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Etiquetas:   ARTÍCULO   -   Sección:   Libros

Ríos de tinta en la narrativa peruana última

Gabriel Ruiz-Ortega
Gabriel Ruiz-Ortega
martes, 1 de agosto de 2006, 23:01 h (CET)
Está demás hablar de nombres como los de Mario Vargas Llosa y Alfredo Bryce, ambos han dejado de ser escritores peruanos para convertirse en escritores de toda la lengua castellana. Cabe destacar también la figura de Julio Ramón Ribeyro, cuya obra no para de cobrar interés, aunque eso sí, con muchísimos años de retraso. Y no es nada raro el poder ver a narradores talentosos que han sabido cruzar el charco y asentarse en tierras íberas como Jorge Eduardo Benavides, Fernando Iwasaki y Santiago Roncagliolo; y ver que sus libros formen parte del difícil mercado español. Nombremos también a Jaime Bayly y Mario Bellatin (pese a que se declare escritor mexicano, pero vale anotar que lo mejor que ha escrito lo hizo en el Perú, y durante muchísimos años) Y a este grupo se suma Alonso Cueto, último ganador del premio Herralde, quien para muchos es el mejor escritor peruano en la actualidad. Cueto ha sabido construir su obra escribiendo desde Lima, y no es para nada exagerado afirmar que su proyección no conoce otro rumbo que no sea el ascenso.

¿Qué es lo que ahora se está escribiendo en Perú?

Hasta hace unos años se daba el caso de la influencia desbordada de la narrativa norteamericana, la estela dejada por Bukowski y Carver se dejó sentir en casi todo lo que se publicó la década anterior, siendo el escritor Óscar Malca el mayor representante de esta vertiente.

Se creía que esta onda premunida de realismo sucio iba a seguir durante estos años, pero no, una de las peculiaridades que he visto con mucho interés es el auge de una literatura que privilegia al lenguaje y a la experiencia libresca, a la mirada aguda y a la reflexión por sobre todo, y es en este punto que el reconocido escritor Iván Thays ha sabido insuflar una nueva alternativa, temáticamente distinta a la desarrollada, siendo su novela La disciplina de la Vanidad la mejor muestra de lo que acabo de enunciar. La influencia en Thays por parte de Nabokov, Walser y Vila-Matas se deja sentir.

Es mediante el impulso de Thays que nos topamos con uno de los narradores más prometedores que han aparecido en estos últimos años, pues bien, me estoy refiriendo a Luis Hernán Castañeda, quien fue todo un suceso con su novela (o libro híbrido) Casa de Islandia y quien hasta hace poco dejara en la memoria de los lectores una segunda muy buena novela como Hotel Europa, este par de entregas tienen al lenguaje propiamente dicho como su principal protagonista, pese a juventud Castañeda demuestra un pleno dominio del oficio narrativo. Me doy cuenta que Castañeda no es de los narradores que necesitan una avalancha mediática para demostrar el inmenso talento que hay en él, sus dos libros hablan por sí solos.

Fue una gratísima sorpresa el saber que la tan esperada primera novela de Víctor Coral, Rito de paso, vaya a ser publicada por Norma, una de las editoriales más prestigiosas en América Latina. Coral es uno de los críticos literarios más despiadados que labora para la revista Somos, la más leída del Perú, demostrando siempre un altísimo nivel intelectual y literario, niveles estos que se dejan sentir en esta novela que rompe toda clase de esquemas temáticos, en el que podemos toparnos con la rúbrica de Bradbury y Philip K. Dick. Pero no, Rito de Paso escapa a un posible encasillamiento a la ciencia ficción, el mayor mérito de Coral es la posibilidad de ofrecernos diversos viajes por varios géneros literarios. Hay que tener en cuenta que este letraherido cultiva también la poesía, y no es nada extraño que ese respiro poético se deje sentir en una prosa que ante todo privilegia esta muy buena historia futurista.

Llegué a saber de Daniel Alarcón por medio de un cuento suyo publicado ni más ni menos que por la prestigiosa revista New Yorker. La sola aparición en esta revista le valió que una editorial como Harper Collins publique su extraordinaria Guerra en la penumbra. Alarcón es un narrador de raza, él apunta a contar historias, llama poderosamente la atención la ambición que muestra por un tema como el terrorismo, abordándolo desde la cotidianidad de sus protagonistas, todos estos envueltos en una atmósfera de marginalidad. Este libro será reeditado por Alfaguara, y desde ya Harper Collins anuncia el lanzamiento de su primera novela.

