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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Tufillo hitleriano

Federico Ferrando (Valencia)
Redacción
sábado, 18 de febrero de 2006, 21:28 h (CET)
También el Nacional-Socialismo se desarrolló en una democracia. Hoy me huele algo a “tufillo hitleriano”. Nacionalismos imperialistas, anexionismos, eliminación de individuos no productivos (ancianos vs eutanasia), eliminación de fetos defectuosos (abortos), creación de niños sanos (sin enfermedad, con belleza, inteligencia), marginación de discapacitados (síndrome de Down, tetraplegias, sorderas, cegueras, etc); control de los medios informativos por el poder; ciencia e investigación contra natura, con embriones humanos, con niños indefensos. Imposición de culturas y lenguas. Censura medios informativos no controlables por el poder. Imposición de lenguas, planes educativos, control cátedras universitarias. Libertad de expresión mediatizada. Ataques a las religiones. Sólo el hombre por el hombre y su bienestar, sólo los míos (para qué la solidaridad). Muerte terrorista. Violencia de género. Cultura de la muerte.

No me digan que todo esto no tiene un “tufillo hitleriano” más que palpable. Con la cultura de la muerte, tolerancia cero (intolerancia = firmeza). Sí a la cultura de la vida, sí a la concepción de seres humanos de forma natural, sí a las adopciones de niños en familias tradicionales en beneficio de su desarrollo mental y físico como persona integrada. Sí a las creencias religiosas que liberan al hombre de la mentira con potestad de denunciar los excesos de las “malas leyes”. Sí a la familia tradicional como primera célula de la organización de la sociedad. Sí al respeto a la vida de toda persona, independientemente de su enfermedad, todos son hijos de Dios. Nadie mas que Él tiene en sus manos el llamarnos a todos a su lado cuando sea conveniente. Sí al respeto a los mayores, a sus sufrimientos, a su experiencia de vida. También a su muerte digna, sin alargamiento de los padecimientos innecesarios. Sí a la humanidad, a su libertad de expresión, a educarse en familia con valores superiores y trascendentales, y en los colegios.

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