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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

'Orgullo y prejuicio': una casa de 'mujercitas'

Pelayo López
Pelayo López
miércoles, 19 de abril de 2006, 22:29 h (CET)
Aunque últimamente nos hemos acostumbrado a las comedias contemporáneas, al cine de terror -sobre todo asiático- y a las cintas de acción basadas habitualmente en videojuegos, lo cierto es que existe otro tipo de películas cultivadas sobre todo en Francia y, como en este caso, en Inglaterra, las de época. Basada en la novela homónima de Jane Austen, lo cierto es que, aunque nos suena mucho, únicamente había sido llevada a la gran pantalla en otra ocasión -en concreto en el año 1940 con el protagonismo de Laurence Olivier-. Lo que puede confundirnos, en ese sentido, es que ha sido adaptada a la televisión al menos 5 veces, y que otras muchas novelas de la propia Austen, como pueden ser "Emma" y "Sentido y sensibilidad", con las que guarda un exultante parecido, también han sido llevadas al cine recientemente de manera exitosa.

A pesar del género y la duración -más de dos horas-, he de decir en favor de la historia -para aquellos que puedan presentar más reparos por estas dos circunstancias- que no se hace larga ni pesada como los atributos de un cerdo que se pasea por la casa de los protagonistas. Las aventuras y desventuras de estas cinco hermanas casamenteras, las Bennet, en la Inglaterra de finales del siglo XVIII y en el seno de una familia venida a menos, no nos incitan al sueño -en contra de lo que pueda presuponer un@-, mérito que ha de reconocerse, sin duda, a su director novel Joe Wright, pero sobre todo a una música, a un vestuario y a una dirección artística -todos estos aspectos reconocidos con sus respectivas nominaciones a los Oscars- que incrementan el espíritu del metraje para abstraernos a un entorno paradisíaco, y a unas magníficas interpretaciones de su reparto, aunque coral con dos protagonistas hegemónicos.

Si bien Keira Knightley está nominada a los Oscars como mejor actriz y demuestra que es capaz de mucho más de lo que ha demostrado hasta el momento y que no le aprieta ningún corsé, destacan, sin embargo, la contenida interpretación -exigida por el papel- de su partenaire Matthew MacFayden -a quien por cierto hemos visto poco por estos lares, salvo en títulos como "Enigma"-, y los veteranos y casi siempre soberbios Donald Sutherland -aquí casi al más puro estilo Connery en "La Roca", aunque eso sí algo más adecentado-, Brenda Blethyn -que parece seguir sumida en los estupefacientes de "El jardín de la alegría"- y Judi Dench en un corto pero remarcado personaje "inquisidor" y "altivo".

A pesar de que este argumento -en el que se suceden amoríos secretos y rupturas y uniones, y en el que, por otro lado, se hace un reflejo de cierta clase social en cierta época, con sus lujosas mansiones y sus bailes- podría inducir a cierto romanticismo empalagoso, lo cierto es que éste se encuentra sabiamente aderezado con un realismo de pies en el suelo. Fiel a la esencia de la novela, los escenarios no son muchos -apenas las residencias de los personajes- puesto que las normas sociales de la época así lo requerían, pero sí que se nota, en relación con el texto original, una cierta flojera en lo que se refiere a las relaciones entre las hermanas. Y aunque el final es previsible incluso antes de empezar, la historia se desarrolla con unos altibajos que conducen al mismo destino mediante cambios de fotografía de tonalidades verde azuladas de felicidad a rojo amarillentas de desasosiego. Por cierto, hablando, y llegando ya al final, quizás el de la película, cortante narrativamente hablando, sí que debería haber sido otro más "romántico" -dado que San Valentín vigila el horizonte-, una escena minutos antes de éste, cuando la silueta de la pareja se recorta sobre un sol rojizo pasión.

Tal y como sucede en otro éxito literario-cinematográfico, "Mujercitas", aunque las mujeres son más numerosas en ambos casos, los protagonistas indirectos, por influencia pretendida o desapercibida, para bien o para mal, son los hombres, al igual que en otros muchos casos, las protagonistas en minoría frente a los hombres, son las mujeres, y es que el amor, al fin y a la postre, al menos en obras románticas como ésta, no entiende de orgullos y prejuicios, sólo de pasiones, y más en una casa de mujercitas.

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