Miguel Ildefonso, poeta valioso, ha ingresado al difícil oficio narrativo a través de un libro orgánico de relatos, El Paso. Ciertos críticos literarios y periodistas han ofrecido una lectura muy torcida de este libro que está por encima del influjo de Bukowski. En esta primera muestra narrativa el autor nos ofrece una temática que se ha tocado muy poco: la del inmigrante peruano en USA. El estilo de Ildefonso nos lleva a leer su libro de un solo tirón. Musicalidad, imágenes y exceso nos trae este muy buen viaje de desarraigo.

El inventario de las naves nos ofrece a un autor como Alexis Iparraguirre. Iparraguirre ha sabido encontrar el punto exacto entre la búsqueda del Estilo y el Asunto. La deuda con Italo Calvino es total. Los cuentos de este libro yacen en una línea temática enriquecidos por un tratamiento del lenguaje distinto en cada historia. La sensación que me dejó este libro fue la de encontrarme con un narrador cuajado, y lo que es más importante, con una alta dosis de lecturas encima.

Uno de los libros de relatos que me ha gustado mucho en estos años pertenece a Marco García Falcón. París personal nos muestra a un narrador que no necesita de los excesos de la experiencia vital para contarnos buenas historias, y fácil que más de un relato suyo queda en la memoria de sus favorecidos lectores. García Falcón es un escritor enfermo de literatura, la influencia de Borges y Vila Matas están presentes.

¿Estos son todos o faltan?

Faltan. Hay un trío de buenos narradores como Max Palacios (La culpa la tiene Nabokov), Sergio Galarza (La soledad de los aviones) y Pedro Llosa ( Protocolo Rorschach), muy concientes del oficio narrativo, preocupados en tener enganchados a sus lectores con historias entretenidas, premunidas de realismo sucio y sumamente inteligentes, respectivamente. Y lo que es alucinante, tienen cuerda para rato.

Y a punta de perseverancia y talento tenemos a Alessia Di Paolo ( siete enCuentros), Juan Manuel Chávez (La derrota de Pallardelle), Johann Page (Los puertos extremos), Ezio Neyra ( Habrá que hacer algo mientras tanto), Leonardo Aguirre (Manual para cazar plumíferos) y Antonio Moretti ( Matiz de azul)

Es todo un reto publicar un libro en estas tierras, pero siempre hay inconformes dispuestos a sacarle la lengua a la realidad valiéndose del ingenio para hacer que los textos circulen en un mercado tan reducido como el peruano. Y más de uno ha colgado los guantes al dejarse vencer por las taras culturales que nos ponen como el país que ostenta la fama de tener una bajísima lectoría en América Latina, un horrendo desdén por la lectura, desdén que viaja por todos los estratos sociales, en donde la imagen del escritor siempre es asociada a la de un dipsómano irredento, o a la de un cocainómano irrefrenable. Calificativos estos que desde siempre han circulado en esta sociedad. Recordemos que Mario Vargas Llosa fue desplazado por un corrupto como Fujimori en las elecciones presidenciales de 1990, a muchos peruanos les era imposible aceptar el tener a un hombre de letras como presidente, y ni bien el dictador llegó al poder, este no tardó en embrutecer aún más a casi toda la población. Una década en la que la cultura fue vista como un peligro constante; el pensar, cuestionar y crear fueron prerrogativas de unos cuantos. Sin embargo, aquello no ha impedido que nuestra tradición literaria se enriquezca. Se ha señalado que es la precocidad lo que caracteriza a la gran mayoría de esta nueva camada de escritores peruanos; yo no lo creo así, lo que resalta de todos los escritores nombrados apunta a la diversidad temática y estilística en lo que escriben. Diversidad afincada en la formación literaria e intelectual que cada uno de sus integrantes ha adquirido a través de una búsqueda personal. Como para mirar con interés lo que se escribe en Perú. Y como muestra tajante del buen momento creativo por el que atraviesan estos nuevos escritores.

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