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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Cuaresma 2006

Miguel Rivilla (Madrid)
Redacción
lunes, 27 de febrero de 2006, 00:04 h (CET)
Tenemos, un año más, la Cuaresma a la vuelta de la esquina. Para una gran mayoría de gente, hoy la Cuaresma no les dice nada. Con los carnavales -ampliamente difundidos en los medios- se acaba todo, hasta las fiestas falleras o de primavera. Para una minoría, todavía la voz de la Iglesia, les interpela como una fuerte llamada a ponerse en paz con Dios. Se busca la paz exterior pero se añora la paz interior, la vuelta a Dios, la conversión. Falta nos hace a todos.

En España hemos desplazado a Dios de las leyes, de la vida social y hasta, en muchos casos, de la vida familiar y personal. Ahora comprobamos con desilusión que no hay Dios que nos ponga de acuerdo en casi nada. La vida actual, en muchos aspectos del ámbito político, social, económico, se está convirtiendo en otra Babel, donde cada uno va a lo suyo, sin entenderse con los demás. A penas hay quien busca el bien general y la unidad. Tantas cabezas, tantos pareceres. Tantas personas, tantos objetivos. Tantos grupos, tantos intereses. Tantos partidos, tantas disensiones. Tantas ideologías, tantos desencantos .Tantas autonomías, tantos egoísmos. Tantas patrias chicas, o nacionalismos, tantos reinos de taifas. Tan poco estado y... ¡tan poca ESPAÑA!

Cada uno a mirarse el ombligo, cada político a barrer para dentro, cada partido a lo suyo, cada autonomía a sacar tajada y el último... Así nos luce el pelo. No iremos muy lejos. Mucho hablar de solidaridad y los comportamientos son cada vez más egoístas. La España unitaria va dando lugar a taifas, pequeños, cegatos e insolidarios. Vamos por un camino regresivo, que no va a ninguna parte.

¿Remedio posible? Volvernos a Dios (¡conversión¡) a nivel personal, familiar y social. A Dios le tenemos un tanto preterido y olvidado. Hemos buscado otros sustitutos. Nos han fallado. Dios es y será siempre el mejor aglutinante de nuestras personales y comunes aspiraciones y el único dador de la verdadera paz. Hagamos la prueba.

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