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Mazazo a las izquierdas brasileñas. Europa y su temporal político

“Los políticos siempre hacen lo mismo: prometen construir un puente aunque no haya río.” Nikita Jruschov
Miguel Massanet
martes, 30 de octubre de 2018, 08:03 h (CET)

Pese a que las izquierdas europeas, encabezadas por los comunistas bolivarianos de Podemos en España, siguen empeñadas en ignorar los desastres políticos y económicos de sus partidos hermanos en la América Latina, o los grandes fraudes cometidos por los que entraron en los distintos gobiernos procedentes de partidos izquierdistas, como ha sido el caso del señor Lula da Silva, en el Brasil, o de su sucesora la señora Dilma Rouseff, ambos del Partido de los Trabajadores brasileño, exhibiendo la bandera de la honradez y de la lucha contra los supuestos excesos de la derecha; ha quedado suficientemente probado que, en ambos casos, cuando esta izquierda redentora, estos supuestos mensajeros de la verdad, del amor al pueblo y de sus políticas regeneradoras, han llegado con sus doctrinas comunistoides y han ocupado el poder, no solamente se han olvidado de aquello que prometieron hacer, sino que ellos mismos se han dejado llevar por el afán de enriquecerse, olvidándose de aquellas promesas de gobernación limpia que les hicieron a sus votantes, sino que, para hacerlo, se han dejado llevar por el egoísmo personal desentendiéndose de aquellos compromisos que adquirieron con sus votantes cuando se promocionaron para ser elegidos para dirigir su nación.


Resulta penoso contemplar como nuestra prensa, nuestras cadenas televisivas, nuestras radios y nuestros periódicos de papel se han dejado arrastrar por este empeño de considerar a aquellos que tienen un pensamiento conservador como “ultras” o “extrema derecha”. Los que defienden, a capa y espada nuestra Constitución, y todos aquellos gobernantes que, aun siendo elegidos mayoritariamente por sus ciudadanos, sólo por el hecho de tener pensamientos conservadores, inmediatamente son considerados como enemigos a batir por los perdedores de izquierdas; sin concederles la oportunidad de demostrar su capacidad para enderezar o al menos tratar de hacerlo, todos aquellos errores, graves equivocaciones, dislates, derroches de los dineros públicos o desafortunadas intervenciones en las áreas económicas que, frecuentemente, han llevado a los países en los que tal situación tiene lugar, a adquirir una gran deuda pública, a entrar en situación previa a la bancarrota que, como sucedió en España en el 2011, cuando los sucesivos errores del señor Rodríguez Zapatero le obligaron a tirar la toalla, convocar elecciones y entregar el relevo a la derecha, que fue la que tuvo que bregar, en manos de Rajoy, con la ardua tarea de sacar a España de aquella situación que nos ponía a las puertas del abismo económico. Nadie dude que volvemos a estar ante el peligro de que lo que entonces ocurrió vuelva a producirse de nuevo.


Todos estos gobiernos que han conseguido, desde las urnas, derrotar a quienes han sido tachados de malos gobernantes, por el simple hecho de aplicar métodos capitalistas, cuando han tenido el poder en sus manos no han sabido utilizarlo para mejorar el país, antes al contrario, han intentado implantar políticas intervencionista, han pretendido suplir la tarea de los empresarios libres mediante su sustitución por funcionarios de la Administración Pública y han invertido todo el dinero que han encontrado en las Arcas Públicas, producto de la gestión sensata de los gobiernos anteriores, en medios de atraer votos hacia ellos, despilfarrándolos en los que ellos denominan mejoras sociales y políticas igualatorias que, si bien momentáneamente, les reportan a los necesitados beneficios inmediatos, a la larga, cuando se demuestra que la nación no está en condiciones de soportar semejantes políticas sociales, dejan de poder seguir aplicándolas y acaban por llevar a la economía, las industrias y el trabajo de los españoles a situaciones insostenibles que, indefectiblemente, acaban por conducir a los países en los que tales condiciones se producen a la llamada quiebra soberana, con todas las consecuencias inherentes a ella. Es cierto que en la América Latina se está observando una reacción en aquellas naciones que tuvieron que soportar gobiernos corruptos de izquierdas, como han sido los recientes casos de cambio de gobierno en Argentina y en Brasil, en esta ocasión con la apabullante victoria de un derechista, el señor Jair Bolsonaro, al que la prensa lo califica de ultraconservador, pero que ha sido capaz de derrotar a una izquierda que intentaba, inútilmente, llevar al Brasil a la situación en la que lo dejaron sus anteriores gobernantes del Partido de los Trabajadores.


Hete aquí, señores, que prensa que se consideraa sí misma como objetiva, libre y neutral en política; no han podido evitar, cuando hablan de estos gobernantes de derechas o centro-derecha, calificarlos de “extremistas de derechas” cuando, en el caso contrario, se resisten a aplicarles a partidos de izquierdas, como es el caso de Podemos, como partidos de “extrema izquierda”. Es curioso que, incluso en la Europa comunitaria, las izquierdas siguen considerando a partidos de derechas o conservadores como “filo nazis” o “fascistas”, simplemente porque no consideran conveniente que sus países respectivos se conviertan en el refugio de cualquiera que venga huido de la miseria de los países de África que, sin embargo, la ONU, que los sigue patrocinado enviándoles ayudas, no se preocupa de comprobar con certeza la forma en la que se distribuyen dichas aportaciones, cuando es vox populi que una gran parte de dichas ayudas van a pagar, por conductos no oficiales, a parar a las manos de los dictadores que gobiernan impunemente aquellas regiones del continente africano, en el que ha quedado centralizada la gran miseria de dicho continente.


