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Etiquetas:   Artículo taurino   -   Sección:   Toros

Canales Rivera, diez años de gloria y fuego

Ignacio de Cossío
Ignacio de Cossío
viernes, 19 de enero de 2007, 19:09 h (CET)
El matador de toros gaditano José Antonio Canales Rivera, es un torero de casta y de casta le viene al galgo. Para conocer en primer lugar la afición y la tradición de este maestro del toreo tenemos que remontar a su tatarabuelo José Rivera. Un caballista consumado, íntimo de José Gómez “Gallito” por su vinculación, como conocedor del legendario hierro parladeño de la Marquesa Viuda de Tamarón en su finca de “Las Lomas” de Medina Sidónea. Nos trae el recuerdo del amor mutuo por el acoso y derribo del cuarto hijo del Marqués, don Ramón Mora-Figueroa y el coloso de Gelves lo que hizo que se entablara una gran amistad con ambos en la finca, mucho antes de que se comprara ganado bravo. Por lo tanto no es raro pensar que Rivera, Mora-Figueroa y Gómez Ortega llegasen a acosar y derribar juntos, a mas del partidismo claro del menor de los Gallo por esa ganadería que más tarde tuvo intenciones de comprar, impidiéndolo “Bailaor” en Talavera que lo cortó todo.

El bisabuelo de José Antonio era un gran aficionado que frecuentaba las ferias del sur y así, entre otras, las de Algeciras, Jerez, Cádiz, etc. y fue el que indirectamente alimentó la afición de su hijo Antonio para que luego en solitario se hiciera novillero y rejoneador. Así le contrata Pagés para la feria de Cádiz a principios de los años cuarenta, entonces empresa gerente de la plaza y obtiene un importante triunfo con un caballo que curiosamente era de un cochero de Cádiz. De Antonio Rivera, tercera generación de aficionados y profesionales del toro, surgiría la condición de toreros en sus hijos José Rivera “Riverita” y Francisco Rivera “Paquirri” en los años sesenta y sus nietos Francisco Rivera Ordóñez y José Antonio Canales en los años noventa, el primero es hijo de “Paquirri” como saben y el segundo es hijo de Teresa Rivera, la tercera hermana de la casa.

José Antonio Canales Rivera, como se ha podido comprobar ha bebido de las aguas de una fuente, la de los Rivera que ha forjado su afición, su personalidad y su toreo. La primera vez que torea con el capote José Antonio a su primera becerra cuenta con seis años de edad y este hecho se produce ante la atenta mirada de su tío, el ya legendario torero Francisco Rivera “Paquirri” en su finca “La Cantora”. Tras este primer episodio que marcaría de una manera especia los destinos de este jovencísimo barbateño ya envenenado de pasión taurina y encaminado a la profesión del torero, seguirían numerosas tardes siempre junto a su tío, frente a dulces y no tan dulces añojitas para someterlas a su impulsiva lidia y desbordante afición. Durante aquellos años aún se recordaba vivo y actual en la memoria de todos los buenos aficionados la faena cumbre de su tío “Paquirri”: Aquella tarde del 24 de abril del 79 en Madrid, ante el difícil y violento “Buenasuerte” de Torrestrella, fue la tarde del “Paquiro de Zahara”.

El poderío físico, el conocimiento técnico y el dominio se hacía patente en todas las suertes de la lidia donde interviniese Paquirri en aquella fecha histórica como en toda su carrera profesional. Desgraciadamente llegó el 26 de septiembre e 1984. “Paquirri”, el torero más popular del momento, y que se hizo a sí mismo, era corneado por el toro “Avispado” en Pozoblanco. Tras una intervención, fue trasladado al hospital militar de Córdoba donde ingresaría cadáver.

Su figura se agigantó con su muerte, ganando intensidad sus faenas y proporcionándonos en la distancia su romántica exaltación. En el recuerdo de todos, su orgullo de ser torero, su bondad y su amor a la Fiesta, por lo que todos lo han sentido como suyo.

Vuelven con él al recuerdo los versos de García Lorca:
“…no sientas el caliente bramido/Duerme, vuela, reposa: también se muere el mar”.

