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Etiquetas:   Crítica de cine  

'Los Tres Entierros de Melquiades Estrada': Tributo a Peckinpah

Gonzalo G. Velasco
Gonzalo G. Velasco
miércoles, 19 de abril de 2006, 22:29 h (CET)
Los Tres Entierros de Melquiades Estrada, debut en la dirección de largometrajes de Tommy Lee Jones, es uno de los mejores estrenos de lo que va de 2006; y esto es así, sin desmerecer la sólida, contundente, labor de Tommy Lee Jones tanto detrás como delante de las cámaras, por obra y gracia del guionista de moda Guillermo Arriaga (Amores Perros, 21 Gramos). Ahora bien, que la película no tenga el honor de erigirse en la mejor de esta recién inaugurada cosecha, se debe también al mexicano, un tipo que, en sus propias palabras, prefiere considerarse un escritor cinematográfico antes que un guionista.

Los Tres Entierros de Melquiades Estrada se resiente, y mucho, de las ínfulas de autoría de Guillermo Arriaga. Obsesionado por que su huella refulja en cada proyecto que acomete, el “escritor cinematográfico” no se lo piensa dos veces y destroza con su peculiar y caprichoso estilo (sustentado sobre la deconstrucción de la narrativa secuencial), una historia que demandaba a gritos un tratamiento temporal menos epatante y que, de otro modo hubiera estado a la altura del mejor Sam Peckinpah o el mejor Clint Eastwood. Pero el ego es el ego, y una vez que uno se ha repantigado en los laureles de la autodelectación estilística, (tal y como demuestra cada cierto tiempo Lars Von Trier) ni siquiera las razonables perspectivas de construir una película para la historia pueden con él.

Por fortuna, Guillermo Arriaga, tal vez contagiado por la inmensa humildad de Tommy Lee Jones, abandona hacia mitad de metraje su afán de notoriedad (con la excepción del cameo que protagoniza en una de las últimas secuencias) y permite a regañadientes que la narración fluya con un vigor y un sentido más clásico de la puesta en escena hasta entonces escamoteados. Es a partir de este instante cuando el director toma las riendas del asunto y el film, que había comenzado como una versión deslavazada del Lone Star de John Sayles, se convierte en un híbrido intenso y emotivo del Quiero la Cabeza de Alfredo García de Peckinpah, y ciertos pasajes de El Feo, El Bueno y el Malo de Sergio Leone.

Tommy Lee Jones combina con maestría el pedregoso sentido de la épica romántica del primero y la legendaria capacidad del segundo para ofrecer una visión de la amistad al mismo tiempo sacra y descarnada, sacra en lo que se refiere a la relación entre el personaje intepretado por Jones, Pete Perkins, y el Melquiades del Título, y descarnada en lo que se refiere a la relación entre Perkins y su su prisionero (Barry Pepper) que constituye, a fin de cuentas, el elemento central del relato.

En este sentido Tommy Lee Jones se beneficia de una fotografía poética en su aspereza, cortesía de Chris Menges, y de una excelente partitura compuesta para la ocasión por Marco Beltrami. Con ambos elementos, el realizador compone una obra alegórica, sutil y extremadamente absorbente, mediante la cual describe, desde el punto de vista nada maniqueo de alguien que conoce de lo que habla (Tommy Lee Jones es Texano), un mundo fronterizo de turbador pero fascinante paisaje y paisanaje.

No es de extrañar, así las cosas, que la historia de Guillermo Arriaga resurja de sus cenizas en su tramo final y, abonada por el buen hacer de todos sus compañeros, alcance cotas elevadísimas de profundidad psicológica, emoción y seguridad expositiva, con escenas tan abrumadoras (en el buen sentido de la palabra) como la del viejo ciego demandando a Perkins que acabe con su vida porque él no quiere ofender a Dios (el Amenábar de Mar Adentro queda, por contraste, muy mal parado), o aquella otra en la que quema el rostro de su amigo muerto para que no lo devoren las hormigas.

Si realmente es cierto que la idea de los Tres Entierros de Melquiades Estrada se le ocurrió a Tommy Lee Jones y a Guillermo Arriaga durante una cacería, como ellos aseguran, cualquier cinéfilo que se precie debería estar alerta en caso de que Dick Cheney abandone la política en favor de la realización. Seguro que le sale una obra maestra.

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