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Opinión
Etiquetas:   Artículo opinión  

Misiones de paz

Victor Litovkin
Redacción
lunes, 27 de febrero de 2006, 23:48 h (CET)
Los acontecimientos descritos a continuación ocurrieron casi simultáneamente.

El presidente Vladimir Putin firmó el decreto, por el cual a solicitud de la Organización de las Naciones Unidas, Rusia enviará a Sudán un contingente de 200 “cascos azules” y cuatro helicópteros de transporte militar MI-8MT con el fin de participar en la operación de mantenimiento de la paz en este país. En África se encargarán de transportar la ayuda humanitaria y de la tarea de proteger las carreteras que enlazan distintas regiones de esta república. Entre otras misiones figuran las siguientes: “prestar el apoyo helicoptérico a la Fuerza de Reacción Rápida de la ONU, realizar acciones aeromóviles, desarrollar durante las 24 horas del día las operaciones de evacuación, trasladar los bienes y a los componentes del personal de la ONU a las bases logísticas”, según dice el documento oficial.

Pocos días después de publicado este decreto el parlamento de Georgia instó al Gobierno de esta república para que “ponga en marcha lo más pronto posible el proceso de retirada del contingente de paz ruso estacionado en Osetia del Sur y proceda a reemplazarlo por una fuerza internacional de paz más efectiva”.

¿Cómo se explica la actitud tan contradictoria ante los mantenedores de paz rusos? Se les invita a unas regiones del planeta y se pretende expulsarles de otras. Vale la pena calar hondo en el asunto.

¿Quiénes son los “cascos azules” y qué misiones cumplen?

El término “cascos azules” nació el 1945, quedando inscrito en la Carta de la ONU. Las fuerzas de paz adquirieron sus primeras experiencias en 1956, año en que simultáneamente se desencadenaron los conflictos en Cachemira, Palestina, y en la zona del canal de Suez. En honor a la verdad, en aquel entonces se trataba únicamente de la presencia de los observadores militares en la frontera de las zonas de conflicto que debían ejercer el control sobre el alto el fuego. Los observadores militares no gozaban de las competencias para prevenir los conflictos o inmiscuirse en los mismos. Su tarea consistía en informar al Consejo de Seguridad de la ONU sobre la observancia por las partes en conflicto de los acuerdos alcanzados. Y le competía al Consejo de Seguridad decidir cómo repeler la agresión o allanar el camino hacia la paz.

Desde luego, no todo marchaba como una seda en este terreno. Pero se logró evitar que la “guerra fría” desemboque en la confrontación armada. En la mayoría de los casos detrás de los responsables de unos u otros conflictos estaban los Estados que pertenecían a los sistemas ideológicos y políticos diametralmente opuestos y eran capaces de utilizar sus arsenales de armas, también nucleares, para alcanzar los objetivos propuestos. Lo confirman el conflicto entre Egipto e Israel de los anos sesenta y la crisis del Caribe.

Al término de la “guerra fría” quedaron hasta cierto punto revisadas las funciones de mantenedores de paz con mandato de la ONU. Además del envío a las zonas de conflicto de los observadores militares, previo consentimiento de las partes interesadas, la Organización de las Naciones Unidas procedió a llevar a cabo las operaciones de imposición a la paz y de mantenimiento de la paz.

En el caso de la ex Yugoslavia, la fuerza internacional de interposición, con mandato de la ONU, cumplía la tarea de permanecer en la región hasta que las partes alcancen determinados acuerdos jurídicos.

En lo que respecta a las operaciones de mantenimiento de la paz, se recurre a este instrumento en el caso de que ambas partes en conflicto autoricen la presencia en la zona de conflicto del contingente de “cascos azules” y por la vía negociada decidan su mandato. He aquí algunos ejemplos: Chipre, Timor Oriental, Transnistria, Abjasia, Osetia del Sur, Tayikistán...

