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Etiquetas:   A pie de calle   -   Sección:   Opinión

Miedo al mañana

Paco Milla
Paco Milla
sábado, 25 de febrero de 2006, 00:04 h (CET)
Setecientos días antes era un pedazo de carne con patas. No puedo olvidar cuando, siendo mi hija un bebé de un mes, se le apareció el abuelo con un ternero recién nacido. La vaca aún mugía en el establo porque le habían secuestrado a su cría.

Le dijo:

- Mira nietina, esti ye pa ti, la vaquina te lo regaló.

Y la pequeña sonreía mientras estiraba los brazos para tocarlo. Según crecía ella, crecía él... y cuando era un hermoso animal, un domingo, el abuelo me hizo una señal para que me apartara del grupo que formaba la familia, y me dijo:

- ¡Tengo que matarlo! Tengo que matar a Enol.

Yo me había empeñado cuando nació en llamarle como uno de los bellos y salvajes lagos de Covadonga... libres, orgullosos, ¡sin dueños!.

- ¿Cómo? Pero... ¿por qué, abuelo? ¿Por qué tienes que matarlo?

- Verás, si me deshago por completo de la ganadería, me dan una subvención. Yo ya tengo 70 años y el toro sólo puede servir como semental.

- ¡Vale, pues déjalo que disfrute empujando! ¿A ti no te gustó empujar en tu vida?

- ¡No es eso! ¿No lo entiendes, maldita sea? Ahora los toros ya ni montan... el veterinario vende a los ganaderos un tubo de semen a cuatro duros. Los toros ya no montan a las vacas, todo cambió, sólo es un pedazo de carne, pero yo, que tantos bichos maté en mi vida, no me atrevo. ¡Hazlo tú!

- No abuelo. Me gustaría ayudarte, pero en esto no... el toro es tuyo, el prado es tuyo, la hierba es tuya, el día a día es tuyo y el trabajo que requiere lo pones tú. No me pidas que corte la yugular a ese bicho. Para mi ya no es un animal. Es el animal que regalaste a tu nieta cuando nació, la mano derecha del anciano. Una mano curtida, arrugada, necesariamente musculosa por las veces que se había cerrado, abierto, prendido y soltado, se apoyaba sobre su frente, pero ¡desgraciadamente aquel día no había sol del que protegerse con la visera artificial!

Cuando fui consciente del momento que estaba atravesando el anciano y de que aquello era un paso importante para su futuro, fui al coche y saqué un machete comprado la semana anterior. Ante él lo desenfundé lentamente, cuando despegué el velcro. Aquel sonido lo trasformó todo a cámara lenta; jamás acababa... Cuando la empuñadura se liberó, tiré de él y apareció la temible hoja. El abuelo no quiso mirar, comenzó a caminar y me extendió la mano. Se lo di, lo cogió y entró en el prado, liberando la portilla con un violento gesto y apretando los dientes, formando su boca un paréntesis que recordaba a un samurai antes de la batalla. Cara amargada, ácida... caminó hasta estar pegado al bicho, que le miró cariñosamente, identificando a quien hasta ese momento era su incondicional. El guerrero que le protegía de todos los peligros, el abuelo que luchaba por toda su familia, incluido él. Por un momento mi preocupación era más que no apareciera la niña y desvié la mirada a mi izquierda. Cuando le volví a enfocar, el abuelo estaba abrazado al animal, parecía pedirle perdón y hacer balance por los felices días compartidos, días de sol en los que le sacaba al mejor prado, días de lluvia en los que lo protegía en la cuadra y le daba el alimento de su propia mano, de las visitas pagadas del veterinario, de los 'sprays' para ahuyentar los tábanos. Tantos y tantos momentos de fidelidad y cariño... ¡pero hoy era el día del éxtasis!

De pronto, su mano adquirió un color rojo oscuro. Sangre joven de un mamífero que no se lo acababa de creer... pero que se le escapaba la vida a borbotones.

Aquel día, el abuelo perdió diez años de vida, lo sé, juro que lo sé. Yo estuve allí en aquel momento y jamás lo olvidaré. Incluso se lo podré contar a las generaciones futuras, si es que lo consigo, si consigo sobrevivir a este 'funcionariado' maldito e inexplicable que en algún momento nos hemos de plantear, a esta servidumbre al gran señor IUROP (dicen que se pronuncia).

Ojalá que el sueño sea posible, ojalá lleguemos a ser una gran nación, pero ¡el precio será muy alto! Escribo estas letras bajo el manto e influenciado por la banda sonora de Gladiator, con la esperanza de que todos y cada uno de nosotros seamos, como en la película, VENCEDORES ANTES Y CADÁVERES DESPUES. ¡En ese orden! ¡Tenemos derecho a ello!, aunque cada vez nos lo pongan más difícil.

Todos hemos de luchar. Para nuestros antepasados el día a día era crucial. Ahora estamos convencidos de que amaneceremos mañana y llegaremos a la noche.

Para quien me tache de pesimista, os regalo una respuesta que dará que pensar si sois padres. La leí hoy en la prensa. Lo que menos importa es quien la pronunció, lo que más, que creo que tiene muchas posibilidades de ser cierta.

¿Cómo ves el futuro?

Para desgracia de nuestros hijos, creo que nosotros fuimos la última generación que vivió mejor que nuestros padres. Pero nuestros hijos serán, sin duda alguna, los que comiencen una nueva época. La época de vivir bastante peor que sus antecesores. Y de ahí en adelante, en progresión.

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