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Opinión
Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   VOX  

VOX no debe verse como enemigo del PP ni Ciudadanos

“Cuando las arañas unen sus telas pueden matar un león” Proverbio etíope
Miguel Massanet
martes, 9 de octubre de 2018, 09:07 h (CET)

Cuando los que nos consideramos conservadores de las tradiciones, defensores del libre comercio, amigos de las libertades individuales, enemigos del caos y de la dictadura comunista, mantenedores de la Constitución del 1978 y partidarios acérrimos de la unidad de España y de la igualdad entre todos los españoles; nos encontramos ante una situación en la que se juntan, en un congreso de un partido, unos cuantos miles de españoles, en este caso convocados por VOX, que reúnen todas las condiciones mencionadas anteriormente, en un lugar como la plaza de Vistalegre, abarrotada hasta la bandera y cuajada de esta hermosura, alegría para los sentidos, que pocas veces tenemos ocasión de contemplar, consistente en una verdadera invasión de los colores rojigualdas de nuestra bandera, repetidos hasta formar un gozoso espectáculo de policromía bicolor para regocijo de todos aquellos que continuamos sintiendo, en nuestro corazón, este profundo amor por nuestra patria, desgraciadamente en trance de perder su identidad, si es que sigue en manos de gobiernos incapaces de defenderla de aquellos que, desde el comunismo bolivariano, desde el extremismo de quienes intentan cambiar la estructura democrática del país o desde las pretensiones soberanistas de aquellos, cuya aspiración máxima consiste en conseguir desmembrar la nación española, para debilitarla y dejarla a merced de todos aquellos que ha esperado siglos intentando conseguir hacerse con ella.


El mero hecho de que, esta exitosa convocatoria de diez mil personas en la plaza de Vistalegre, donde todos los reunidos son partidarios de una España fuera de las manos de la izquierda venida de fuera de España, en concomitancia con los resentidos que siguen guardando su rencor desde sus ideas tabernarias ancladas, después de casi un siglo, en sus viejos e irrepetibles intentos de implantar el rancio comunismo soviético que, desde un intento de restablecer en nuestra nación el Frente Popular, en febrero de 1936, afortunadamente sin éxito, pese a que la incuria de nuestros gobernantes, la tolerancia de nuestras instituciones y la inconsciencia de una sociedad instalada en la comodidad, el egoísmo de sentirse instalado en la buena vida, la poca o nula afición por la política, y la falta de estímulos que los alertaran de los peligros que rodean a toda sociedad, instalada en la seguridad de que nada malo puede ocurrir, de que los “malos” siempre acechan escondidos en las alcantarillas de la traición, la deslealtad, la envidia y el afán de venganza que siempre existe en aquella parte del lumpen social, que se siente postergado por la sociedad en general; todavía no han conseguido su propósito. Ha puesto en aviso, por distintos motivos, a izquierdas y derechas, celosas y preocupadas de que un partido al que no se le había concedido posibilidad alguna de formar parte del arco político del país, haya sido capaz de despertar, de asomarse a la ventana del Parlamento y ser capaces de conseguir, si los distintos estudios realizados por las empresas de confección de encuestas no fallan, en las próximas elecciones, arañar algunos escaños para la próxima legislatura.


El efecto en las izquierdas, que se ha apresurado a ponerle el san Benito a Vox de ser de extrema derecha, sin que exista motivo alguno para aplicarles tal apelativo si no es que, para los de la izquierda, si bien son capaces de las ideas más atribularías y las actuaciones más totalitarias, lo que nunca consienten es que haya quien sostenga unas ideas radicalmente contrarias a las suyas sin que, por ello, dejen de calificar a quien las mantenga de ser un extremista, fascista, franquista y como colofón: una persona que no tiene derecho a vivir en sociedad, al menos en la que ellos en su aberración suma, piensan que debe existir. No han dejado discurso sin criticar, promesa sin descalificar, ovación sin calificar de sectaria ni himno sin acusarlo de ser una copia de otras melodías existentes (dijeron que a una canción gay de los Pet Shop Bois, le habían puesto una letra entonada como “ “En pie si eres español ¿ Y qué si así fuera? No importa quien la escribió si servía para ayudar a animar a todas aquellas personas reunidas con el sólo fin de intentar acabar con todo lo que las izquierdas han conseguido implantar durante el tiempo en que, el señor Rajoy y su PP descafeinado, teniendo mayoría absoluta, fueron incapaces de impedir. Y un periódico como La Vanguardia, de los Godó, siguiendo su línea de apoyo al independentismo, no ha tenido inconveniente, en uno de los comentarios al acto de Abascal, de sin el más mínimo miramiento utilizar, para calificarlo, la palabra “pastiche”, olvidándose de que, el hecho de utilizar una melodía para ponerle una letra improvisada para el momento, sin afán comercial ni crematístico alguno sino, simplemente, en tono festivo, no puede considerarse nunca como un plagio o una apropiación indebida, de un tema musical. Nos andaríamos con tiento, si fuéramos responsables de dicho periódico, como es el caso del director del mismo, La Vanguardia; con lo que algunos de sus colaboradores, sin el menor sentido de la responsabilidad, se atreven a publicar en su publicación diaria ya que algunos, como la señora Rahola, puede que, en sus referencias a España, a los españoles y a sus políticos rondan, en muchas ocasiones, lo que penalmente se considerarían calumnias o injurias y, en otros de sus bodrios, es muy posible que existiese una verdadera incitación a delinquir en contra de nuestra Constitución y de la unidad de nuestra nación.


