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Etiquetas:   La tercera puerta   -   Sección:   Opinión

La tierra de nadie, la tierra de todos

Jabier López de Armentia
Opinión
martes, 14 de febrero de 2006, 05:54 h (CET)
Los Balcanes, una tierra que nunca fue de nadie y que siempre fue de todos. Una posada en el camino del cristianismo, un lugar de repostaje para el Islam. ¿Qué es lo que ha provocado que poblaciones enteras, que convivían en perfecta armonía durante los últimos años bajo una misma bandera, se enfrenten sin temor alguno a la muerte? ¿Qué es lo que ha pasado para que dos habitantes del mismo pueblo jamás puedan convivir de nuevo? Hablamos de una zona que representa el 5% del territorio europeo y el 8% de la población de nuestro continente. La península balcánica.

Para entender este conflicto debemos retroceder muchos siglos, y digo muchos porque el conflicto de los Balcanes parece que empezó a gestarse mucho antes de lo hasta ahora creído. Las raíces de los conflictos balcánicos se derivan en parte de una larga y problemática historia, con la presencia de pueblos muy dispares –ilirios, celtas, tracios, hunos, godos orientales y occidentales, eslavos, turcos...–, sin olvidar las religiones que dejaron huella en la península.

Hablamos de una zona geográficamente accidentada. Una zona que fue frontera del Imperio Romano en sus días, siendo después frontera de su homólogo Otomano. La mezcla de pueblos llegados de todos los lugares y las religiones que dejaron como legado los imperios que habitaron estas tierras, como el cristianismo o el Islam, crearon una bomba de relojería.

Entonces, ¿qué faltaba para activar la bomba de relojería? Por sí sola, la variedad étnica y religiosa no es origen matemático de conflictos, aunque no podemos negar que es un detonante de muchos de ellos. Quitando estos dos aspectos nos encontramos ante el nacionalismo, un detonante de muchos conflictos -todos ellos con una demanda real, muchas veces mal gestionada–. ¿Fue el causante del conflicto yugoslavo el aspecto nacionalista? En la antigua Yugoslavia existía un componente nacionalista, una identidad nacional, una bandera que todos querían y todos consideraban como la suya. Existían miles de pueblos y religiones diferentes, mayoritarios en unas regiones y minoritarios en otras. No importaba su religión, ni su color de piel, ni su procedencia, sólo importaba que eran seres humanos y por encima de eso no hay nada.

Todo parece correcto e idóneo y parece un disparate que en esta situación estalle un conflicto civil. ¿Qué es lo que sucedió entonces? Sucedió que las aspiraciones de poder y dinero de los lideres políticos de las diferentes regiones yugoslavas les llevaron a perder la conciencia y el respeto que les había mantenido unidos más de cincuenta años bajo una misma bandera. Y lo más deleznable de todo, arrastrar a millones de personas a una guerra absurda que enfrentó a familias enteras, vecinos y amigos de toda la vida; niños contra niños y abuelos contra abuelos. Una guerra que nos demuestra, otra vez más, que en esta vida quien dirige y maneja es el dinero.

Izetbegovic en Bosnia, Tudjman en Croacia, Milosevic en Serbia, Kucan en Eslovenia y Gligorov en Macedonia. Ustedes crearon una mentira, ustedes crearon banderas, sentimientos, culturas que paradójicamente debían odiar a sus vecinos. Ustedes son los responsables de que dos hermanos no se puedan tomar una cerveza en un bar como hacían antes; ustedes son los responsables de la sangre derramada por una identidad nacional mal creada, creada a base de odio. 'El nacionalismo no significa odio, significa amor a una tierra. No por odiar, quieres más a tu tierra.'

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