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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La Iglesia, a favor de la vida

Pepe López
Redacción
domingo, 19 de febrero de 2006, 23:51 h (CET)
En un Estado laico, como desgraciadamente es el nuestro, aunque se quiera encubrir con la tapadera constitucional de la aconfesionalidad, la pretensión del Gobierno no es ya, como en los dos siglos anteriores, tapar la boca a la Iglesia por aquellos procedimientos bárbaros que le trajeron tantos muertos y tantos mártires sino por un modo más sutil, como es impedirle que hable para que sus enseñanzas no tengan trascendencia en la vida de la sociedad.

Ignoran los nuevos laicos que, cuando la Iglesia tiene Pastores dignos, –y siempre los ha tenido- su misión específica y su obligación es dar su opinión moral en cuestiones que atañen a los valores trascendentales que defiende.

Ahora nos encontramos con un nuevo intento de apartar a la Iglesia de la vida social, mostrándola como reaccionaria y opuesta a todo progreso científico.

¡Y hasta se le ha atribuido ser la culpable de la difusión del SIDA, por oponerse a la aberrante promiscuidad sexual que, entre otras cosas, nos ha llevado a contabilizar el año pasado en España 85.000abortos.

Y, para colmo, se tacha a la Iglesia de ser indiferente al clamor por la vida de unos ciento cincuenta niños que, con la Ley de Reproducción asistida que la Ministra de Sanidad ha presentado en el Congreso, quedarían curados.

Todo, a primera vista, muy bueno, muy fácil, muy conforme con la ética natural, muy progresista, pero ¡ay!,frontalmente contrario a la Ley de Dios.

Hasta un jovencito, “intelectual” al uso, apareció en televisión para demostrar, con muy poco acierto, que con unas cuantas células obtenidas del cordón umbilical de un ser, clonado con finalidad terapéutica, era factible la curación de graves dolencias, lo aún no es más que una mera especulación científica, con la que se pretenden acallar muchas conciencias..

Naturalmente que tanto el jovencito como la Ministra tuvieron buen cuidado en ocultar que para la obtención de ese bebé- medicamento, habían quedado en el camino, privándoles de nacer, unos cuantos embriones (auténticos seres humanos)

Los lectores deben saber que, entre la clonación terapéutica y la meramente reproductiva hay una sola y fundamental diferencia: En la primera, se trocea el embrión para intentar curar a otra persona; en la reproductiva, se le deja vivir.

La Ministra redondeó su discurso con el más desdichado de los argumentos que acudió a su desquiciada mente:

“El Partido Popular no puede oponerse a esta Ley atendiendo a criterios pseudo-religiosos, porque es perfectamente lícito concebir a un niño para salvar a otro. Y ¿cómo no permitir lo que beneficia, aunque sea a muy pocos, si no se hace daño a nadie?!

¿Daño a nadie? Si los embriones a quienes se les niega el derecho a vivir pudieran hablar, ya le contestarían a la Ministra, porque parece que lo conciencia de la Ministra no le dice nada

Lo que más me avergüenza de todo esto es que el Partido Popular actuara, una vez más de comparsa, de “marycomplejín” y no tuvieran todos sus Diputados la gallardía, la dignidad y la decencia de Don Eugenio Nasarre que dijo que “por graves razones morales” no podía apoyar el Proyecto..

Esas mismas “graves razones morales” me están haciendo reflexionar.

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