Aquellos años fueron difíciles personalmente para la familia Rivera ya que tras el trágico accidente en Pozoblanco, los padres de José Antonio se trasladaron de Barbate a Cádiz huyendo del recuerdo trágico de Paco. Curiosamente del destino hicieron que se asentaran en Cádiz en un bloque vecino al del maestro de San Fernando, Rafael Ortega en la avenida de Fernández-Ladreda. Así, con quince años de edad, entra en contacto de nuevo José Antonio con la fiesta de la mano, nada más y nada menos, del espada más firme y seguro con los aceros de la historia que a la sazón era director de la escuela taurina de Cádiz. Recordemos que pese a que también el primo y mozo de espadas del maestro Ortega, Paco Ortega aconsejado por el gran Rafael fue apoderado durante muchos años en la época becerrista de sus tíos “Paquirri” y “Riverita”, la figura del maestro veterano se agranda cada día ante la atenta mirada de José Antonio. Todavía y él lo sabe muy bien recuerda con cariño casi familiar la figura imponente de Ortega con su pañuelo al cuello, su chaqueta ceñida y su mascota al salir del bloque. ¡Qué torería, empaque y personalidad de torero grande! ¿Verdad José Antonio?

Un buen día acompañado de su madre decide presentarse en la escuela ante el gran Ortega. Correría el año 90 y tras un año de intenso aprendizaje a las órdenes del maestro de San Fernando, José Antonio mata su primera novillada sin picadores el 12 de abril del 91 en Vejer de la Frontera. Era por tanto el primer novillo y la primera ocasión para vestirse de luces. Con más ganas que oficio, lidió su noble novillo cortándole las dos orejas y el rabo y saliendo a hombros por primera vez en su vida. En ese momento creyó estar en el cielo. Tras dos años intensos de novilladas fuertes sin caballos y de campo, por los pueblos de Madrid y Navarra, decide debutar con picadores. No sería hasta el año siguiente, 93 en Azpeitia, Guipúzcoa en el día de su 18 cumpleaños donde se celebraría tal debut. Ese primer año llegan quince novilladas y su bautizo de sangre. El año 94 participa en 40 novilladas, el 95 actúa en 32 novilladas y corta 61 orejas y finalmente antes de la alternativa del 96 torea en 22 ocasiones con actuaciones y triunfos importantes en plazas de categoría como son el caso de las dos tardes en Sevilla o las de Madrid. En Sevilla y en Madrid dejó su impronta y su muy buen recuerdo. También triunfó en Pamplona cortando una oreja y dando una vuelta en su segundo novillo, como y también lograría cortar otra oreja en Burgos.

La alternativa por tanto no se hizo esperar. Ésta llegó de la mano de sus nuevos apoderados, tras la etapa con su tío Antonio, llegan los Choperitas, de la mano de Javier Martínez Uranga padre e hijo, que le aconsejan tomarla en una feria de categoría como es la feria de Julio en Valencia, concretamente el 20 de Julio del 96, pues son ellos entonces los empresarios de el coso del paseo Játiva. Durante la ceremonia de alternativa el maestro trianero Emilio Muñoz actúa de padrino y el diestro madrileño Víctor Puerto de testigo. El ganado es del hierro salmantino de El Puerto de San Lorenzo. El toro de la ceremonia se llamaba “Campanillo” y era de capa negro zahíno, dando dos vueltas al ruedo. Esta temporada del 96 mató 22 corridas de toros y salió a hombros en plazas como Albacete y Gijón. En el 97 torea 61 corridas y corta un total de 77 orejas. Este es el año de la confirmación en Madrid que se realiza el 13 de mayo acompañado de Finito como padrino y El Tato de testigo. Pero realmente la explosión de José Antonio Canales se produce en Barcelona un tres de mayo ante un toro de Murteira Grave que tras una faena cumbre, cinco pinchazos y tres volteretas, corta una oreja con mucha fuerza. Tras los triunfos del 97 llega la temporada del 98, sin duda la más difícil para José Antonio. Un total de 40 actuaciones y 47 orejas es el resumen de su temporada taurina. Sus nuevos poderdantes los empresarios franceses Simón Casas y Enrique Patón deciden apostar fuerte por él y las cosas no salen como estaba previsto.

Cuando las corridas no embisten José Antonio las mata bien y cuando embisten pinchaba. Ni el toro ni el torero se ponían de acuerdo. Moralmente se encontraba afectado y para colmo llegaron las dos cornadas más fuertes de su carrera, la del Guardiola en la boca el 18 de agosto en Málaga, y el 18 de septiembre en el escroto en Moita-Portugal, que a punto estuvieron de convencerle de retirarse de la profesión. Ese invierno del 99 fue durísimo, el sobreesfuerzo human era enorme y siempre quedaba la duda de seguir o no seguir. Prácticamente no le quedaba fuerza mental.

