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Etiquetas:   Lupa Deportiva   -   Sección:  

Del partido soñado al detestado

Adrián Candal
Adrián Candal
sábado, 11 de febrero de 2006, 01:09 h (CET)
Esta extraña Copa, que algunos se han empeñado en estropear desde el principio, está llena de contradicciones. Primero juegan los de segunda entre si. Un duelo fratricida del que sale un equipo que se posteriormente se enfrenta a un Segunda B. Luego entran los de Primera División. Digamos los de ‘segundo nivel’. Y de lo que quede de todo eso llegan los europeos e ‘Intertotos’. Y una vez que está todo el mundo, vuelven los problemas. Que si unos juegan una semana, que si otros piden que se de por perdido la eliminatoria al rival, que si se tiene que jugar dos veces un partido, que si no se conoce la fecha de vuelta de una de las semifinales, que si unos comen comida en mal estado… ¡Madre mía, esto no hay quien lo entienda!

Pero lejos de esos líos aún hay hueco para el buen fútbol en la Copa. El que prodiga el equipo de moda: El Real Zaragoza. Si ya había dado la sorpresa eliminando al Barcelona y metiéndole 5 goles en total, ahora le tocó al Real Madrid. Corriendo las bandas como el que nadie, matando en cada una de sus oportunidades y con dos hombres dinamita como Ewerton y Diego Milito, poco pudo hacer el Madrid. Una endiablada efectividad en ataque (de 12 ocasiones, 6 goles), con solo 39% de posesión y ante el equipo con mayor presupuesto de la Liga. Normal que en La Romareda pidieran con ahínco la convocatoria de Cani, uno de los futuros cracks de la liga, y de Milito-gol. Si este equipo tuviera la defensa del Valencia, por ejemplo, estaría mirando a cotas más altas.

Fue un auténtico recital de fútbol. Si uno olvidara por un momento cuales son sus colores (lo digo por los blancos) y se pusiera a ver el partido del miércoles, se lo hubiera pasado de lo lindo, suponiendo que le guste el fútbol. Eso si que es balompié. Atrevido, directo, sin contemplaciones y con efectividad. Todo lo contrario a lo visto anoche en el Olímpic de Barcelona. Espanyol y Deportivo de A Coruña protagonizaron un partido que no tuvo ni un solo símil son el visto en la capital maña.

43 faltas, 1 expulsado, 8 cartulinas amarillas, 55 minutos de juego parado, dos irrisorios penaltis, y una actuación lamentable de Medina Cantalejo y de los dos equipos. Sin bandas, sin incisión, sin ocasiones de peligro… Solo despejes y quitarse balones de encima. Al final, Pandiani pudo vengarse ante su ex-equipo en una de las pocas buenas jugadas, aunque todo quedará en el aire para el partido de Riazor.

Y sin embargo, estamos hablando de lo mismo. De dos partidos que valían lo mismo. De las semifinales de un título oficial y prestigioso como la Copa del Rey. Un pase a la UEFA por la vía rápida. Parece que una vez más algunos equipos lo infravaloran, y lo que es más grave, algunos organismos también. Y aún quedan fascículos por entregar, sin fecha concretada, antes de jugarse la final.

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