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Etiquetas:   Artículo opinión  

Una discusicón es una guerra

Óscar Arce
Óscar Arce
miércoles, 15 de febrero de 2006, 03:25 h (CET)
En la obra “Metáforas de la vida cotidiana” (Metaphors we live by), los eminentes George Lakoff y Mark Johnson repasan varias concepciones sobre las cuales construimos nuestra experiencia diaria casi sin darnos cuenta. Entre los numerosos ejemplos que cautivan por su sencillez y su contundencia, se encuentra una metáfora esencial que ha sufrido reinterpretaciones, a mi juicio, radicales. Muy pronto en el libro se puede leer aquello de una discusión es una guerra. Como comentan los autores, no es que solamente se hable en términos bélicos sobre las discusiones sino que, literalmente, se puede en éstas ganar o perder dependiendo de la táctica que se utiliza para defender las posiciones propias y atacar las ajenas. Analizamos los puntos débiles del oponente, planeamos emboscadas, mantenemos una posición hasta que resulta indefendible, entonces corremos en busca de otra y atacamos siguiendo las nuevas circunstancias.

Los antiguos griegos llamaron a la guerra “polémos”, y “polemikós” a todo lo relacionado con ella. El tiempo ha permitido modelar la imagen de “polémica” que aflora en nuestro pensamiento cuando se piensa en el concepto, que hoy poco tiene que ver con el campo de batalla. Con el campo de batalla físico, quiero decir. Lakoff y Johnson describen una discusión como una batalla verbal. La Real Academia Española de la Lengua ofrece como sinónimos los términos “polémica” y “controversia”, definiendo este último como una discusión de opiniones contrarias. La polémica parece haberse centrado, finalmente, en la discusión, pero no puede deshacerse de su pasado. Necesitamos seguir pensándola como una guerra, para poder seguir discutiendo de la manera que discutimos.

Sin embargo, en días en que la discusión como ejercicio de la inteligencia, en que el diálogo se encuentra en horas bajas, debilitado y malviviendo en la recámara; en esos días, digo, es fácil y nada extraño que la polémica vuelva a terminar en guerras de formas y tamaños diferentes. No son pocos quienes pretenden hacer creer que en todo momento tienen la razón y conocen la verdad, y contribuyen adecuadamente al diálogo mientras creen que su victoria es solamente cuestión de tiempo. El crédito de la violencia y el descrédito de las palabras solamente pueden provocar que éstas den paso a aquélla. Y que la polémica vuelva a definir la batalla.

La metáfora sobre la discusión y la guerra ha dejado de ser una metáfora; hoy, de nuevo, la polémica vuelve a implicar el crujir de huesos.

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