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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

El envite de Plà

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 5 de febrero de 2006, 23:22 h (CET)
Este País, región o antiguo reino donde vivo y que desde la obtención de su autonomía en 1982 es conocido con el nombre de Comunidad, como si fuera cualquier casa de vecinos, suele vivir en una burbuja, y no me refiero a la urbanística, que también. Hace algún tiempo el lema que utilizaba el partido en el poder- aquí los chicos de la gaviota- era “Anem a més”, vamos a más en la lengua que ellos suelen utilizar que es el castellano o español como a algunos, que no a mí, les gusta denominarla. Pronto entendimos que aquel ir a más quería decir que algunos de ellos irían a más, sobre todo en su patrimonio, mientras estuvieran calentado las poltronas del poder y la decisión. Otros se dedicarían, mediante “hombres de paja”, a defraudar a Hacienda- ahora la judicatura volverá a salvar a los presuntos defraudadores de Terra Mítica como ya hizo con Zaplana por un defecto de forma-, y otros colocarán a sus familiares en el Ivex mientras le regalan a Julio Iglesias cerca de mil millones de las antiguas pesetas pagadas, eso sí, en un paraíso fiscal. Ahora entiendo ese “vamos a más” de su lema. Naturalmente ellos van a más mientras una parte de los valencianos vemos pisoteados nuestros derechos y, naturalmente, vamos a menos. Por todo ello no han querido aceptar ni una coma en las enmiendas que el resto de partidos han querido introducir en la discusión del Estatut de los valencianos. Aquí se trata de salvar la caja fuerte y lo que esta alberga y con las cosas de comer y el dinero no se juega.

La verdad es que a veces pienso que los valencianos tenemos los políticos que nos merecemos tanto si miramos a la derecha como a la izquierda, sin olvidar los puntos extremos de las mismas. Tuvimos un “blasquimo”- seguidores de Blasco Ibáñez- cuya única obsesión era, como ahora en muchos casos, atacar a los nacionalistas valencianos y agitar el fantasma del anticatalanismo. Tan sólo durante la época republicana el País Valenciano, o como quieran ustedes llamarle, contó con algunos, pocos, políticos preocupados por estas tierras. Durante el franquismo nuestras primeras autoridades se dedicaron a encender de manera continua botafumeiros llenos de incienso mientras hacían falleras mayores a la hija del dictador y a la del general que tomó Valencia instaurando un régimen de miedo, fusilamientos en los muros de Paterna y sumisión al orden de los sables. En la transición, tan alabada por algunos, se nos negó el derecho a acceder a la autonomía por el Art. 151 de la Constitución como pedían la mayoría de plenarios de los Ayuntamientos y Abril Martorell, con la colaboración del PSOE, recortó nuestras aspiraciones autonomistas y nuestras señas de identidad.

Ahora, veinticinco años después de la discusión de aquel primer Estatut nos ha vuelto a pasar lo mismo. Al President Camps, del Partido Popular, le interesaba acabar esta su primera legislatura con un gran logro y este era un nuevo Estatut para los valencianos. El PSPV, versión localista del PSOE, no quiso perderse la foto y Ignasi Plá, su cabeza de cartel, pactó y trago carros y carretas a todo lo que los populares le propusieron. A los valencianos de a pie no nos hace falta ninguna nueva ley estatutaria como la pactada en la que casi el 10 % de los votantes volverán a quedarse sin representación en el Parlamento valenciano y cuando vimos la foto de Camps y Plá dándose la mano y felicitándose por haberse conocido pensamos que a los socialdemócratas valencianos les habían vuelto a colar un gol entre las piernas del portero.

Hace algunas semanas y al rebufo de las discusiones del Estatut catalán Ignasi Plà decidió que iba a lanzar un envite al PP solicitando en Madrid lo que no se atrevió a pedir en Valencia. Dijo que no se aprobaría la ley valenciana si no se rebajaba el tope del 5% necesario tan sólo en la Comunidad Valenciana para acceder al Parlamento y si no se modificaban algunos conceptos sobre la lengua. Los buenos jugadores de cartas saben que cuando uno se tira un farol ante el tapete verde tiene que tener previstas todas las salidas si éste le sale mal. El líder socialista demostró ser un pardillo, tal vez no era consciente que junto a él en la redonda mesa del póquer estatuario se sentaban afinados tahúres del viejo Turia, que no del Mississipi, y que acabaría como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando ante la ejecutiva central de su partido.

El Partido Popular se enrocó, conociendo el terreno que pisaba, en sus propuestas y desde la calle Ferraz, hartos de tanta discusión por el Estatut catalán dieron orden de hacer marcha atrás. Y Plà se la envainó y firmó todo lo que le pusieron delante de la mesa Trillo y Ciscar, los dos “capos” que han negociado nuestro parco Estatut. Media ejecutiva del socialismo valenciano ha criticado esta actitud de su Secretario General que les ha llevado a ser, una vez más, el hazmerreír de todos los valencianos. Tan sólo han conseguido sacar del texto del Estatut el tema del exigente 5% de votos en el ámbito de todo el País o Comunidad que ahora deberá plasmarse en una nueva Ley Electoral. Pero estoy seguro que cuando se discuta en las Cortes Valencianas esta nueva Ley, a pesar de que son necesarios los votos socialistas, volveremos a lo mismo. Y es que para jugar y lanzar órdagos hay que ser muy listo y no parece que el señor Plà lo sea. Ahora que parecía haber domado las aguas que bajaban turbias y bravías en el socialismo valenciano ha perdido una nueva oportunidad lanzándose a las mismas sin ningún salvavidas protector. El PSPV que nunca fue un partido del que la izquierda valenciana se fiara, al día de hoy ha perdido toda su credibilidad y a su líder, el señor Plà, tan sólo le queda una salida: tomar mucha tila y presentar la dimisión por el triste papel que ha hecho. Una vez más el PSPV ha demostrado no ser digno de unas siglas históricas y que su verdadero nombre es PSOE, como siempre han demostrado estar sumisos y genuflexos ante las ordenes provenientes de la calle Ferraz, sede del Partido Socialista Obrero Español, cada día menos socialista y obrero y cada día más español a pesar de las tretas empleadas por ese trío de la benzina – por aquello de prender fuegos- de Rajoy, Acebes y Zaplana.

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