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Etiquetas:   La tercera puerta   -   Sección:   Opinión

Las dos cabezas del monstruo

Jabier López de Armentia
Opinión
martes, 21 de febrero de 2006, 00:05 h (CET)
No hace falta estar atento ni a los televisores ni a las radios, ni a los periódicos ni a Internet para enterarse de que ha habido un nuevo atentado. Un atentado sin víctimas mortales por suerte. Un atentado tras otro atentado en los últimos meses. Todos ellos de E.T.A. parece ser, y digo parece ser porque bajo mi ignorante y humilde punto de vista no veo rentabilidad política ni explicación lógica a esta serie de atentados.

Intentan vendernos que E.T.A. vuelve a la escena del conflicto vasco o mejor dicho que no nunca ha salido de la escena, porque nunca ha tenido pensado dejar las armas. Les guste o no señores E.T.A. es parte del conflicto y no se puede anular una parte del conflicto para solucionarlo. Dirijo mis palabras sobre todo a ese sector reaccionario a un proceso de pacificación y normalización de Euskal Herria, ese sector que ve cómo una más que posible paz, les perjudicaría económica, social y electoralmente.

¿De qué sirve ahora realizar un atentado? Básicamente de nada, suponiendo un claro retroceso en el proceso de pacificación y por este mismo motivo dudo mucho que la banda terrorista E.T.A. haya realizado estos últimos atentados, pese a la autoría de los hechos y las llamadas previas realizadas a medios de comunicación, tal y como procede la banda terrorista en sus atentados.

He aquí mi hipótesis. Creo divisar en E.T.A. una fisura, una fisura entorno a su fin. Entorno a cómo acabar con 50 años de historia, negativa o positiva, pero historia de un pueblo. A modo de ejemplificar esa división interna de la banda, comparo a E.T.A. con un “monstruo” con dos cabezas, independientes la una de la otra a la hora de tomar decisiones como la de realizar atentados pero juntos a la hora de identificarse, ya que el grueso del cuerpo sigue aún unido.

Las cargas de explosivos de los últimos atentados han sido minúsculas comparadas con las cargas empleadas anteriormente por la banda terrorista, y el resultado de sus acciones no han ido más allá del destroce de bienes materiales a pequeña escala y pocos daños urbanos más. ¿No creen más atribuible la realización de este tipo de atentados a un chico recién incorporado a E.T.A. que decide tomar decisiones por si mismo, sin esperar que se las dicten? O mejor dicho, ¿No creen que puede haber una serie de dirigentes que no quieren dejar las armas, y deciden realizar ellos mismos la llamada “campaña de extorsión”?

Si E.T.A. ha estado tanto tiempo sin atentar o atentando con una dureza minúscula, comparándola con la que nos tenía acostumbrados, no ha sido por problemas de infraestructura, sino por la búsqueda de una salida al conflicto vasco. Si E.T.A. quiere atentar no espera pacientemente un año sin realizar ninguna acción; lo hubiera hecho y créanme que no lo he hubiera temblado la mano. Y también considero que su 'respuesta', en forma de atentado, hubiera sido mucho más temible y más dura que destrozar empresas, discotecas o simples arbustos. Por suerte esa acción no se ha dado y parece ser que todavía hay quien piensa, dentro de la banda, que matar no es lo mejor para el pueblo vasco.

Dejémonos de realizar hipótesis y planes para acabar con la banda terrorista. E.T.A. no es más que una rama del árbol infectado. Cortando la rama no acabaremos con la infección y esa infección se pasará a otra rama y así sucesivamente. Para acabar con la infección es preciso acabar con el árbol. El árbol es el conflicto vasco, infectado desde sus raíces. Acabemos con el conflicto vasco y acabaremos con E.T.A., pero no olvidemos que el arma más fuerte no son las balas, sino las palabras.

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