Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Don Quijote y el Gobierno de Zapatero

Pepe López
Redacción
sábado, 18 de febrero de 2006, 05:47 h (CET)
Caminaban Don Quijote y su escudero por aquellas onduladas llanuras de la Mancha sudorosos y cabizbajos porque el sol apretaba y el ánimo de Don Quijote iba bastante encogido, porque llevaba tres días sin que la Divina Providencia le hubiera deparado una de aquellas maravillosas aventuras en que el Caballero de la Triste Figura salía plenamente fortalecido en su valerosa lucha contra bellacos, malandrines y aventuraros.

Al borde del camino por do iban, encontraron una frondosa encina a cuya sombra decidieron descansar y librarse de las inclemencias del sol.

Sancho no reparaba en el calor sino, más bien, en que notaba su estómago encogido, pues hacía cerca de dos días que por su gaznate no habían pasado sino unos tragos de agua que, a cuatro patas, había bebido en un regato la tarde anterior.

¡Y cómo se acordaba de su bota vacía y de las alforjas, repletas hasta hacía cuatro días, de aquel queso, y aquellas hogazas de pan blanquísimo y la ristra de chorizos con que las habían llenado días antes, seguramente en La Solana cuando iban hacia Alhambra y las lagunas de Ruidera.

Mientras Rocinante y el rucio pacían, Don Quijote y Sancho buscaron acomodo en los aparejos y se echaron a descansar.

No habían apurado aún su primer sueño, cuando un tropel de gente con el acompañamiento de carros, mozos y mozas de servicio, en actitud lastimosa hicieron creer a Don Quijote en la posibilidad de desfacer algún entuerto y a Sancho en la ocasión de satisfacer su más apremiante necesidad.

Don Quijote, lanza en ristre y subido en su jamelgo. se colocó en medio del camino y pronunció, con voz engolada sus preguntas de ritual:

-¿Quiénes sóis y do vais, Caballeros?

-Somos el Gobierno de España y vamos camino de Barcelona

-Y ¿Cómo no viaja con vosotros el Rey, Nuestro Señor?

-Sin duda alguna, algún maléfico enemigo me ha traspuesto de siglo y quisiera utilizar mis artes de Caballero Andante para acompañaros en vuestro camino y velar por vuestra seguridad o para satisfacer la más cumplida venganza por alguna felonía que hayáis cometido.

Y dirigiéndose D. Quijote a quien le parecía el más principal, le dijo:

-Y ¿quién sois vos?

-Me llamo José Luis aunque en España todos me conocen por Zapatero o el Zapa y, algunos por Bambi.Soy el Presidente del Gobierno de España y menos encaminamos a barcelona a entregar a la generalidad catalana la plena soberanía e independencia de aquellas tierras.

- ¿Qué decís, Sr. Zapatro?
- Lo que claramente he dicho.
- Pero, ¿estáis en vuestro sano juicio?

- Tal ha decidido el pueblo soberano
Y el rey, ¿no tiene nada que decir?
-Ya os he dicho, Sr. Hidalgo, que en una monarquía parlamentaria el Rey reina pero no gobierna.

Venía en una litera una señora muy delgada, con cara macilenta, más fea que Picio y envuelta en gasas de color morado.Se aproximó a ella Don Quijote y, con mucha discreción, le tocó la piel. Pidió a Sancho la redoma donde traían el célebre bálsamo de Fierabrás pero, volviendo de su primera intención, dijo al escudero: Guárdalo para otra ocasión porque esta señora tiene la fealdad de origen y con ella morirá.

Así fué Zapatero presentando, uno a uno, a todos sus acompañantes.
Del Ministro de la Guerra hizo grandes elogios por su agudeza en deformar la verdad que, en su creencia, era una gran virtud de todos los gobernantes.

A la Ministra Narbona la puso por encima de las nubes, pues, sin necesidad de que las nubes derramaran la lluvia, ella sacaba el agua del mar con unos aparatos de su invención. Sancho preguntó, cándidamente, si aquel aparato servía también para obtener vino.

De la Ministra de Fomento, a la que confundió Don Quijote, por su desenvoltura con su amada Dulcinea,, dijo que había transformado a España haciendo pantanos, puertos, aeropuertos y caminos terrestres e infinidad de obras públicas. Pero, en cuanto el Hidalgo la oyó hablar, advirtió que la tal Malena era más rústica que la más rústica de las mozas del Toboso.

No mejor impresión sacó Don Quijote de una señora menudita, con la cara amojamada, a pesar de los afeites,y lisa como una tabla a la que el Zapa presentó como la Ministra de Cultura. Maravillóse el Hidalgo de que en un cuerpo tan pequeño cupiera tanta cultura y, sobre todo, que no hablara latín.

Envuelto entre unas mantas en uno de los carros venía u hombre de aspecto enfermizo, calvo, ojos vivarachos y barba rala de quien dijo Zapatero que era la eminencia gris del Gobierno. Y, en ello, llevaba razón, pues no era otro que Rubalcaba.

Sancho no perdió el tiempo y, mientras su amo se enbelesaba con los ficticios autoelogios que Zapatero atribuía a su gobierno, atinó a dar con un carromato donde iban la impedimenta y las viandas del Gobierno y, creyendo que daría con algunos maravedises (tal vez fondos reservados), encontró algo mejor porque así satisfacía su más urgente necesidad.
Llenó la bota de buen vino de Valdepeñas y queso y pan de la Comarca y retirándose unos metros tras unos matojos, dió cumplida satisfacción a su necesidad.

Don Quijote seguía dando vueltas en su atormentada cabeza a aquella idea de que Cataluña se hubiera declarado independiente y el Gobierno, en pleno, fuera, además, a rendirle pleitesía.

Aquello le parecía un delito de alta traición jamás visto en España y cada vez se asentó más en su cerebro la idea de que aquella tropa no era otra cosa que una cuadrilla de facinerosos, que ni sabían santiguarse y habían dado muestras de luteranismo por lo que decidió entregarlos al Tribunal del Santo Oficio del Campo de Montiel.

Noticias relacionadas

La crueldad del desarraigo

“Uno vive del donarse y del acogerse"

Con Sáenz de Santamaría el PP sería un zombi errante

“Modificar el pasado no es modificar un solo hecho: es anular sus consecuencias, que tienden a ser infinitas.”J.L.B. – “La otra muerte de El Aleph”

Pedro Sánchez se hizo un Sánchez

El anunciado programa de Gobierno fue sustituido, sin más, por pinceladas

Sobre la Virgen del Carmen y su fiesta

J. Romo, Valladolid

En huelga por Cristiano

E. Díaz, Madrid
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris