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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

Libertad de expresión

Santi Benítez
Santi Benítez
domingo, 5 de febrero de 2006, 23:24 h (CET)
En mi artículo anterior hacía una referencia clara sobre las tácticas de censura que intentaban imponer en la red empresas como Axpe Consulting, organizaciones pseudo cristianas con prácticas mafiosas como Hazte Oir, y grupos de extrema derecha como FE/La Falange. Es práctica habitual -por lo menos en estos tres casos lo ha sido- comenzar con amenazas de denuncia ante los tribunales, aunque normalmente terminen en simples bravatas que no llegan a ninguna parte –yo todavía espero con gran ansiedad la querella que me prometió FE/La Falange o que Axpe Consulting se dirija a mi en los términos en los que lo hizo con David Lozano Lucas– y todo ello nos lleva a uno de los grandes logros de nuestra democracia, en realidad yo diría que es el máximo pilar en el que se apoya: el derecho a la libertad de expresión.

Ese derecho me permite opinar lo que quiera sobre lo que guste. Y a eso hay que sumarle el derecho a ser sarcástico, irónico, reirme o hacer mofa con el tema que me dé la real gana, aunque sea de mal gusto, ya que soy completamente libre de tener el mal gusto que quiera en mis opiniones. Puedo reirme del machismo, del feminismo, del terrorismo, de los terroristas, de las víctimas del terrorismo, de las fuerzas de seguridad del Estado, de los sindicatos, del gobierno, de los violadores, de las mujeres violadas, de todo. Yo decido de qué, si me da la gana hacerlo. Y eso incluye la religión, los creyentes, la Biblia, el Corán o el Libro mormón.

Puedo decir que Losantos es un impresentable imbécil, o que Pío Moa es un cretino que escribe sobre historia como si fuera ciencia ficción. Pero jamás nadie me oirá o leerá decir, ni siquiera insinuar, que no se les permita expresarse. Su derecho a la libertad de expresión es el mismo, ni más ni menos, que el mío o el de cualquiera.

Lo que ha ocurrido con el diario danés al publicar una serie de caricaturas sobre el fanatismo islámico es intolerable. Y no me estoy refiriendo a la publicación de las mismas, me refiero al intento de censura por parte de fanáticos religiosos de esas caricaturas. Todo el mundo tiene derecho a profesar, si quiere, una religión. Pero sus creencias no le dan derecho a censurar opiniones, expresiones o chistes. En Occidente el delito de impiedad murió con la inquisición. Que el presidente de Dinamarca saliera en televisión a pedir perdón por las caricaturas es un despropósito tal que merece un artículo aparte. Esos chistes se han convertido en la excusa para tolerar que unos fanáticos armados impongan su opinión.

Y aquí las opiniones se expresan, no se imponen, y menos por las armas. ¿O es que no hemos aprendido nada desde Hitler y la quema de libros en Bebelplatz, Berlín? Quizás es que deberíamos dejar de reirnos de las chapelas de los etarras porque empuñan una pistola, o de hacer mofa de esa frase de Bush tan famosa en el portaviones hace tiempo, ya saben, 'Hemos vencido', cuando aún hoy día les están zurrando la vadana en Iraq, y deberíamos dejar de mofarnos de ello porque los Estados Unidos tienen armas nucleares. Y menos mal que la guardia suiza de El Vaticano sólo tienen sus picas, que sino...

No se puede dar ni un paso atrás en la defensa de la libertad de expresión.

Iñaki Gabilondo decía la otra noche que quizás habría que aprender a conjugar el derecho a la libertad de expresión con el respeto, en este caso a las creencias de los demás. Pues lo siento Iñaki, pero te equivocas. Ese respeto ya va implícito en el Estado de Derecho, que permite la profesión de la religión que quiera cualquier persona y marca las diferencias entre derecho a la libertad de expresión y el delito de apología. Querido Iñaki, ¿qué hubieras dicho si en vez de ser musulmanes hubieran sido cristianos pidiendo la cabeza de un caricaturista? Me da la impresión que sería algo muy diferente.

El otro día un dirigente de Hamás decía que Occidente tiene sus constituciones y que ellos tiene el Corán. La diferencia estriba en que yo sí me puedo reir, si quiero, de la Constitución y del Corán. Y a ellos les cabrean nuestras constituciones y fanatizan la lectura de un libro. Esa es la diferencia.

Es una incongruencia absoluta decir que el islam es tolerancia y amor empuñando un arma y pegando tiros, censurando aquello que dicen los demás, llamando enfermas a las sociedades occidentales cuando en un discurso del presidente de Irán las mujeres son separadas de los hombres por una valla; será para que no se les pegue nada.

Yo diría que la revista Zero debería hacer un reportaje sobre ese afán de mantenerse juntitos que tienen los hombres de esos países.

Sonría, que no es para menos, además, es gratis, aunque lleve turbante.

Suena de fondo 'Killing an arab', de The Cure...

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