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¡Qué diferencias de Copa!

Patxo Palacios
Patxo Palacios
domingo, 12 de febrero de 2006, 05:19 h (CET)
A cinco días de la fase final de la Copa del Rey en Madrid entre los 8 mejores equipos de la ACB, mis líneas de hoy pretenden comparar la diferencia de atractivo patente entre la organización y atractivo de la Copa de fútbol y de basket en nuestro país.

El paulatino crecimiento de la calidad e igualdad en la Liga ACB se está viendo apuntalado con las exitosas fases finales de la Copa de los últimos años, con emoción, gran asistencia de público, equidad en la selección de los participantes y éxito global indiscutible.

En la acera de enfrente, la histórica y antaño entrañable Copa de fútbol, lleva pasando los últimos años con más pena que gloria, con criterios cambiantes (partido único -doble– hierba artificial sí, no...) y la última chapuza de los equipos de 2ªA y 2ªB de esta última edición como colofón.

Uno cree firmemente que habría que resucitar esta legendaria competición y reactivarla; los caminos para ello pueden ser variados. Para empezar, el campeón de la competición debería tener billete directo para la Champions League; la clasificación para la UEFA es hoy por hoy un premio bastante menor para el campeón. Luego, los equipos clasificados para competiciones europeas deberían incorporarse antes, en treintaidosavos p.ej., a la competición. Tal y como está hoy en día, hay una discriminación positiva a favor de estos, que se incorporan en octavos. Es una Copa con poco gancho popular, elitista.

Se podría decir que la de basket también lo es, cierto, pero en este caso los 8 contendientes son, efectivamente, los 8 mejores de la vigente liga ACB, no los clasificados para Europa la temporada anterior. Es más justo.

Sin embargo, las eliminatorias a partido único en el campo del más débil hasta treintaidosavos o dieciseisavos de final, son ciertamente atractivas. Ahora, a partir de esa fase impondría el césped natural como superficie obligatoria; la hierba artificial desnaturaliza la calidad del fútbol de competición auténtico.

A un paso de llegar a la final de Copa, pese al estruendo del 6-1 maño al Madrid, esta histórica competición está pasando bastante desapercibida y es una pena.

Quizá habría que plantearse incluso un cambio de formato, parando la competición liguera a mitad de temporada, en enero o febrero, y disputarla en versión comprimida de forma continuada durante un mes a partido único en una única sede o a sorteo.

Las alternativas, como decía, son variadas, pero algo hay que hacer para recuperar nuestra querida Copa, que no goza de buena salud.

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