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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

La lengua que discrimina

Raúl Tristán

viernes, 3 de febrero de 2006, 04:27 h (CET)
Ya lo he dicho en alguna otra ocasión, no sé si el mito bíblico del castigo a la humanidad mediante la confusión de lenguas durante la construcción de la Torre de Babel se quedó sólo en eso, en un mito, o si en realidad alguna vez llegó a tener visos históricos y de realidad. Aunque, si les digo la verdad, estoy empezando a pensar que no fue Yahvé el causante del perpetuo estropicio babélico, sino una diversidad de grupúsculos independentistas-nacionalistas empeñados en marcar sus diferencias para con los otros, su superioridad, su derecho a tener más que los demás y, sobre todo, el deber de los otros de respetarles y favorecerles en su delirio de grandeza.

Sí, y ahí comenzó la madre de la más monumental de las estupideces humanas: el creerse superior a otros, en un mayor grado todavía, sólo por el irrelevante hecho de inventarse una lengua, imponerla y excluir de su particular sociedad a todos aquellos que no entraran al trapo de tener que perder su tiempo en aprender un nuevo idioma, cuando aquel con el cual se entendían cumplía a la perfección sus objetivos: comunicarse.

Gallegos, vascos, catalanes, valencianos, aragoneses... todos reclaman su derecho al bilingüismo, a expresarse en “su lengua madre”, a duplicar los renglones escritos hasta en los prospectos de los medicamentos... Creen con ello que su personalidad histórica como comunidad se ve de ese modo diferenciada, y que alcanza un mayor estaus que el de aquellas comunidades que “carecen de una lengua propia”.

Gaitas. Sí, gaitas, cuando la mayoría de eso que se dicen lenguas o dialectos se han fabricado, en la actualidad, a la medida del etnocentrismo político de las comunidades interesadas en crearlas. ¿acaso el vascuence o el aragonés poseían alguna gramática que unificara a sus hablantes, cuando cada valle hablaba de forma y maneras diferentes, tanto que hasta entre ellos les resultaba difícil llegar a entenderse?.

En Aragón pretenden imponernos, de modo taimado y apelando a que de ese modo se es más aragonés que nadie, que nuestros nombres se escriban y pronuncien en aragonés; se va a poner en marcha una Academia de la Lengua Aragonesa, se borran letreros en castellano para pintarrajearlos en “fabla”... una lengua que todavía está inventándose, y que hablan cuatro interesados en poseer la exclusividad de los derechos aragoneses. Aquel que no hable fabla, aquel que no se exprese en gallego, aquel que no suelte improperios en vasco o en catalán... será menos aragonés, menos gallego, menos vasco o catalán que los escogidos habladores de lenguas tan interesantes... hasta los valencianos luchan por distinguir “su idioma” del de los catalanes...

El hombre moderno debe reconocer sus raíces históricas, estudiarlas y conservarlas, pero debe de ser pragmático. Debemos tender a la simplicidad, al entendimiento universal, a la consecución de una comunicación fluida, sin barreras. Esto es lo que parecen no entender los promotores de la preponderancia de las lenguas minoritarias sobre la lengua española. ¿Qué quieren ustedes?. Lo que están consiguiendo: Cataluña, el País Vasco, Galicia... se están convirtiendo en feudos para una minoría lingüística. Muchos españoles no podemos ir a trabajar a aquellas tierras porque en ellas somos apestados, lerdos, panolis, extranjeros, o tontos que desconocemos su importantísimo idioma. Hasta resulta engorroso el mero hecho de hacer turismo.

Exclusión. Eso es lo único que consiguen.

¿Se imaginan que alguien dijese ahora: volvamos al latín, lengua más antigua y común a todos que el catalán, el valenciano, el gallego... (no digo el euskera, que tiene otros procederes)?. No creo que el común de los mortales consintiera en olvidar el castellano para adentrarse en las oscuridades del latín, lengua que jamás debería desterrarse del sistema educativo, de los ámbitos científicos y culturales, pero que no es lógico “resucitar” para convertirla de nuevo en una lengua viva. Ni siquiera en Roma hablan (fuera del Estado Vaticano) el latín de los clásicos, y otrotanto sucede en Grecia y el griego. Lo mismo se puede aplicar a esas otras lenguas que salpican la geografía hispana: como cultura, como medio de comunicación para el que así lo quiera, bien; la imposición, la obligación forzada, el bilingüismo, la cooficialidad, jamás debería de haberse permitido: es dar carta blanca a los nacionalismos excluyentes, que no desean sino unificar a todos sus ciudadanos bajo su monoteísta criterio rector, anulando a los no acólitos, o sea al resto de los españoles.

Por todo ello, permitir, consentir que un Estatuto de Autonomía imponga el catalán como lengua imprescindible para todo tipo de examen de oposición, o plaza de profesor, o de policía, o de bombero, o de barrendero, o en la Universidad, o en los Ayuntamientos, o... es permitir la destrucción del libre tráfico de personas dentro de nuestro propio país. ¿por qué un catalán puede venir a una Universidad de Aragón a ocupar una cátedra y, sin embargo un aragonés debe demostrar que domina el catalán para hacer lo mismo en Cataluña?. ¿Dónde está la universalidad de la Universidad, dónde la libertad de cátedra, ¿dónde la igualdad entre españoles?. Y no me digan que los aragoneses podrían hacer lo mismo con la fabla... en verdad, espero que ese día no llegue jamás.

¿Se han dado cuenta de que los andaluces hablan un castellano especial, o lo canarios, y no reivindican el idioma canario o el andaluz?. Y todos reconocemos su idiosincrasia, la respetamos, y ellos no nos la imponen, no la utilizan contra los demás.

Respetemos los idiomas, las lenguas, los dialectos. Estudiémoslos, utilicémoslos, sintámonos orgullosos de ellos si queremos, pero no los convirtamos en arma de exclusión, de diferenciación , de prepotente superioridad.

El idioma debe de servir a su fin, que es la comunicación, no lo pervirtamos convirtiéndolo en una herramienta para el nacionalismo destructivo.

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