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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La venganza de Don Zapatero

José Luis Palomera
Redacción
jueves, 23 de febrero de 2006, 23:07 h (CET)
Decir el presidente de todos los españoles que a su abuelo le mataron en la Guerra Civil, aparte de impropio, entiendo, es preocupante. Si la política que este señor aplica deriva 'de revanchismos de antaño' el asunto puede ser muy grave, si no lo es ya.

En la Guerra Civil española nos mataron abuelos a todos, al mío, los nacionales, y a otros, los mal llamados rojos. La realidad de aquel trágico enfrentamiento no debe suponer razón alguna a ninguno de los dos bandos.

El abuso de poder y desafuero social de los populistas contra los nacionalistas, -entiendo, parecido, a lo que pasa hoy en España-. Lógicamente, hoy, con setenta años de evolución pensativa, de ahí la serenidad de la sociedad en su conjunto.

Señor Zapatero, la Guerra Civil española fue un despropósito, pero de todos. Del gobierno del Frente Popular –como usted hoy- por no saber gobernar, además de no dejarle los nacionalistas. No olvide que el Frente Popular -ganador de las elecciones por ciento cincuenta mil votos- agrupaba a los independentistas catalanes, vascos y gallegos. Es decir, como usted.

El frente popular se componía de diferentes partidos. Muchos de éstos, con sus afiliados en cabeza, una vez ganadas las elecciones, intentaron arrasar con el orden constitucional y la unidad de España. Los gritos de independencia se escuchaban por doquier. El anarquismo exacerbado acarreaba asesinatos, violaciones y pirotecnias de lugares sagrados. En la España de 1936 esto era 'el pan de cada día'. Por otro lado, las voces de ¡Amnistía!. 'Presos a la calle' – situación parecida a la de hoy con los presos de ETA- estremecían la capital de España.

Resumiendo, presidente 'del abuelo muerto', usted hoy con su política ha removido viejas pasiones -crispación y confrontación en toda la geografía española- similares a nuestro pasado más agónico y cruel.

La única diferencia de lo comentado es la ciudadanía -los de hoy y los de antaño- y su evolución pensativa predispuesta a no volver nunca jamás a repetir tamaña vergüenza de sangre hermana.

Usted, aunque ciudadano de hoy, entiendo tiene la mente de antaño, sus palabras 'mataron a mi abuelo' así me lo confirman. Usted estoy seguro de que no pensó lo que decía. Y no lo pensó porque lo lleva siempre en la mente, por eso precisamente usted no debería gobernar; no digo que no lo hiciera otro de su partido. Ustedes ganaron las elecciones, sin embargo usted está mediatizado con un pasado donde todos, absolutamente todos, perdimos algo de nuestras vidas... Hoy la mayoría de los españoles lo tenemos olvidado, ya que serenamos las heridas junto a todos los corazones y sentimientos que componen la España actual.

Usted, presidente, está muy equivocado si aún cree que la culpa de la guerra la tuvieron unos u otros. La lógica, dice que la tuvimos todos. Si un bando mató a su abuelo, el bando de su abuelo mató a los abuelos de otros.

Seré sincero con usted, aunque esta carta nunca llegue a sus manos. Señor presidente, en mi opinión usted es una de esas personas que por determinadas circunstancias históricas, familiares, continúan creyendo que el bando donde combatían sus abuelos perdió la guerra. Este sentimiento absurdo es el mayor peligro que setenta años después aún perdura en España.

'En las guerras jamás hay vencedores, ya que todos pierden, unos tal vez más que otros, pero la guerra en sí es la mayor lacra universal de todo ser vivo'. Desgraciadamente, son muchos -denominados de izquierdas- los que llevan clavada la espina en el corazón. Este trasmitido pensamiento aún perdura en sus mentes y de alguna manera les mueve en todas sus decisiones, pensamientos, hechos, etc.

Sus arcaicos odios los catapultan hacia nuevas generaciones de jóvenes, generaciones que ven cómo se masacra su opinión con adjetivos como franquistas o dictadores, en el momento que defiende una opción política distinta a los llamados de izquierdas.

Pues bien, presidente, esto es lo que le ocurre a usted. Al menos yo, sin ningún partido político o idea que me coaccione, lo entiendo así. Además, a los hechos me remito. Su tirria hacia la derecha le lleva a pactar con grupos sobradamente conocidos de anti-españoles e independentistas. Usted, sin saberlo, sufre de rencor en su cerebro y de sonrisa falsa en sus actitudes. Se lo dice un ciudadano español que también perdió a su abuelo en el bando rojo. Usted no debe gobernar España y no debe gobernar, ya que usted no gobierna sus propios pensamientos.

Una cosa es pertenecer a una corriente ideológica y otra distinta estar mediatizado por un pasado oscuro que ya nadie quiere recordar. Sus actitudes al frente del gobierno Español han encendido de nuevo pasiones muertas en el olvido -sin ninguna duda-, y eso señor presidente 'es el mayor despropósito de gobernante alguno'.

La historia le recordará cómo el presidente español fue el instigador de unos ciudadanos contra otros. Es obvio –tengo cincuenta años- que la situación actual de España se asemeja a la más lóbrega de nuestro pasado.

Aún está a tiempo, no permita que su desafuero emocional perjure en ejemplo, lo que jamás puede ser un presidente de un país.

Es más, le digo que si usted dimite a favor de un camarada de su partido que no esté mediatizado de 'odio alguno' hacia los que no abrazan su ideología, España se lo agradecerá, además de una gran parte de su electorado.

Presidente, si usted ama a todos los españoles abandone el cargo en favor de un socialista, que los hay, dispuesto a gobernar para todos y sobre todo para España en su conjunto y no en des-conjunto de España.

Hágame caso, piense en España y no en que su abuelo fue abatido por España. Por España, señor presidente, precisamente por España... fueron abatidos los abuelos de todos los españoles.

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