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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

España: ¿Metamorfosis o cirugía estética?

Mariano Estrada (Alicante)
Redacción
sábado, 18 de febrero de 2006, 05:47 h (CET)
Hay que reconocer que, en estos tiempos que corren, las noticias se suceden tan vertiginosamente que algunos analistas políticos tienen que pisar sus comentarios de ayer con los de hoy, a veces los de la mañana con los de la tarde. ¿Realmente están cambiando tanto las cosas? Y si es así, ¿cambian a la velocidad que nos parece o se trata de una falsa percepción por la que confundimos nuevamente la velocidad con el tocino? ¿Estamos ante un cambio de piel, como el de las serpientes, o ante una metamorfosis kafkiana, de ésas por las que uno se convierte en gusano? ¿Cambia algo de veras y en profundidad o sólo hay fantasías en la cabeza de los políticos que nos han tocado en suerte? ¿O nos han tocado también en otras partes cuyo nombre no quiero pronunciar? ¿Es España dinámica de verdad o sólo se mueven sus mandatarios temporales y los aspirantes a la mandaduría, llamada también mamaduría o mamonería, sea ésta de teta o de pelargón?

¿Es España una materia que se destruye o una energía que se transforma? ¿Que se transforma en qué? ¿Será España, como Dios, una y trina, es decir, un plátano y dos melocotones confederados o hipostatados? ¿Son los tripartitos un síntoma, una alusión, una metáfora, una corriente, una moda, un aceite eficaz en el desbloqueo de cerraduras? ¿CIU ha sido el cuarto poder o más bien el cuarto en discordia? ¿Está Galicia llamada a ser la cuarta pata del banco que configura la Nueva España, que es un nombre del periodismo en Asturias patria querida? ¿Es España un banco de bancos con un montante global de diecisiete patas y dos pequeñas pezuñas? ¿Son esas pezuñas prescindibles o desechables, son tal vez materia de componendas políticas con Mohamed, dada la ambigüedad del Presidente en este asunto concreto?

¿Y cuántas de esas patas son negras, ya que el café para todos no da lugar a hechos diferenciales de envergadura (en verga dura), ni a derechos históricos exigibles por la vía del esperpento ni a asimetrías de corte-fiel confederal maragalliano? ¿En qué punto interviene la ETA o la OTA para exigir la autodeterminación del País Vasco, donde algunos ven la panacea, y la reivindicación de los Sanfermines de Navarra-una-que-es-Pamplona, incluidas las cornadas y la sangre, para mayor gloria de Euskal Herría? ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Zapatero si antes de que la ETA se pronuncie ya ha empezado a hacer gestos que, de un modo o de otro, señalan a las víctimas del terrorismo? ¿Está Zapatero empeñado realmente en la paz o sólo en apuntalar su permanencia en el poder a costa de concesiones a los nacionalistas, como dicen desde ciertas instancias y no necesariamente todas del PP?

Si la paz no se ha podido alcanzar cuando la mayoría que respaldaba los anteriores procesos era superior al 90% de los españoles, ¿cómo es que Zapatero va a intentarlo con muchos menos apoyos? ¿Cómo es que, sabiendo que el momento es propicio, no ha puesto toda la carne en el asador para atraer al PP, que representa al 40% de los mismos, y en lugar de ello ha sellado pactos por los que se ha obligado a marginarlo como si fuera un apestado o una isla? ¿Se puede marginar a tanta gente por mucho tiempo? ¿No habrá que pensar que los acuerdos con los nacionalistas pueden ser variables, volubles, caprichosos y, desde luego, egoístas, intransigentes y con fecha de caducidad? En cuanto al PP, ¿por qué dice a todo que no sin ofrecer soluciones alternativas? ¿Por qué no ha buscado (incluso forzado) alguna aproximación, ofreciendo unos mínimos de apoyo y de acuerdo? Lo que quiero decir es lo siguiente: ¿no sería mejor remover las entrañas de la política y, más allá de las mutuas aversiones entre estos dos partidos, incluso de las nauseas personales que se profesen, extraer el apoyo responsable y comprometido del contrincante, ya que se trata de una causa que a todos nos concierne y nos preocupa? ¿Por qué no se olvidan algo de los votos? ¿No sería mejor tragar algún orgullo improductivo por ambas partes, renunciar a los laureles en solitario (si es que puede haber laureles en este asunto, que yo creo que no) y acometer juntos la empresa de trabajar por la paz sin que tenga que haber necesariamente ofendidos?

Yo lo veo así: si el consenso social es muy amplio muy amplio (tan amplio que incluya a las víctimas) y ETA tiene la voluntad real de dejar a un lado las armas, y así lo anuncia inequívocamente, la sociedad puede y debe ser generosa. Muy generosa. A esta tesis me apunto.

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