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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Bajo la férula de...

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 13 de febrero de 2006, 01:46 h (CET)
Como casi todo, el significado de FÉRULA es posible catalogarlo con tres acepciones diferentes. Si echamos una ojeada al diccionario de la RAE, uno se verá obligado a precisarlas para poder entendernos. Podremos referirnos a un dispositivo para arreglar entuertos, nunca mejor dicho, puesto que lo son esas tablillas resistentes usadas para inmovilizar fracturas óseas; un apoyo para un roto. Va quedando más anticuado su uso como palmeta para castigar a los muchachos en la escuela. Por el tema de hoy, me agarro a otra concepción del término, "Autoridad o poder despótico. Estar bajo la férula de otro".

No se trata de menospreciar las férulas, sobre todo cuando se conciban como una ayuda para la recuperación de fracturas; o en un sentido figurado, siempre habrá momentos en la vida en que la debilidad o el desánimo nos abrumen. En dichas situaciones necesitaremos fijarnos a una buena férula para una recuperación del tono y la estabilidad. Si enfocamos así el asunto, no sólo admitiremos la utilidad de estos instrumentos, sino que nos convenceremos de la necesidad acuciante de esos buenos apoyos, la fortaleza de los mismos nos podrá mantener firmes en los desfallecimientos.

En el devenir de la humanidad así fue ocurriendo, ante las primeras necesidades se recurría a los familiares más cercanos, y sucesivamente, a las asociaciones apropiadas para cada problema. Pero, tantos son los momentos de precariedad o conflicto, tantas las penurias o avatares, que siempre ansiamos encontrar la tablilla o tabla capaz de permitirnos un respiro. Esas férulas salvadoras van a tomar cuerpo, elaborando unas soluciones técnicas, en forma de creencias o religiones ante los grandes interrogantes, o adoptando determinadas asociaciones para protegerse. Progresivamente surgen nuevos formatos, se diversifican los trabajos, se especializan, o se crean mayores estructuras como el Estado, Leyes, Banca, etc. Toda una RED de APOYOS para la superación de determinadas insuficiencias.

Sin embargo sería imperativo no trastocar el sentido de las cosas. Dado que la comodidad o la incapacidad tienden a hundirnos en el cenagal de las dificultades, al cabo de esas impericias o negligencias, no utilizamos esos logros de la civilización para potenciar a las personas. Se comprende entonces que por atrofia, el individuo hace dejación progresiva de sus cualidades, delega abusivamente, y al final, dominan las estructuras, apreciándose las personas como añadidos suplementarios. La férula de apoyo se tornó opresiva.

Pasamos a la otra acepción de la férula, como encorsetamiento, como dominación externa. Unas veces dependerá exclusivamente del entramado establecido; pero otras muchas, ¡Demasiadas!, ese dominio sirve a los poderosos e interesados promotores, por mucho que se intenten ocultar. Si acaso llegaramos a pensar en la poca relevancia de esta acepción dominadora, bastará plantearnos algunas preguntas o una simple mirada a los acontecimientos. ¿Qué ejemplos detectamos? ¿Nos incumben directamente? ¿Pensamos que por su lejanía no nos afectan?

Estos días se habla mucho de la LIBERTAD de EXPRESIÓN, magnífica en todos los sentidos; aunque no se entra en la consideración de sus limitaciones. ¿Se trata de un poder omnímodo? ¿Basta con citar las posibilidades de reclamación legal? Es notorio que para su desarrollo entre personas, lo primero es el mutuo respeto, de lo contrario entramos en una jerga de justificaciones que se convierte en otro entramado opresor. ¡La dictadura de los medios! Cómo lo va a arreglar la ley si los ciudadanos no consideran esa posibilidad.

También tenemos en la retina el manejo de la RELIGIÓN como horma igualadora de respuestas, el ciudadano sirve a la religión, ¡Cuando yo creía en todo lo contrario!, recurso de la angustia vital para recurrir a los sentimientos y creencias en busca de sentido, labor indelegable y por ello personal. ¿Y quién soy yo para imponer creencias a nadie?. Ahí vuelve la tenaz disyuntiva entre un talante respetuoso o un férula con mucho peligro.

¿Qué les parecen los PARTIDOS políticos? ¿Agrupación de las sensibilidades para una labor común? Qué quieren que les diga, detecto más la dirección oligárquica, y con ello se desvirtúa su sentido primigenio. Otro sometimiento ciudadano no justificado.

Si citamos a la BANCA, comisiones, intereses o lo que consideren oportuno, con el alarde de ganancias enormes. ¿Dónde situamos al ciudadano modesto? ¿Quién sirve a quien? Tampoco es cuestión de lanzarse a despotricar contra todo lo bancario, pero a nivel de directrices generales ¿Cómo deberemos valorar estos entramados? ¿Vampiros? ¿Amigos? ¿Apoyos? ¿Sentimientos de mármol? Como verán hay muchas posibilidades abiertas para las opiniones de los afectados.

Las férulas tienen eso, en cuanto se prolonga su uso, si se colocan muy sólidas, despues no hay quien pueda moverse. Como es fácil de colegir, el muestrario citado en los párrafos anteriores, únicamente representan una somera valoración, unos meros ejemplos. Cada cual llevará bien marcada la presión externa, no es preciso enumerarle todos los enemigos a los sufridores habituales.

No parece este tiempo muy propicio para férulas muy severas y prolongadas. No obstante, estamos ante una conquista diaria, exige una madurez participativa y nunca esta acabada plenamente.

El devenir histórico no nos permite demasiado optimismo. En cada grupo social, cada persona en concreto, habrá de considerar si es capaz de liberarse de esos yugos. La aplicación de la férula justa y sólo en el tiempo breve necesario es una cualidad muy valiosa que no se compra.

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