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Charnegos de ida y/o vuelta: todos somos charnegos

Pelayo López
Pelayo López
martes, 7 de febrero de 2006, 02:35 h (CET)
Esta semana, que ha estado tan movida, me es imposible decantarme por un solo asunto para abordarlo más en profundidad, así que intentaré amalgamar varios de ellos y que el resultado siga siendo coherente, que al fin y al cabo es lo mínimo exigible vistos los tiempos en los que nos movemos. Conocíamos, en primer lugar, algunos datos económicos preocupantes correspondientes al pasado mes de enero.

El incremento del IPC armonizado aumentó cinco décimas hasta situar su baremo interanual en el 4,2%, y el paro, por su parte, subió un 3,2%, o hablando de personas -algo con lo que parece no contar quien echa las cuentas-, 68.566 hombres y mujeres. La primera de las cifras, achacada a los precios energéticos, supone, pese a que las rebajas deberían haber jugado un papel más amortiguador, el triste récord histórico del peor dato desde que comenzó esta contabilidad allá por 1997 –no se promete nada bueno como pueden comprobar, y eso que aún está por llegar el dato definitivo el próximo día 16-. Mientras, la segunda, cuyo impacto algunos minimizan argumentando que enero siempre es un mes alcista, eleva por cuarto mes consecutivo el número de desempleados en nuestro país, y lo hace hasta 2.171.503 personas –sí, han leído bien, personas, no cábalas estadísticas-. Eso sí, en este último caso, en el último balance interanual la cifra se ha reducido en 5.096 personas –escueto resultado para alardear tanto, sobre todo si tenemos en cuenta que el paro ha subido este pasado enero en todos los sectores menos en la construcción y ha sido más proclive a incidir en las mujeres-. Resulta curioso por tanto, que al igual que el anterior gobierno popular, el actual socialista trate de sofocar sus calores esgrimiendo que la contratación ha vuelto a alcanzar un nuevo ¡techo histórico! en lo que se refiere a enero: 1.472.539 contratos. Pero más curioso resulta todavía que, a poco por la labor que uno esté por pensar, se pregunta: ¿y cómo con esa cifra de contratos el paro sigue subiendo?. Respuesta: contratos –salvo un 10.85% indefinidos- precarios/temporales o bordeando ese margen, con lo que todos nosotros sabemos que ese calificativo supone.

Sin embargo, en un asunto similar, el desalojo forzado de Eduardo Fungairiño de la Fiscalía del Estado por parte del Fiscal General Cándido Conde-Pumpido. Lo cierto es que la medida parece normal, al menos si se tiene en cuenta que una institución como ésta –en la que, por otro lado, la política está muy cercana, quizás demasiado, a la justicia ¡ciega y justa!- mantiene una estructura piramidal y unas reglas de conducta que no pueden ser saltadas a la torera, ni siquiera por personas que han mantenido una actitud manifiestamente plausible y orgullosamente honrosa en materia terrorista. Igual de polémica, aunque más incendiaria –en sentido literal, aunque esperamos que las piras se apaguen rápidamente para que no vayan a mayores- han sido las caricaturas de Mahoma publicadas en varios diarios europeos. Hay cosas con las que no se juega, entre otras cosas porque, aunque no las comparta, debe respetarlas, máxime si atendemos a que los comportamientos de algunos colectivos se caracterizan por el fanatismo. No hace falta más que echarle un vistazo a lo que sucede cuando en un partido de fútbol salta la polémica: las declaraciones de los propios jugadores, entrenadores y presidentes, o las reacciones del público. Si eso pasa en el fútbol, que es un deporte, qué no sucederá si se tienta la religión derivada en 'fe-natismo'. No hace falta ser muy inteligente, por francés, danés o noruego que se sea, para darse cuenta de que el horno internacional no está para echar más leña.

Como vemos, todos somos charnegos en la viña del señor. Por más que a algunos les pese y sea lo que piensen a micrófono cerrado –rectificar nunca está de más, es de sabios, ya lo dice el refrán, pero queda visto el plumero, y empieza a ser la norma y no la excepción, que a ministros, presidentes y demás se les escucha fuera de micrófono salidas de tono y desatinos varios-. No sabemos si el término es aplicable también a infantas que residen en Cataluña y a príncipes que se destapan hablando catalán en público, pero lo cierto es que casi todos somos charnegos, incluso quien lo dijo –no sabemos si en tono peyorativo o guasón, en todo caso sobra igual- es charnego en un sillón en Madrid. Charnego, maqueto o como quiera que se llame en su región, en alguna ocasión en la vida, cada uno de nosotros somos charnegos de ida y/o vuelta, todos somos charnegos.

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