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Iglesias se hace con el control del gobierno español

“Los líderes adictos al poder son fáciles de detectar…La forma de vivir de estos líderes es siempre en estado de alerta y a la defensiva, en una serie de maniobras competitivas” Amy Leaverton
Miguel Massanet
jueves, 18 de octubre de 2018, 08:35 h (CET)

La ambición personal y su afán de instalarse a perpetuidad en el gobierno de España, han movido a Pedro Sánchez a firmar lo que, con toda seguridad va a lamentar dentro de un tiempo. Un acuerdo de colaboración que se ve, claramente, que no es solamente para apoyar los PGE del 2.019, sino que se trata de extenderse a toda la legislatura y, quien sabe, si con intención de prolongar la entente para después de las generales del 2020, si es que no se tienen que adelantar por cualquier otro motivo; si los números cuadran para construir una mayoría suficiente para mantenerse en el poder. Los resultados de este convenio ( P.Iglesias ya ha conseguido darle el marchamo de “entre iguales”, a pesar de la diferencia de escaños) ya se dejaron claros en los comentarios de la ministra de Hacienda, señora Montero, respecto a dicho acuerdo en el sentido de que, a partir de ahora, no se hará nada en el gobierno que no se haya “consultado” con Podemos, lo que, para cualquier buen entendedor, significa que no haya recibido el “placet” de los comunistas bolivarianos.


Como ya comentamos en anteriores escritos, el que ha salido claramente beneficiado, de cara al futuro de su partido, que estaba pasando por una crisis motivada por desavenencias internas y por un cierto desprestigio, ha sido su líder, señor Iglesias, al que algunos sectores de su partido libertario han venido tachando de autoritario y dictatorial, que habían dejado muy dañadas sus perspectivas electorales, situándoles en una situación de desventaja ante los anunciados comicios municipales y legislativos; una situación que, precisamente, venía muy influida por la recuperación de votos del PSOE, que la moción de censura contra Rajoy les había proporcionado.


Lo que parece es que, quieran o no quieran, el bipartidismo o, si se prefiere, la división en dos bloques antagónicos, uno de ellos formado por el ramillete de partidos de izquierdas y comunistas y, por conveniencia, los independentistas; el otro por los partidos más tradicionalmente defensores de la actual Constitución, que estarían conformados por el PP y Ciudadanos, con la inclusión de algún pequeño partido nacionalista de inspiración cristiana, que se les pudiera añadir. Lo peor es que, el pronóstico que se podría hacer de semejante perspectiva no puede ser más pesimista para los intereses de la nación española y de todos aquellos que conocemos los efectos producidos por estos políticos comunistas, seguidores del comunismo soviético ruso, que ya han experimentado en América latina donde, especialmente en Venezuela, Nicaragua, Bolivia y también Ecuador, se han instalado en el poder. Los resultados de su forma de administrar la riqueza en aquellos países ( ricos en recursos naturales) no pueden haber sido más decepcionantes, no solamente en cuanto a los resultados económicos que han llevado a aquellas naciones a seguir viviendo en la pobreza ( ya no hablemos de la Venezuela de Maduro, en la que cualquier atisbo de democracia desapareció hace tiempo y donde, los ciudadanos, se ven obligados a abandonar su país a causa de la gran represión llevada a cabo por el dictador que los gobierna, mientras existe una miseria y carencia de productos necesarios para alimentarse y de medicinas, que ya les resulta imposible resistir más, si no fuera porque un ejército corrupto y vendido al dictador impide cualquier cambio de régimen)


Es evidente que no tardarán en producirse las desavenencias entre los dos capitostes de este acuerdo, incluso antes de que, al menos, para seguir manteniendo sus respectivas identidades y para aplacar a sus votantes más díscolos que pudieran pensar que, si se trata de defender el anarquismo y el poder de la calle, perece que no cuadra demasiado sujetarse al imperio de la ley y de las reglas administrativas, algo que deberán aparentar los gobernantes, si realmente la coalición comunista llegara a ganar las legislativas de 1,920. Pero el mal que esta alianza pude causar a la economía española, a las relaciones de España con la CE, puede que circunstancialmente engañada por unos números que, desgraciadamente, no van a reflejar la realidad; cuando llegue el momento en el que se aperciban de que, España, ha vuelto a las andadas de antaño, gastando más de lo que se recauda; algo que, indefectiblemente, va a llevarnos a una situación semejante a aquella en la que nos dejó el gran engañabobos e inepto de Rodríguez Zapatero, de tan nefasto recuerdo y causante de un 90% de los males que actualmente afligen a este país.