En Europa se está viviendo algo muy especial que tiene lugar con la aparatosa caída del socialismo en la mayoría de países de la CE ( España, como siempre, se ha convertido en la excepción), mientras que por todas partes aparecen nuevas muestras de un aumento de los partidos de derechas como ha sucedido en Alemania, Francia, Italia, Austria de los que han surgido fuertes corrientes ( también calificadas con cierta frivolidad, de extrema derecha, simplemente porque están en contra de la UE), ante la evidencia de la falta de cohesión que existe en la UE y las distintas corrientes que opinan de forma distinta, ante la avalancha de inmigrantes que intentan ocupar una parte de las naciones que forman la comunidad europea, lo que está dando lugar a situaciones que, si no somos capaces de solucionarlas de una forma racional, puede que acaben con varios “brexit” que acompañen, a la GB, en su huida de este mercado común. Se quejan de lo que llaman corrientes populistas y, especialmente de las que atribuyen a los casos de Trump y ahora, en Brasil, al nuevo gobierno del señor Bolsonaro. No obstante, en ambos casos estos señores fueron elegidos democráticamente a través de las urnas. En el caso de Trump las campañas que han montado sus enemigos, los demócratas de la señora Clinton, utilizando toda clase de artimañas, hurgando en su pasado, en sus inclinaciones sexuales, en su familia o en su entorno económico, sobrepasa lo que sería justo que se investigara y entra en lo que se podría considerar como inquisitorial, algo que nada tiene que ver con sus facultades como gobernante y sí mucho con lo que podría considerarse, para cualquier persona a la que se sometiese a semejante examen, como atentatorio al ámbito de lo estrictamente privado e íntimo.


Da la sensación de que todo lo que no sea, como también les ocurre a los rebeldes catalanes que intentan la separación de Cataluña de España, que todo lo que no sea plegarse a las ideas que sostienen las izquierdas, que no les parezca bien a los defensores de la ideas soviéticas o que no acepte que, en España, tiene que producirse un cambio de gobierno que sustituya a la democracia actual, para implantar lo que para algunos sería la gran panacea, lo que defienden desde siempre los ácratas, un país sin leyes, sin gobierno, sin policía o sin moral, que funcionara libremente sin nadie que impartiera justicia o detuviera a los delincuentes, que protegiera a los débiles o que proporcionara hospitales, medicinas, residencias, transportes etc.; dejando que cada ciudadano se ocupara de sí mismo y que, los más fuertes, impusieran su ley por dura, injusta, irracional y antinatural que fuera. Hablamos señores, sin duda alguna, del caos en toda la amplitud que se le quiera dar a este término.Tenemos que tomar conciencia de que todo lo que está ocurriendo, en la actualidad, en nuestro país no pasa desapercibido en el resto de Europa. Nadie piense que los ataques al Jefe del Estado dejan de ser seguidos, con gran atención en el resto de Europa o que, lo que va a tener que decidir el TS respeto a los 17 imputados de sublevación por los acontecimientos de Cataluña, va a dejar de llamar la atención en el Parlamento Europeo y que los PGE del Estado que puedan salir de esta alianza de Socialistas con Podemos, apoyados por separatistas catalanes y vasco, va a ser tomado a la ligera desde las institución europea, ya escamada por los que está pasando en la GB, que lleva rumbo de constituirse en uno de los marrones mayores a los que ha tenido que enfrentarse esta tambaleante familia europea, que empezó muy bien pero que, a la vista de lo que está sucediendo en su seno, es muy probable que así como fracasó en la aprobación de una Constitución para toda la comunidad europea, pueda volver a hacerlo, en este caso con tintes más dramáticos, si al “brexit” inglés le pudiera seguir el italiano y, también, si los que luchan por destronar al rey y apoderarse de las instituciones españolas, consiguieran alcanzar su objetivo que también comporta abandonar la CE.


Así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos preocupa que toda la maquinaria propagandística del país, ahora parece que hasta el CIS queda incluido en este conjunto, esté en manos de quienes hayan decidido hacerse con toda la nación española; los unos para modificar de arriba abajo el sistema político y de gobierno de España y los otros para lograr su propósito de alejarse de la España constitucional para refugiarse, Dios sabe cómo, en una especie de Limbo económico que no podrá contemplar la ayuda de Europa, por estar prohibida por su legislación, ni tampoco su posible inclusión como nueva nación, ya que esta posibilidad requeriría que todas las naciones que actualmente forman esta agrupación lo consistieran dando su visto bueno algo que, evidentemente, supondría mucho tiempo y el hecho de que España decidiera apoyarlo una opción que, a la vista de cómo se desarrolla este proceso, parece ser una posibilidad muy remota, o sea, prácticamente imposible.

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