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Desorientación crítica

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 19 de febrero de 2006, 23:51 h (CET)
Con aquello de la deconstrucción del lenguaje, ya nada, ninguna palabra o frase ofrece un significado preciso. Proliferan los subterfugios rebuscados, intenciones ocultas y formas distintas de ver las mismas cosas. Celebremos esa liberación para una búsqueda personal de sentido, si no fuera porque plantea una seria crisis de funcionamiento. ¿Todo tiene un valor similar? ¿Una obra, musical o literaria, ya no podremos considerarla como buena o mala? Esta es una tesitura dominante en estos comienzos del siglo XXI.

Esa estrategia fue más allá, se hizo extensiva a la convivencia, al arte y a cualquier actividad social. Como consecuencia, todos los criterios penden de un hilo finísimo, ese pálpito particular tan diverso; de tan fino, se rompe al meno contratiempo o discusión. No es posible una argumentación de peso, todo da lo mismo. ¿Dónde encontrar las bases? Además, cuando confluyen facetas de todo color y condición, es imposible abarcarlas todas. ¿Como asentaremos esas roturas?

Se impone una realidad de primer orden, la AYUDA de la CRÍTICA, con una condición inexcusable, su calidad. Para aproximarnos a lo mejor de un logro científico o técnico, esa labor de los críticos nos irá precisando los matices significativos o nos anunciará los peligros inherentes a esos avances. Es muy habitual en la observación de una obra de arte que sólo apreciemos aspectos superficiales. Requerimos una cierta orientación para acercarnos a sus esencias y cualidades. Para calibrar las aportaciones de las diferentes fuentes, será imprescindible esa ayuda para acceder a los campos tan variados de la actividad humana.

Descartemos el género simplón de los CRITICONES, a cualquier hallazgo le buscan errores, desprestigio, y lo malo es que se quedan en eso. En ellos no esperemos la valoración como un ejercicio elaborado; su crítica es como una visión mal encarada, no es que traten de mostrar lo defectuoso, para ellos nada hay digno de alabanza. Por su simpleza y monomanía, castrarían toda actividad creativa, la mediocridad en plena expresión. Auténticos cenizos.

Cuando uno no tiene la preparación especial y suficiente para comprender algo, guiándose exclusivamente por sí mismo alcanzará poco, será precisa la ayuda que citaba. Ante conceptos culturales, científicos o artísticos, hará falta un buen introductor. Digamos que una BUENA CRÍTICA, descubridora, analítica, bien elaborada. Es una obra de arte en sí misma. Nos permitirá visiones limítrofes que no alcanzábamos a distinguir.

Pongamos un ejemplo, la obra del genial Antoni Tápies, con sus signos, cruces, trazos descarnados, claridades y zonas oscuras. ¿Qué distinguiríamos a partir de esos dibujos? Cada quien comenzará a percibir hallazgos. No obstante, un buen comentario de Miguel Casado nos abrirá la mente hacia el sentido dialéctico de dicha obra, entre insinuaciones, ausencias o presencias. Olvido García Valdés recalcó los efectos de luces y sombras, reflejo de las limitaciones humanas ante las acciones sólo entreveradas, apenas asomadas al lienzo. O bien, José Miguel Ullán nos relacione las pinturas de Tápies y sus Cartas a Teresa, donde se mencionan pérdidas y ganancias, bondades y maldades, rasgos humanos variados y, quizá por eso, alejados de conclusiones severas. La obra críptica para muchas miradas, se va despojando de numerosos velos y el esplendor expresivo se incrementa. La cripta se ha convertido en un manantial de sensaciones.

Pues bien, no se encuentran fácilmente las buenas críticas, esas cuidadas elaboraciones tan puestas en el asunto a tratar, escasean. Nada parece apoyarlas, estos momentos actuales no son amigos de criterios o valoraciones meritorias. Dominan intereses económicos, comentarios frívolos y meras opiniones con poca base. Para comprobar estos asertos es suficiente leer o escuchar los comentarios relacionados con Arco, con la clonación, sobre la gripe aviar o en torno a los últimos libros publicados.

Son muy frecuentes las críticas FOLLETINESCAS, incluyendo interioridades de los protagonistas, sean número de esposas, amistades, tendencias sexuales si es posible; un verdadero acopio de pormenores, como ambientando la obra del autor, pero casi sin entrar en su contenido.

Las hay puramente DESCRIPTIVAS. Explican por donde van los trazos del cuadro, el título de los capítulos, cuatro opiniones sueltas lo más chocantes posibles, o una mera relación de secuencias. Apenas podremos detectar en ellas apreciaciones ajustadas al objeto pendiente de valoración adecuada. ¿Por ignorancia? ¿Por desidia? No aportan nada nuevo ni valioso, son una reseña escueta del suceso, como huyendo de los posibles significados o carencias.

Para qué entrar en eso de los COMPROMISOS SECTORIALES -políticos, ideológicos, geográficos, religiosos-. Aquí se conceptua de manera exclusiva el sector afín a los intereses del crítico. El sector manda y dirige. Y eso cuando debieran analizarse defectos, virtudes y la entidad de lo criticado. En cada esquina sociológica brotan los ejemplos, sólo lo mío, bondades de los míos. NO es imprescindible ni la mención de los ajenos a esos grupos, bastará con el silencio. ¡No constan! Falta saber si también los harían desaparecer si pudieran.

Será necesario ponerse a pescar, con caña y paciencia, a la espera de captar a esos linces de la crítica, apasionados y concienzudos, que tanto necesitamos.

Dentro de esta escasez, por fortuna los tiempos han cambiado, la abundancia de medios permite la búsqueda por nuevos derroteros, pescar en otros ríos. Eso hace que cada cual se esmere en seleccionar de forma adecuada las vías orientativas y sean más difíciles los monopolios.

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