Y ahora entraremos en una nueva modalidad en la que, el señor Iglesias, tradicionalmente favorable a los independentistas catalanes, va a iniciar sus buenos oficios ante el recalcitrante Junqueras, que no ha dado su brazo a torcer en cuanto a convenir acuerdos con España, manteniendo una postura equívoca en la que, por una parte despotrica contra el “Estado opresor” reclamando la independencia, pero por otra resulta estar a matar con la política rompedora de Puigdemont y su títere en la Generalitat, el señor Torra. Y todo esto ante la indiferencia de un pueblo, el español, que parece permanecer ajeno al grave problema que se nos presenta a todos, los de derechas y los de izquierdas, cuando lo que va a suceder en nuestra nación, si sigue esta política de despilfarro en el gasto, de ataque a la economía de las empresas, aumentándoles los impuestos y los costes laborales, y disminuyendo lo que deberían ser inversiones en mejoras que permitieran a nuestros emprendedores mantener su competitividad frente a las empresas extranjeras, algo que con el gobierno del PP iba teniendo éxito y amagaba una evidente mejora de nuestra situación como país.


Lo peor es que, la experiencia de lo que fue nuestra Guerra Civil y las consecuencias de la llegada a España de los “comisarios” rusos para tomar el mando de las operaciones y, de paso, dejar constancia de sus métodos “expeditivos” de tratar al personal bajo su mando, algo que se le puede agradecer al Dr. Negrín y a su equipo de negreros, que controlaba lo que pasaba en la península para informar de ello a sus jefes de Moscú, aquellos que organizaron los famosos “frentes populares” en todos los países europeos, expeditivamente eliminados en Alemania por los nazis de Hitler. En nuestro caso, la indudable pericia de Sánchez para moverse dentro de los intrincados vericuetos de las maquinaciones secretas, del chantaje, de la propaganda sesgada en contra de los adversarios políticos y, al mismo tiempo, su habilidad para manejar a sus adictos, la misma que le valió ser reelegido como secretario general de su partido, cuando hacía unos pocos meses que había sido defenestrado sin contemplaciones de él; contrasta y viene lastrada por la ofuscación que es capaz de producir en su cerebro sus prisas por conseguir el poder, lo cómodo que se encuentra aprovechándose de sus ventajas y la suma candidez e ignorancia de cómo se las traen los comunistas, cuando se trata de derrocar a quienes se fían de su lealtad, confiando en que nunca los van a traiciona.


Es evidente que, para el señor P.Iglesias, esta ha sido la primera etapa de su plan para hacerse con el poder; no en plan de subordinado como parece haber aceptado al firmar este acuerdo con Sánchez, sino un camino que le va a permitir meter baza en toda la gestión gubernamental, de hecho ya ha conseguido aumentar los permisos de los padres, incrementando los impuestos en toda España, convirtiéndose en una pieza fundamental en la estrategia de apoyo a los separatistas y transformándose, pronto se verá, en un cancerbero de los empresarios, poniendo en práctica lo que es propio de los regímenes totalitarios, como es la limitación de las libertades individuales y su intervención en el ámbito de las empresa privada, promocionando la presencia de empresas estatales que les hagan la competencia. Nada nuevo que no se haya utilizado en los casos en los que un estado dictatorial, de los muchos que han existido a lo largo de la historia, ha burocratizado la industria y ha militarizado la economía del país.


Puede que, en estos momentos, Bruselas esté más preocupada de lo que está sucediendo con Salvini en Italia y con los presupuestos que han presentado ante la UE en los que no hacen caso de las limitación de gasto que se les impusieron y han prescindido de los consejos que repetidamente han recibido de las autoridades económicas de la comunidad europea. Una circunstancia que, a criterio de los analistas, puede hacer que no se fijen demasiado en las incongruencias que existen entre ingresos y gastos, los primeros hinchados y los segundos minusvalorados, y les den, a los que los presentaron la posibilidad de que demuestren que están en lo cierto, reservándose para más adelante, el dar las advertencias, el pedir las explicaciones y el aplicar las correcciones y las sanciones que, un incumplimiento de lo establecido en los presupuestos presentados, pueden acarrear a la nación española. Lo que sucede con estos regímenes autoritarios es que, prescinden de cualquier limitación democrática que les impidiera llevar a cabo aquello que les conviene y beneficia; desentendiéndose de los tribunales (el caso de Venezuela ha sido la muestra más evidente de hasta dónde puede llegar en su desvergüenza un dictador) y prescindiendo de las protestas de la oposición, aún en el caso de que todavía la tengan lo que todavía los convierte en más peligrosos para la gente corriente.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no nos queda más remedio que denunciar a aquellos que intentan, mediante marrullerías e intentos de puentear las instituciones ( el Senado, por ejemplo), el poner en marcha lo que puede significar un cambió de nuestra democracia para implantar un sistema opresivo y destructivo de nuestras instituciones, intervencionista y dictatorial, que conduzca a nuestro país a otro caos, parecido al de Venezuela, el país que ponen como ejemplo los señores de Podemos.

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