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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

Ya está bien, jái

Santi Benítez
Santi Benítez
miércoles, 8 de febrero de 2006, 22:54 h (CET)
Leía el otro día decir a alguien que no era cuestión de condenar la violencia, sino de analizar sus causas. Obviando que una cosa no quita la otra, la pobre descerebrada que lo propuso lo hacía para soslayar que ella es una proetarra, ella misma lo dice, no se escandalicen, que expone las bobadas de aquellos que usan el asesinato como argumento político en nuestra democracia. Demasiado plomo alojado en el cerebro, que diría Timothy Garton. Sin embargo, eso es pecata minuta, sobre todo viniendo de quien viene, en comparación con el nivel de sin razón que está alcanzando el fanatismo islámico en cuanto a peligro real para la convivencia pacífica en occidente.

Otro descerebrado decía que la religión musulmana es una creencia en vías de extinción tras la invasión de Iraq (¿...?). Que digo yo, viendo que aún perviven los estalinistas después de tantos años de la caída de la URSS y siendo vendido el muro de Berlín a trozos como souvenir, como que podría haberse guardado la reflexión para la tasca y cuando los contertulios llevaran unas cuantas copas de más. Intelectualidad de taburete de barra americana, que diría Maruja Torres. La cuestión es que no se extingue, es que se exporta, y con éxito además. Y es un problema de incalculables proporciones, si tenemos en cuenta que nuestras sociedades están reguladas como Estados de Derecho y las suyas basadas en un libro religioso. Los españoles entendemos mejor el brete porque hasta el otro día, como quien dice, sufríamos el nacional catolicismo en carnes propias. Y aún hoy seguimos con su fantasma en el cogote, ya se encargan de eso Pío Moa, LoSantos y Rajoy.

En principio se puede simpatizar con la causa palestina, con la lucha contra la invasión yanqui por parte de los iraquíes, claro que sí, sólo hay que ponerse en pellejo ajeno para entender que sino todas, gran parte haríamos lo mismo si nos viéramos en su situación. Pero es que amor no quita conocimiento. Una cosa es entender la lucha de los palestinos para que se les devuelva su país, o la de los iraquíes por sacar de allí a los soldados estadounidenses, y otra muy diferente entender que porque alguien dibuje una caricatura riéndose y ridiculizando el fanatismo islámico se queme una embajada en Damasco.

¿Y cual es la causa para que esto suceda? ¿Cuál es la causa de esta violencia? ¿La opresión? ¿La lucha de clases? ¿La injusticia social? Pues no. La razón es el intento de imposición de unos postulados religiosos en cuanto a lo que se puede o no se puede decir, a lo que se puede o no se puede expresar, a lo que se puede o no se puede criticar.

Y lo más gracioso de todo es que la iglesia católica les dá la razón. Si cuando digo que lo de Rattzinger hablando sobre que el laicismo es peligroso iba a traer cola...

Para colmo leo un artículo de Mariano Pujadas cuyo título es, agárrense los machos, “Las caricaturas de Mahoma: Una provocación para justificar la guerra contra Irán”. Que digo yo, mira que hay que tener imaginación para mezclar que fanáticos musulmanes quemen embajadas en Siria y el Líbano, con unas caricaturas dibujadas hace cuatro meses en Dinamarca y, finalmente, con que Irán obtenga capacidad para fabricar armamento nuclear. Aunque que quieren que les diga, si me pongo a pensar en la que han armado con lo de las caricaturas, la perspectiva de que esos energúmenos tengan misiles nucleares me seduce tanto como que Bush decida si usar o no los de su país.

Al final las razones de este tipo de violencia no son otras que intentar imponer mediante el miedo y la fuerza aquello que es imposible imponer mediante la ley. Y ejemplos hay muchos, no es exclusivo del fanatismo islámico. ¿Alquien se acuerda de la quema de cines por la película 'La última tentación de Cristo'? ¿Nazis quemando libros? ¿Batatasunos quemando guaguas? Y esto nos lleva a la cuestión que planteaba aquella pobre descerebrada, porque en este occidente nuestro siempre hay algún imbécil, alguna pobre taruga, que pide razones de la violencia de esas minorías a ver si cuela alguno que no sea el deseo de imponer a los más lo que quieren los menos. Porque de eso se trata, no nos engañemos.

Y tampoco pensemos que descerebrados como esa pobre sólo hay en una esquina, que también he leído cosas de la esquina contraria que mezclaban la quema de coches en Francia con esto de las caricaturas. Si bien existe un paralelismo claro entre los disturbios de Los Ángeles, Bristol y la quema de coches en Francia – Las tres situaciones se producen como resultado de una injusticia social clara y palpable – esta última no tiene nada que ver con lo que está pasando ahora mismo. Decir lo contrario es pura demagogia aprovechada por aquellos que, lo mires por donde lo mires, mire usted, no quieren árabes, y quien dice árabes dice sudamericanos, negros, asiáticos o gitanos dentro de las fronteras del país.

Las razones para este tipo de violencia no son otras que el uso de la fuerza por parte de minorías como argumento político, y no hay más. Que ya está bien, jái.

Suena de fondo “Back in the USSR”, de los Beatles...

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