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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

China: ¿la gran esperanza?

Raúl Tristán

jueves, 9 de febrero de 2006, 21:29 h (CET)
Ante los acontecimientos que se viven hoy, causados por el auge indiscriminado de determinadas ideologías religiosas, una duda me asalta: si antes occidente, el núcleo europeo de países civilizados, de democracias consolidadas, tenía en los EEUU a su particular garante de ese costoso y duro de alcanzar Estado de Bienestar, democrático, seno de la libertad de expresión, del libre fluir de las ideas, cuna del individuo como ser realizado y pleno, del ciudadano independiente de ataduras mentales colectivas retrógradas y ancestrales; ahora, cuando se demuestra la incapacidad del Gran Hermano americano, cuando se hace patente su ineficacia como omnipresente y todopoderosa policía del mundo y aparece en el horizonte un atisbo de la decadencia que aguarda a todo imperio, me pregunto: ¿quién nos salvará de las posibles futuras hordas invasoras?

II Guerra Mundial: los EEUU se mostraron a los ojos de todos como los únicos capaces de liberarnos de las garras depredadoras del devastador nazismo. Ni la grandeur de Francia, ni la tenaz resistencia solitaria de la isla británica, pudieron evitar sucumbir, de una manera u otra, al demoledor avance de una ideología destructiva que amenazaba vidas, ideas y formas de concebir la vida.

Pero en los momentos actuales, la situación es muy diferente. Ya no hay un ejército disciplinado y organizado contra el que luchar.

Europa es un conglomerado de naciones incapaces de llegar a acuerdos sólidos en una dirección clara. Por más que se intente convencer a los ciudadanos, la Unión Europea es una unión de mercaderes, y ya se sabe que el mercader, cuando ve peligrar su mercancía, por el ataque de los salteadores, se olvida del mercader compañero de viaje, y sólo se ocupa de azuzar a su asno, para evitar que la preciada carga que transporta caiga en manos de los bandidos. La suerte que corra el mercader hasta entonces amigo, no la considera asunto de su incumbencia.

La II GM dio claras muestras de ello: una Francia en cierta medida colaboracionista, una España “neutral”, un inicial pacto germano-soviético para el reparto de Polonia, una Gran Bretaña preocupada en mantener la inviolabilidad de su territorio...

Ni la unión de Europa (incluyendo Rusia y todos los países del este, así como Turquía), con los EEUU y por ende Canadá, y Australia, podrán frenar las amenazas actuales a la libertad e integridad de las naciones.

He madurado la idea, tal vez epatante para algunos a fecha de hoy, de que, únicamente China, la gran potencia emergente en el terreno económico, puede ser la clave de un futuro para la forma de vida que conocemos como occidental. En cuanto a América del Sur, bastante haremos si logramos “blindarla a negativas influencias. Deberíamos centrar la actividad respecto a ella en dar apoyo incondicional a las democracias nacientes, única vía de socorro existente para lograr la libertad de los pueblos.

En cuanto a China, cuenta con el contingente humano necesario y suficiente (es el país más poblado del mundo, con más de 1300 millones de habitantes) y posee una economía en rápida expansión, en vertiginoso crecimiento.

EEUU y Europa deben de intensificar de manera imperativa, inmediata, el acercamiento a China, de modo que éste país haga suyos los mismos ideales democráticos, políticos, económicos, ideológicos, religiosos y culturales que guían al mundo libre y moderno.
Y todo ello como lo han hecho los demás países: conservando su propia identidad.

Si las democracias saben atraer para sí a China, ésta será la gran esperanza para el mundo, no lo dudo. De lo contrario, será un eslabón más en la cadena que propugna la desaparición de los Estados democráticos y libres.

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