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Etiquetas:   Crítica de cine  

'Underworld Evolution': hastío esperanzador

Gonzalo G. Velasco
Gonzalo G. Velasco
domingo, 26 de marzo de 2006, 22:17 h (CET)
Hace un par de años Len Wiseman, con apenas 20 millones de dolares de presupuesto, recaudaba más de cien en todo el mundo con una película acerca de una hipotética guerra entre licántropos y vámpiros llamada Underworld. Su éxito, sustentado sobre un estilo visual post-mátrix, una premisa argumental innovadora, y el ajustado traje de cuero negro de Kate Beckinsale, ha traído como consecuencia que Underworld Evolution llegue esta semana hasta nuestras pantallas.

La apuesta de Wiseman no ha variado ni un ápice. Como en su película de debut, todo gira en torno a la acción de tintes neogóticos y a la turgencia envuelta en cuero. El problema es que en esta ocasión la idea, que ya había sido exprimida hasta el límite en la anterior entrega, ya no resulta tan jugosa. Incluso peor, quien no tenga fresco el argumento del Underworld original lo tendrá bastante difícil para orientarse en el laberíntico cacao de monstruos, tiros, conspiraciones apocalípticas y mamporros de este alambicado segundo episodio, pues ni siquiera yo, que llevo un bloc a cada sesión de cine a la que acudo para tomar notas y además, he visto Underworld recientemente, he conseguido decodificar la farragosa narrativa de Wiseman y su guionista, Danny McBride.

Por descontado, tampoco es que la cosa importe mucho. Toda la trama no supone más que un gigantesco McGuffin para ver a la Beckinsale y a su anodino partenaire, Scott Speedman, zigzagueando con un pistolón en cada mano a través de planos cada vez más oscuros, espectaculares y sanguinolentos. Podría decirse en este sentido que Underworld Evolution funciona según la lógica de una película pornográfica: sólo hay acción, los personajes son planos (es un decir), y cada secuencia provoca en el espectador un hastío a duras penas soportable que obliga, una vez vistas dos o tres persecuciones, a plantearse la conveniencia de irse a la piltra.

Con todo, no sería justo pasar por alto que Underworld, pese a sus múltiples defectos, está años luz de otros productos similares como Blade III o Van Helsing. Y lo está por dos motivos: el primero de ellos es su impresionante diseño de producción, donde Len Wiseman se desmarca de la morralla antes mencionada gracias a su experiencia como artista conceptual en numerosos blockbusters hollywoodienses. Cada decorado está cuidado hasta el más mínimo detalle, y a diferencia de lo que estamos acostumbrados a ver en los últimos tiempos, transmiten una fisicidad y un empaque expresivo que entronca algo tan aparentemente posmoderno con el cine de terror más añejo. En segundo lugar, el film hace alarde de una contención inusitada en lo que al uso de efectos visuales se refiere, empleándolos tan sólo para corregir/mejorar/reforzar los hallazgos de los fx tradicionales (prótesis, animatronics, maquetas etc...). De este modo, las criaturas adquieren una vitalidad, un realismo y una fluidez que algunos temíamos no volver a ver jamás en pantalla. Si estas dos virtudes de la película de Wiseman logran crear adeptos entre los directores de cine de acción pervertidos por el lado oscuro de George Lucas, tal vez el título de Underworld Evolution tenga algún significado más allá de la mera sonoridad peliculera... El tiempo dirá.

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