Por regla general, Rusia participa en las operaciones de mantenimiento de paz y muy raras veces en las de imposición de la paz. Una de las pocas exclusiones era el conflicto en Transnistria a comienzos de los años 90 del siglo pasado. En aquella ocasión, gracias a las enérgicas acciones emprendidas por las unidades del 11º Ejército ruso comandadas por el general Alexander Lebed fue atajado el conflicto armado entre Moldavia y Transnistria. A fin de cuentas, el propio 11º Ejército fue retirado de Transnistria salvo el armamento que hasta ahora no se logra evacuar. La operación de mantenimiento de paz en esta república secesionista corre a cargo de los contingentes ruso, moldavo y de transnistrio. No importa lo que digan sobre el particular los malintencionados, pero es incuestionable el mérito de estos cascos azules de que en dicha zona ya desde hace más de diez años no haya guerra, asesinatos ni derramamiento de sangre. De esto no cabe la menor duda.

En los años 90 del siglo pasado, los cascos azules rusos (sin incluir a los observadores militares) se encontraban en cinco zonas de conflicto. En la ex Yugoslavia (Kosovo, Bosnia y Herzegovina) – 2.277 efectivos y unas 600 piezas de material bélico. En Transnistria – 500 efectivos y 80 piezas de material bélico. En Abjasia – 1.640 efectivos y 150 piezas de material bélico. En Osetia del Sur – 557 efectivos y 90 piezas de material bélico. En Tayikistán – 6.141 efectivos y 1.600 piezas de material, incluyendo 1.200 vehículos.

Hoy por hoy, la 201ª división rusa de infantería que antes era contingente de paz en Tayikistán ha sido convertida en base militar rusa por haber cumplido su misión de mantenimiento de paz. Los cascos azules rusos fueron retirados de Bosnia y Kosovo. De modo están acantonados en Transnistria, Abjasia y Osetia del Sur, siendo de señalar que su estatuto fue determinado por los presidentes de los países de la CEI y, en los casos de Abjasia y Osetia del Sur, también por los acuerdos de Dagomys suscritos en 1992. Dicho estatuto fue apoyado por la OSCE y la ONU y, lo que es fundamental, fue reconocido por las partes en conflicto.

Aquella decisión adoptada por los presidentes incluía asimismo el acápite sobre la participación en las operaciones de mantenimiento de paz de contingentes militares de otros países de la CEI, en particular, los de Armenia, Ucrania, Kazajstán y Kirguizistán. Pero ningún país, salvo Rusia, se decidió a enviar a sus tropas a la zona de conflicto, máxime que todos los gastos corrían a cargo del país que enviaba a sus militares.

Ahora en Rusia existe una unidad militar especializada en realizar operaciones de mantenimiento de paz: la 15ª brigada estacionada en la Región Militar del Volga y los Urales, en las afueras de la ciudad de Samara. Cuenta con tres batallones de infantería y uno de reconocimiento, así como de unidades de apoyo logístico. Su efectivo orgánico es de unos 2.000. Dispone de vehículos blindados, camiones “Ural-4320”, piezas antiaéreas, morteros y sistemas antiaéreos portátiles. Ahora uno de los batallones de esta brigada presta servicio en Osetia del Sur. Su misión, igual que de otras fuerzas de paz rusas, radica en impedir el derramamiento de sangre y la presencia de unidades militares y material pesado de ambas partes en la zona de su responsabilidad. Material pesado incluye piezas de artillería y morteros, vehículos acorazados con cañones cuyo calibre es superior a 100 milímetros. Según evidencian los observadores de la OSCE, los contingentes rusos cumplen a carta cabal esta misión incluso a pesar de constantes provocaciones.

Durante estos años Rusia perdió en Abjasia y Osetia del Sur a más de 100 militares suyos. Pero justamente gracias a sus abnegados esfuerzos cotidianos en estas repúblicas no hay hostilidades de envergadura ni fuerte derramamiento de sangre.

Así las cosas, ¿por qué el parlamento georgiano aprueba una resolución que exige la retirada y el relevo del contingente de paz ruso en Osetia del Sur? Según comentan expertos militares independientes, la respuesta es bien sencilla. Los actuales dirigentes de Georgia quieren que los cascos azules rusos cumplan las misiones convenientes tan sólo a una parte involucrada en el conflicto, o sea, que cooperen a las autoridades de Tbilisi a recuperar su soberanía sobre Osetia del Sur.

Pero nadie ha planteado ni puede plantear tal tarea al contingente de paz, porque de ser así, ya dejaría de serlo.

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Victor Litovkin es analista de RIA Novosti.

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