En el caso de las derechas, ya comentamos en su día, cuando el señor Pablo Casado consiguió ser nombrado presidente del PP en su enfrentamiento a la, felizmente, apartada de la política activa, señora Sáez de Santamaría, corresponsable con el señor Rajoy, de lo que ha estado sucediendo en este país durante los últimos años; la posibilidad de que tuviese contactos con los señores de VOX, dado que sus intenciones puede que, si en realidad pensaba lo que decía cuando se pronunciaba como un revulsivo contra la política pazguata de su antecesor, como un político dispuesto a entrar en aquellas cuestiones que, el PP de Rajoy, había prometido que tendría en cuenta y luego, cuando subió a poder, no se sabe si por mojigatería, por no tener enfrentamientos con sus oponentes en el Congreso de Diputados o por el simple hecho de que, entre los que subieron al poder, juntamente con Rajoy, los había que no estaban de acuerdo con políticas que se pudieran considerar tan de derechas que temieran que iban a complicarles la legislatura. Y así fue como se cayó en el polo contrario y los enemigos de España y los separatistas tuvieron la oportunidad de sacar buen provecho de todo ello.


Yo de Casado no entraría, como se puede deducir de sus primeros comentarios sobre el éxito de Abascal, en descalificaciones prematuras, ninguneos precipitados o, si me apuran, en campañas descalificatorias inoportunas, gastando salvas en enfrentamientos fratricidas con un partido que, si bien puede considerarse en competencia con el PP, no hay nada en su ideario que, a una gran mayoría de los que simpatizan con el PP, no les agrade y no suscribiese si se les pusiese delante. Más bien, sin renunciar a defender con toda valentía y eficacia las propuestas, evidentemente innovadoras que, con toda seguridad va a poner a la vista de los votantes el señor Casado, olvidándose de las viejas comadres que todavía puedan quedar entre los menos maleables del PP, que pudieran aconsejarle más moderación; no le aconsejaría que perdiera su tiempo en enfrentamientos con VOX porque, si después de celebrarse las elecciones, los tres partidos que más parecen defender la actual Constitución, tuvieran oportunidad de, aliados, conseguir formar un gobierno de centro, en lugar del que pudiera proponer la izquierda, liderada por un presidente tan peligroso como es Pedro Sánchez y con la necesaria colaboración de Pablo Iglesias de Podemos, es evidente que, el riesgo de que una entente semejante representaría para la nación española, requeriría de cualquier esfuerzo o sacrificio para impedir que una desgracia semejante se pudiera consumar.


Es evidente que, desde la atalaya de mero ciudadano de a pie, no estamos lo suficientemente documentados para tener una visión como la que disponen los políticos del Gobierno o de la misma oposición, no obstante, si uno sigue con cierta regularidad los acontecimientos que se vienen produciendo en nuestro país, observa como el actual gobierno del señor Sánchez está medio desarbolado por los acontecimientos que, quieran o no reconocerlo, ya han servido para que el carisma del primer momento de su acceso al poder, vaya despareciendo poco a poco a medida que los hechos van desmontando, ladrillo a ladrillo, esta especie de torre de babel que pretendieron construir, al margen de los ciudadanos, en sus negociaciones secretas con los separatistas vascos y catalanes, por las que ofrecieron compensaciones ( fácilmente identificables en las concesiones que cada día se pueden apreciar que se les van haciendo a los separatistas) y promesas de futuras facilidades, si no para conseguir la independencia pretendida, algo que ningún gobierno puede prometer sin cometer deslealtad con la nación, puede que sean de carácter económico, de autogobierno en un sistema federal que requeriría una reforma de la Constitución, algo impensable sin la colaboración del PP.


El tema es lo suficientemente enjundioso para que se tome con sumo tiento y precaución si es que, tanto el señor Pablo Casado, como los señores Rivera y Abascal, aun manteniendo una cierta rivalidad, si es que no deciden presentarse a las municipales como una coalición (algo que, sin duda sería muy ventajoso), al menos que no hagan “sangre” en sus inevitables enfrentamientos en sus campañas electorales. Lo contrario, permítanme que lo diga, constituiría una imperdonable falta de sentido común y. con muchas posibilidades, un grave error para España entera.

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