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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Sobre el acuerdo de Zapatero y Mas

Mariano Estrada (Alicante)
Redacción
martes, 31 de enero de 2006, 00:51 h (CET)
El señor Rajoy no se ha enterado de una carta que yo le escribí, ya que el solo hecho de recibirla hubiera sido un milagro, pero de haber llegado a enterarse hubiera hecho con ella lo mismo que hizo con Piqué: tirarla a la papelera. De manera que lejos de matar al padre y jubilar a sus centuriones, que es lo que yo le pedía para entenderse con un PSOE moderado, lo que ha hecho es elegir el camino de la confrontación.

Claro que Zapatero ha salido por la inesperada tangente de CIU, con lo que ha abandonado de pronto la radicalidad, republicana ella, y ha descolocado al PP como nadie podía imaginar unas nocturnidades antes. Es difícil mantener ahora que España se rompe, pero creo que es muy fácil suponer que los nacionalistas, el mismo día de la firma del Estatuto, lo van a seguir intentando. Luego el acuerdo, en ese sentido, es pan para hoy y zanahoria para mañana. Es decir: inquietud, zozobra y desasosiego.

Al Consejo de Estado no le falta razón: fijen ustedes el techo de las competencias y emprendan después la correspondiente reforma de los Estatutos de Autonomía. Que es justamente lo que yo le venía a decir en esa carta a Rajoy: modérese usted, hombre, céntrese y entiéndase con un PSOE moderado y centrado. Y emprendan entre ambos una reforma de la Constitución. Y luego, constitúyanse y constitúyannos en un Estado de corte federal, que no es tan diferente de lo que tenemos ahora.

Ninguno de los dos me ha hecho caso. Normal, ellos ni siquiera saben que existo, pero ¿qué pasaría con ello, o sea que pasaría con el Estado de corte federal que uno en su modestia propone? Nada. Cada cual podría estar en su sitio y, tal vez, todos estaríamos conformes y contentos. Sin recelos, sin odios, sin temores. Seríamos felices, comeríamos perdices y la convivencia podría volver a instalarse en los amplios segmentos de la sociedad, que son las mayorías mayoritarias, juntas y en dulce armonía de matrimonio bien avenido ¿No es una gozada de sueño?

Sí, éste es el acuerdo que uno, en su inocencia, pergeñaba en su mente en la soledad de las noches sin pijama. Pero la realidad, según dicen, supera siempre a la ficción, y la realidad es ésta. Dos puntos.

1º.- Hay un acuerdo bilateral entre una Autonomía y el Estado. Acuerdo que en su parte económica, que suele ser la más delicada, afecta sensiblemente a los intereses de las otras 16 autonomías, ya que, de ahora en adelante y según las estimaciones que otros han hecho, Cataluña va a recibir anualmente unos 1.800 millones de euros más de lo que ha recibido en el año 2005, además de un compromiso de inversiones de unos 3.000 millones para invertir en infraestructuras en los próximos siete años. ¿De dónde va a salir el dinero si las cesiones del Estado a las comunidades aumentan del 33 al 50% y, por tanto, el erario se enflaquece en la misma proporción? ¿De dónde saldrá el dinero para financiar las infraestructuras de Canarias, Andalucía, Extremadura, La Rioja y otras comunidades deficitarias?

2º.- El acuerdo no detiene ni por asomo las avideces de los nacionalistas (entre los que el PSC no se encuentra a disgusto), ya que al no estar fijados los techos competenciales, los nacionalistas no van a pararse ante nada ni ante nadie. Artur Mas ha sido bien claro. Aún no se ha firmado el Estatuto y ya lo ha advertido: seguiremos exigiendo hasta obtener lo acordado por el cuatripartito en el Parlamento de Cataluña.

Hay ciertamente otras cosas, y no están todas en éstas, pero dicen que consolado el bolsillo los males se soportan mejor. Hay acuerdo. Zapatero cede. Cataluña sale ganando. El Estado apoquina. Pero hay comunidades que van a tener que consolarse con las migajas.

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