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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

Dadme los pobres y los desheredados del mundo

Santi Benítez
Santi Benítez
jueves, 23 de febrero de 2006, 01:44 h (CET)
Poca gente se plantea hoy día que Pearl Harbor fue a causa de un tremendo fiasco en cuanto a la fiscalización de la información obtenida por parte de las diferentes agencias gubernamentales estadounidenses. Tanto es así que muchos autores dicen, bajo mi punto de vista con razón, que era imposible que el presidente de los Estados Unidos no tuviera conocimiento de dicho ataque con cuarenta y ocho horas de antelación. Tengamos en cuenta que dicho ataque permitió a Roosevelt entrar en la Segunda Guerra Mundial, saltándose la promesa hecha a sus electores de que no lo haría bajo ningún concepto. Y exactamente lo mismo se puede decir del 11-S en cuanto a la información que manejaban las agencias de inteligencia.

Pearl Harbor significó la reactivación de la industria armamentística estadounidense a una escala que aún hoy día se mantiene y, por supuesto, fue el comienzo de los recortes en derechos y libertades civiles que hoy, por mayor conocimiento, escandalizan a los estadounidenses. En aquella época, y estado vigente el acta de guerra que da derechos plenipotenciarios, más si cabe, al presidente, no era necesaria la aprobación por parte del Congreso y el Senado de dichos recortes. Pero hoy día sí, lo que le ha supuesto a Bush un descalabro tremendo en su vendetta particular contra “el terrorismo”, ente abstracto que le permite meter en el mismo saco casi cualquier cosa, tal y como hizo en su momento McCarthy.

Respecto a esos recortes de los derechos civiles que se produjeron durante la Segunda Guerra Mundial, que McCarthy extendió durante su caza de brujas y que se mantuvieron durante la Guerra Fría, Willis George, de Inteligencia Naval, pone el dedo en la llaga en su libro “Surreptitius Entry”. En él describe, con todo tipo de detalles, como se colocaban escuchas, se entraba en horas nocturnas en despachos, se abrían cajas fuertes o se leía correspondencia ajena en suelo estadounidense – sin orden judicial – y de ciudadanos estadounidenses.

Según Howard Zinn el cálculo aproximado de ciudadanos que han sido encarcelados in derecho a juicio desde la Segunda Guerra Mundial, y de los que no se ha vuelto a saber nada, supera con creces el millar, más de la mitad durante la Guerra Fría. Y como mínimo el 25% eran estadounidenses.

En 1971 cuatro ciudadanos de la RDA fueron secuestrados en una operación relacionada con las comunicaciones y códigos cifrados tras el telón de acero. Ante la protesta formal de los alemanes en la ONU Estados Unidos exhibió sendos documentos en los que estos ciudadanos solicitaban asilo político. En documentos desclasificados en el año 1997 se expone, entre mucha tachadura negra, el interrogatorio de cuatro personas por parte del servicio de inteligencia en una cárcel turca. ¿Coincidencia? Difícil de creer cuando coinciden fechas y las preguntas que se les hacían tenían que ver con los códigos cifrados, todo ello remozado en traducciones del alemán al inglés. Aquí la pregunta que se impone es ¿Siguen vivas esas cuatro personas? Y si es así, ¿Viven en Estados Unidos o continúan en alguna cárcel turca?

El servicio secreto estadounidense no tiene la exclusiva en cuanto a operaciones encubiertas de secuestro y asesinato en suelo extranjero. De todos es conocido el desastre operativo del Mosad en Suecia, donde no sólo se destapó la existencia de escuadrones asesinos en suelo europeo, sino que, además, se comprobó su falibilidad al equivocarse estrepitosamente en el blanco elegido. Y si esto ocurre en suelo de países aliados, preguntarse que ocurre en suelo de países como Siria, el Libano, Chile o Venezuela, es como bastante normal.

Ahora mismo la situación que viven los más de quinientos secuestrados en Guantánamo es de todo punto inaceptable. No hablamos de mentiras claras como peticiones de asilo ficticias, hablamos de personas confinadas en un campo de concentración desde hace cinco años en condiciones infrahumanas tal y como demuestra el informe presentado ante la ONU. Me gustaría mucho saber que hubiera pasado si en vez de ser los USA los que utilizan este tipo prácticas hubiera sido cualquier otro país. Y la UE tampoco es que se estire mucho condenando esta situación y presionado para que sea solucionada a la mayor brevedad.

Y eso tiene que cambiar. Los europeos no somos nazis, lo superamos hace tiempo.

Buenas noches, y buena suerte...
Suena de fondo Concierto para piano y orquesta nº 12 en La Mayor, K 414, de Wolfgang Amadeus Mozart.

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