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Dos brújulas y un millón de tarambanas

Pascual Falces
Pascual Falces
martes, 21 de febrero de 2006, 00:05 h (CET)
Las dos primeras, no en el exacto sentido de “aguja imantada que gira sobre un eje y señala siempre el norte para determinar la dirección sobre la corteza terrestre”, sino en el de brujulear, “no perder el rumbo”; “hacer gestiones con habilidad para conseguir cierta cosa o situarse bien”. Ambas se distinguen bien entre el ventisquero que atraviesa España en sus alturas políticas. Porque, “a ras del suelo”, la gente sigue con su afán, sus quehaceres e hipotecas. Otro sentido que también se usa, es, en el de “atisbar o descubrir por indicios cierta cosa que ocurre o que otros llevan entre manos”, y por medio de lo cual, desde lo alto de esta columna se ve claramente cómo, el independentismo etarra, y el movimiento que representa un inteligente cazurro aragonés injertado a Cataluña, son los únicos que en este país, realmente, mantienen inalterable su ruta.

También se distingue un tropel que abarca a casi todo el personal vociferante del país (con la lengua o con pluma –si a eso que escriben se puede llamar con tan honroso nombre-): son, los tarambanas, “persona que habla mucho, deprisa y para decir cosas de poco interés”. Así es como se ve la confusión en el lenguaje; al crimen en forma de tiro en la nuca, o siniestro bombazo, se le denomina, con cierto respeto: “violencia”; a no detener ni enjuiciar, o libertar a criminales: “paz”; imponer un lenguaje autóctono sobre el de general conocimiento (totalitarismo): “inmersión lingüística”; y todos los innumerables etcéteras que el hastiado lector puede añadir por su cuenta. Puede ser que, tales, sean un millón o infinitos, ya que como afirma la Biblia (Ecclesiastés), y repite Don Quijote: “Stultorum numerus, infinitus est”, o lo que es lo mismo: “El número de mentecatos, majaderos, o necios, es infinito”.

Contra todo pronóstico gubernamental –otros que tal bailan-, el criminal independentismo vasco ha dicho este sábado lo de siempre, con su rumbo inamovible. ¡Como tiene que ser!... que diría un castizo. La “esquerra” que aglutina Carod, -qué gran líder, enderezado, se perdió Aragón.- salió a la calle ese mismo día para dejar bien claro que “no es un partido, sino un país”, y el que viva en Cataluña, y quiera que sus hijos estudien en español, (no en una lengua romance no evolucionada), pues que se lo pague, como si quiere estudiar en japonés; otros que tampoco han movido la aguja de navegar ni un ápice... mientras zascandiles y botarates, les hacen el juego desde las altas jerarquías del país, democráticamente elegidas.

Está bien claro quien sabe lo que quiere en la política española, y quienes están dispuestos a ayudarles para seguir en la cúspide del presupuesto nacional. Un chiste antiguo, de cuando los SEAT “seiscientos” hicieron asequible el automóvil en este país y los españoles aprendieron a conducir, contaba como un buen hombre a bordo de su “600”, logra adelantar con apuros a un camionero que no le facilitaba la maniobra. Durante el breve tiempo que estuvieron emparejados, algo le dijo nuestro hombre al camionero que no le perdió de vista, y al alcanzarlo en el primer bar que se detuvo, se bajó con una barra de hierro en la mano, y le espetó: A ver, valiente, ¿qué me has dicho al adelantarme? - Nada, respondió tembloroso. –Es que tengo un primo camionero también, y me confundí. Por eso le saludé: ¡Ramón, ramonazo... Tú siempre fijo en la ruta!

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