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Etiquetas:   Al borde de la palabra   -   Sección:  

El enemigo estaba en casa

Joaquín Castillo Casuso
Redacción
jueves, 23 de febrero de 2006, 01:47 h (CET)
No satisfechos con haber participado de la deplorable trama que terminó exiliando a Vanderlei Luxemburgo —una trama repleta de hipocresías, traiciones, intrigas, intereses, ingratitudes y complicidades—, los jugadores del Real hoy se llenan la boca, cada vez que tienen un micrófono delante, ensalzando el nuevo proyecto. "Ahora sí vamos al ataque"... "Este es un equipo ofensivo"... "Por fin somos protagonistas"... "Entendimos enseguida el mensaje de Lopez Caro"... "Salimos a atacar desde el primer minuto"... Y las frases pueden seguir indefinidamente. Puro bla, bla, bla... Futbolistas a los que en otros tiempos casi no se les escuchaba la voz, hoy parecen los más hábiles declarantes. Hábiles y oportunistas, claro está. "Por las dudas, congraciémonos con el actual entrenador. Total, ya tendremos oportunidad de cambiar de rumbo si la mano viene mal", habrá pensado más de uno.

Son los mismos jugadores —se aclara: los que estaban en el plantel del año pasado— que no dijeron una sola palabra cuando aquel Madrid de Luxe le remonto en siete minutos a la Real , le metio cuatro al Barcelona, otros cuatro a Malaga, cinco al Espanyol... ¿En aquel entonces, Guti y compañía no estaban en desacuerdo con las ideas futbolísticas de Luxe? ¿O la posibilidad (remota) de ser campeones, a partir de esa rachita dulce, importaba más que las convicciones? De eso se trata, justamente: de convicciones. El que tiene convicciones firmes, arraigadas, piensa siempre igual. No se deja manejar como un títere por las conveniencias y por el oportunismo.

Lo cierto es que para los futbolistas del Real, ésos que ahora la rompen, ésos que tienen la confianza por el cielo, ésos que al fin se acordaron de jugar, para esos futbolistas hoy Luxe es un ogro y Lopez Caro, un mecenas (¿para la directiva también?). Nada más alejado de la realidad.

No es cuestión de alabar a uno y de defenestrar al otro. Cada uno —como todo entrenador— tiene su manual, sus métodos de trabajo, su ideología futbolística, sus manejo del grupo. Después, está en los gustos personales inclinarse por uno u otro estilo, jugar quince metros más adelante o más atrás, priorizar la técnica o el tacticismo. Luxe dirigio y hizo campeona a Brasil con sus formas... López Caro ascendio al Real Madrid B con las suyas... Todo vale, entonces. Lo que no vale son las rajadas. Nunca valieron y nunca valdrán: ni en el barrio, ni en el café, ni en el fútbol.

Quizás, la equivocación de Luxemburgo fue no haber hecho una lectura precisa: los jugadores le patearon en contra; los dirigentes lo dejaron solo. Quizás, no se dio cuenta de que estaba durmiendo con el enemigo...

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