruel apisonadora. En Canarias, en Filipinas, en Indonesia… los elementos se han conjurado, y, en esta semana, han puesto nicho a cientos de personas haciendo que la única respuesta posible sea recuperar los cuerpos sepultados para darles un entierro digno. Esa es nuestra única respuesta, pero ¿cuál es la pregunta?. ¿Qué debemos preguntarnos?. ¿Por qué la naturaleza no va a poder hacer uso de su fuerza si el hombre hace lo propio contra sí mismo?. Como bien podría decir un proverbio chino: “si la justicia es ciega, el corazón del mundo late bien”...

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