Vuelven a apoderarle los choperitas y el 99 se salda con la participación en 31 festejos y corta 36 orejas. Pero es el año 2000 cuando tras cambiar de apoderado y estar con José Luis Cazalla; y una cuadrilla formada por los toreros de plata José Luis Sierra, Santiago Ruíz “Santi”, Isaac Galvín y los picadores Juan Manuel Ruíz “Chicharito” y Juan Ruíz; logra conseguir de nuevo la estabilidad profesional, lidia 24 festejos y corta 2 orejas; en el 2001 lidia 21 festejos y corta 35 orejas y tres rabos; en el 2002 lidia 42 festejos y corta 62 orejas y 7 rabos; en el año 2003 corta 74 orejas en 43 festejos; en el 2004 lidió 50 festejos, cortando 97 orejas y 9 rabos; y finalmente el pasado año toreó 42 corridas a las que logró cortar 72 orejas y 7 rabos. Recordamos sus últimas actuaciones exitosas como la faena al novillo de Ortega Cano en el Festival e Roquetas del Mar; la gesta de Córdoba ante los pabloromeros; el duelo junto a su primo Cayetano en Jerez de los Caballeros y el reencuentro con Madrid frente a un toro de Arauz de Robles. Tardes alegres fueron también las de Colmenar Viejo, Medina de Rioseco, Guadix, Cartaya, Tarifa, Procura, Móstoles y hace unos días en Gerena, entre otras muchas.

He de decir que las últimas temporadas a nivel profesional y personal, han sido muy importantes, pues el torero gaditano ha adquirido una mayor seguridad y confianza en sí mismo y como consecuencia de todo ello ha estando cuajando una media de un toro por corrida. En la actualidad y desde su triunfal paréntesis televisivo de dos meses en la selva del Amazonas hace ahora dos años, concretamente tras los 54 días, desde el 7 de enero hasta el 30 de marzo administrados en 16 capítulos televisivos, logra firmar el doble número de corridas que en los años anteriores a lo largo de la temporada y, porque n decirlo, al doble de caché. Estoy convencido que muy pronto volverá a plazas como las de Sevilla o Madrid en alguna sustitución, o en la Feria de Otoño de Madrid o El Puerto, Jerez, Burgos, Santander, Murcia, entre otras plazas, que son en definitiva las plazas de categoría en la que siempre dejó un recuerdo imborrable.

El toreo de Canales es un toreo de pureza, hondura, y poderío, me repetía cuñado le conocí en uno de mis viajes a Salamanca nuestro íntimo amigo Valentín Gallego, más conocido en las páginas de “La Gaceta” como “Gava”. El toreo de capa de Canales Rivera esta más depurado, tras un gran esfuerzo y trabajo técnico pero dice sentirse en la gloria cuando para a un toro en la salida con la brega sin mover los pies del suelo y enganchándolos delante. No suelen picar muchos los toros sus picadores porque le gusta que los toros salgan de la suerte de varas un poco enteros, con algo de su fuerza primitiva. Nunca se planteó banderillear en serio pero lo ha hecho en innumerables ocasiones con una limpieza única. En la muleta le gusta hacer las cosas lo más despacio posible y bajar la mano a los toros. Siendo diestro se siente más a gusto torear a un toro con la mano izquierda. Donde más satisfecho y más a gusto se encuentra con los toros es cuando ejecuta cambios de manos por los dos lados. Estos muletazos en sus manos son de una belleza y una plasticidad brillante. El tipo de toro que le gusta a José Antonio es el que embiste. Tan sólo necesita eso, simplemente que se venga de lejos, ni más ni menos. En la suerte suprema suele escoger el volapié, pues hoy en día los toros no se mueven y claro todo es más difícil. Esta suerte la aprendió de su maestro Ortega y para ello se sitúa frente al toro muy de cerca y con el brazo colocado desde el principio en el pecho para no perder un tiempo de impulso del brazo hacia atrás y hacia delante.

José Antonio Canales Rivera es sin duda un torero que sueña en cada plaza donde pisa con ser figura del toreo. Sus bazas son la constancia, la paciencia, la ambición y la fe en ser uno de los elegidos para alcanzar la gloria de los dioses del toreo. El sabe que esta muy cerca y que lo peor ya pasó. Atrás quedarán para siempre las 20 cornadas marcadas a fuego en sus 10 años de alternativa que tatúan su cuerpo a base de valor y de entrega en los ruedos de España. Su toreo lleno de profundidad, arte y personalidad, se abre paso en el gris y desconcertante panorama del toreo actual ¡Qué Dios te reparta mucha suerte José Antonio y que lo veamos todos!

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