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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Casi casados

Miguel Rivilla (Madrid)
Redacción
lunes, 13 de febrero de 2006, 01:46 h (CET)
He aquí como se expresa una de las famosas de turno en la revista semanal Gala (nº 72): “Nos entendemos de maravilla y casi estamos casados porque llevamos viviendo juntos dos años.” Perplejidad y extrañeza en el lector. O se está o no se está. Menos mal que no añadió: ”Estoy casi embarazada”. ¿A quién se pretende engañar y por qué?

Lo que hay que oír y lo que hoy se inventa la gente para no llamar a las cosas por su nombre. Estaría mejor no acudir a circunloquios o eufemismos en la vida privada de cada uno para justificar que hay algo que no es correcto ni moral.

Preferible sería llamar al pan, pan y al vino, vino, para entendernos. Ya sé que está de moda el tratar de justificar todo y relativizar todo. Pero...¡no todo vale¡.

La dimensión social de la unión entre un hombre y una mujer, para ser reconocido como matrimonio, ante la sociedad o la Iglesia, precisa el requisito indispensable del compromiso público ante su representante. Sin él no hay ni puede haber matrimonio. Será otra realidad distinta a la que el pueblo llama: apaño, juntorio, lío, arrejuntarse, amancebarse, concubinato etc. Cualquier cosa menos matrimonio. Ni ante Dios, ni ante la Iglesia, ni ante la sociedad, ni ante nadie, puede uno decir que está casi casado, por vivir juntos una pareja el tiempo que sea. La realidad suele ser siempre tozuda.

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