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Irán-EEUU: Batalla por Oriente Próximo

Marianna Béleñkaya
Redacción
jueves, 23 de febrero de 2006, 23:07 h (CET)
Pese a lo complicado del diálogo con Teherán, Rusia espera dejar el “dossier iraní” en el campo de actividad de la O.I.E.A., lo que se vio corroborado, por enésima vez, en las conversaciones de la delegación iraní en Moscú. Al mismo tiempo, EE UU llama a la comunidad internacional a reforzar la presión a Irán, lo que se percibió durante el viaje iniciado el mismo día de la secretaria de Estado de EE UU Condoleezza Rice al Próximo Oriente.

Pese al apego al régimen de no proliferación, común para ambos países, los matices en las posturas de Moscú y Washington se deben a que para Rusia “el dossier nuclear” iraní es cuestión de seguridad, mientras para Washington, sólo parte de un gran juego político en la región complicada, lo que entorpece el proceso negociador.

El sentido de este juego consiste en lo siguiente: quién ejercerá el dominio en el Próximo Oriente en el futuro inmediato: Irán o EE UU. Lo paradójico es que Washington en persona desbrozó a Teherán el camino de tal competición en el área, habiendo fortalecido sin querer la influencia de los iraníes en Iraq, el Líbano y Palestina, y a la vez la alianza iraní-siria.

Por ejemplo, EE UU habla del peligro que proviene del eje “Irán-Siria-Hizballa” (esta agrupación actúa en el Líbano). Teherán es el eslabón principal de esta cadena, acusado de desestabilizar la situación en el área, apoyar a los terroristas en Iraq y Palestina, desestabilizar la situación en el Líbano (a decir verdad, aquí se da primacía a Damasco) y de haber bloqueado el proceso pacifico palestino-israelí.

Los iraníes no mantienen en secreto, por ejemplo, su apoyo a la resistencia palestina y libanesa. Pero tampoco se podrá obviar el hecho de que la política norteamericana precisamente contribuyó a la cohesión de los eslabones de este nuevo “eje del mal”. Por algo el presidente de Irán Mahmud Ahmadineyad declarara en vísperas de la visita de Condoleezza Rice al Próximo Oriente que la política de Washington orientada a divulgar la democracia en esta área había reportado los resultados contradictorios para los norteamericanos. En opinión del presidente iraní, si las elecciones libres se celebren ahora en todos los países del mundo islámico, las ganarían los islamistas y las fuerzas que abogan por la resistencia a la ocupación. Por ocupación allí se entiende la influencia norteamericana en la región. Y hay que reconocer que el dirigente iraní dice cosas evidentes.

Precisamente sobre este telón de fondo, confuso para Washington, comenzó la visita de la secretaria de Estado Rice al Próximo Oriente (Egipto, Arabia Saudita y EAU), uno de cuyos objetivos es invitar a los países árabes a amenazar con aislamiento a Irán.

Probablemente no es casual que para su tournée Rice eligió los países, cuyas relaciones con Irán no son nada fáciles. Pero también con otras capitales del mundo árabe Teherán tiene un sinnúmero de problemas, sea camuflados. En principio, los países árabes tienen miedo al programa nuclear de Irán y no están interesados en su desarrollo.

Sin embargo, pese a los conflictos fronterizos con Irán, como en el caso de los EAU, pese a la rivalidad por ejercer influencia en el mundo islámico –hablando de la Arabia Saudita-, e incluso pese a la experiencia de la ruptura completa que tuvo lugar después de firmada la paz por Egipto con Israel en 1979, los gobiernos árabes no accederán hoy –y tal vez nunca- al aislamiento abierto de Teherán. Ante todo, porque este paso no será aprobado por la población de sus respectivos países y golpeará a los gobiernos que se atrevan a darlo.

La traición a Irán significaría asimismo la traición a Siria y a los movimientos de resistencia en persona del HAMAS palestino y el Hizballa libanés. Pero la “calle” árabe simpatiza hoy precisamente con esos movimientos y con Teherán. Pues Irán se contrapone al Occidente que insulta al profeta Mahoma, somete a torturas a los presos iraquíes y apalea a los adolescentes iraquíes. Por consiguiente, la clave del problema reside precisamente en la política norteamericana hacia la región.

De tal modo, los interlocutores árabes de Rice no pueden prestarle ayuda alguna. Lo máxime que podrán hacer es aceptar los llamamientos a convertir todo el Próximo Oriente en zona desnuclearizada; pero cabe decir que esto atañe no sólo a Irán sino también a Israel. Además, según informaciones disponibles, ellos aconsejan a la secretaria de Estado de EE UU aplicar una política más circunspecta en el área. Procede señalar que Washington ya tiene tal experiencia. Hace poco en su entrevista concedida al semanario “Time” el delegado de EE UU ante la ONU John Bolton se refirió a la renuncia de Trípoli de hace varios años a elaborar el arma de exterminio masivo. Señaló que si Libia pudo renunciar a sus ambiciones nucleares, Irán también podría hacerlo.

Sin embargo, pasó en silencio el que el proceso negociador con Libia se distinguía a fondo de lo que sucede ahora en torno a Irán.

Para el momento de la renuncia de Trípoli al arma de exterminio masivo, a lo largo de varios años EE UU no hacía mención del cambio del régimen en Libia. Además, las conversaciones que Londres y Washington sostenían con Libia no eran públicas, lo que permitió al líder libio Muamar El Gaddafi hacer concesiones sin perjuicio a su autoridad. Otro motivo del éxito de las conversaciones consistía en que últimamente El Gaddafi, a diferencia de la administración iraní, no intentaba desempeñar el papel activo en el Próximo Oriente, y la rivalidad con Norteamérica perdió sentido para éste. Al contrario, Teherán está lleno de ambiciones, máxime que Washington las estimula por todos los medios.

Sobre el telón de fondo de los acontecimientos en Iraq y Palestina y de los escándalos en torno a las caricaturas, Teherán saca provecho de la situación en que crece la presión a éste. ¿Valdrá la pena ayudar a Irán a fortalecer sus posiciones en el mundo islámico? ¿Es posible que Moscú tenga razón buscando, a despecho de todo, conseguir el arreglo iraní en el marco de la O.I.E.A.? Aunque incluso en tal caso Teherán parecerá triunfador. Por el momento, la diplomacia iraní resulta más elegante que la norteamericana.

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Marianna Béleñkaya es analista de RIA Novosti.

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