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La Cataluña imaginaria y autosuficiente de los separatistas catalanes

“La autosuficiencia es incompatible con el diálogo. Los hombres que carecen de humildad o aquellos que la pierden, no pueden aproximarse al pueblo” Paulo Freire
Miguel Massanet
domingo, 23 de septiembre de 2018, 09:07 h (CET)

Estos seres insignificantes que pretenden hacerse notar, intentando convencernos de que disponen de los conocimientos, las cualidades, la ciencia y la inteligencia precisas para arrastrar a un pueblo tras de ellos, aunque hayan surgido no de un paraninfo universitario, ni del esforzado camino de la investigación científica o del mundo de la epistemología o filosofía del conocimiento; sino por razones oportunistas, procedimientos demagógicos o, simplemente, por el viejo y sobado procedimiento de ir escalando posiciones, no tanto por méritos propios sino por sistemas marrulleros, métodos poco ortodoxos o utilizando los procedimientos de la adulación y el servilismo que, aun siendo muy antiguos, es evidente que siguen proporcionado resultados muy positivos si uno sabe cómo emplear la persuasión o el halago con aquellas personas, la mayoría, que se sabe que son permeables a ambas lisonjas, cuando su ego necesita ser alimentado por el incienso, la coba o el panegírico de quienes son expertos en conseguir favores utilizando con habilidad dicho procedimiento.


En Cataluña, por desgracia, ya hemos tenido varios casos de este tipo de políticos que se han creído superiores al resto de la humanidad y, convencidos de estar dotados de virtudes especiales, han intentado alcanzar el poder no como debería ser, para ponerse al servicio de la ciudadanía, procurar solucionar sus problemas o elevar el nivel de vida de aquellos que les habían confiado la dirección del país sino con otros fines egoístas y espurios. Muchos fueron capaces de tener engañados a los catalanes con promesas de conseguir para ellos una independencia que se pintaba como la consecución de un Nirvana terrenal, un país utópico y situado por encima del resto de Europa, a la que estaban convencidos que pronto habrían conseguido llevar a su terreno particular. El señor Jordi Pujol, apareció como el gran sátrapa de la independencia catalana hasta que se descubrió que, debajo de aquella apariencia (muy trabajada por cierto) de hombre sabio y honesto, se descubrió que, tanto él como el resto de su familia, llevaban una doble vida en la que el conseguir hacerse ricos fue una de sus principales objetivos durante todos aquellos años que fingió ser el Moisés del pueblo catalán en su larga travesía del desierto como comunidad de la nación española.


Finalmente, un simple periodista, un aventurero que ha sabido jugar bien sus cartas, un falso secundario de aquel Artur Mas convencido de que “después de él, el Diluvio”, un tiralevitas que estuvo a la sombra de “su amo” hasta que Mas, como el mismo Julio César, fue desalojado de su puesto por su Brutus particular. Entonces surgió el oportunista que aceptó suceder, al aparentemente inamovible Artur Mas, para ocupar su lugar al frente de CDC; anunciando que sólo estaría en el cargo durante un año. Un año que se ha convertido en un mandato sin fin y, para mayor INRI, intenta conseguir que, desde su retiro de Waterloo en Bélgica, seguir dirigiendo a sus mandados de la Generalitat de Cataluña. A estos efectos puso en su lugar, para que pudiera actuar dentro de España (él es un prófugo de la Justicia), a otro escalador nato, Quim Torra; un taimado con ínfulas de inteligente, modos de patán y seso de hormiga, incapaz de darse cuenta de que, si en Cataluña se llegase a aquella independencia que no se cansa de pedir, esta “imaginada” opulencia que les promete a los infelices que escuchan sus palabras, es probable que, finalmente, lo único que conseguiría sería llevar a Cataluña a la banca rota.


Y es que, ahí es donde se produce la gran estafa que, el independentismo de unos cuantos burgueses catalanes, acompañado por el fanatismo de una pobre gente a la que le han estado lavando la mente y la cooperación de aquellos que esperan sacar provecho de una situación que amenaza con crear un crak económico, algo que, a los comunistas de la Cup o los republicanos de extrema izquierda de ERC o a los de las filiales catalanas de Podemos, les vendría de maravilla para provocar la revolución del populacho que les permitiera hacerse con el poder.


La realidad, no obstante, es que, pese a que la prensa que apoya la rebelión de los catalanes que desean la separación de Cataluña de España, no los confundamos con los que desearan que hubiera más autogobierno en Cataluña pero siguiendo dentro de España, no hace más que dar informaciones que pudieran hacer suponer que todo marcha perfectamente bien en esta autonomía, que las inversiones no se han resentido, que los hoteles están entusiasmados con los resultados del turismo de esta año o que Cataluña está pasando por un periodo de prosperidad nunca visto; la triste evidencia que se desprende de los datos oficiales sobre lo que, de verdad, está ocurriendo en tierras catalanas, es que los indicadores económicos no son tal y como nos lo pintan y que, en el caso de la inversión extranjera en Cataluña se dan noticias tan preocupantes como que, este año, ha descendido nada menos que un 41% respecto al año anterior cuando, la tendencia en el resto de España ha sido exactamente lo contrario, como ha ocurrido en la comunidad madrileña, donde ha aumentado en un 43%.


La señora Colau, alcaldesa de Barcelona, cuando se produjo el caso del barco Aquarius, en el que viajaban 600 inmigrantes, quiso explotar la situación para colgarse medallas de “buenos sentimientos”, de “buena samaritana” y de adalid del acogimiento a los inmigrantes, ofreciendo a Barcelona como ciudad refugio, a la que se le podían enviar cuantos más mejor. Como suele ocurrir con aquellas personas a las que les cuesta poner en funcionamiento correcto sus neuronas, ha sucedido lo que era de esperar, y en este caso, ha ocurrido que han sido tantos los menores de edad que se han refugiado en esta capital, que ya no caben en los centros de acogida y han tenido que ser los cuerpos de policía los que los están acogiendo a los que caben en las diversas comisarías donde, a trancas y barrancas, se les permite dormir y se les da comida. ¡Lo peor del caso es que ahora, esta misma alcaldesa que se ofrecía a albergar a cuantos migrantes llegasen a la ciudad Condal, se queja a la Generalitat porque no le dan más ayuda para solucionar el problema que se le presenta!


Una comunidad con una deuda estimada de más de 70.000 millones de euros, que ha necesitado del aval del Estado para poder renovar su deuda y pagar los intereses correspondientes, que se permite quejarse del resto de los españoles, insultarlos y tratarlos como si, en realidad, fueran de una raza inferior a ellos, algo que comparten con los vascos, otros que con más inteligencia, siguen a la espera de lo que consiga sacar Cataluña para, inmediatamente, exigir al gobierno, que se le otorguen todos y cada uno de los privilegios que pudieran conseguir los separatistas catalanes. No acaban de entender y de ello se han ocupado los soberanistas catalanes, de evitar que se dé noticia a los ciudadanos catalanes, respecto a la normativa europea que no permite que una nación que se formara de otra perteneciente a la UE, pueda ser admitida en la comunidad si no existe la unanimidad absoluta de todas las naciones que forman parte de ella.


Ello supone que, una Cataluña independiente, una simple utopía ya que será un caso que no se va a producir nunca, se vería privada de todas las ayudas que la CE proporciona a las naciones que forman parte de ella; no podrían disponer ni de préstamos ni de créditos de los bancos europeos y las transacciones y exportaciones o importaciones que pudieran mantener con cualquier país extranjero estarían sujetas a las correspondientes tasas y aranceles; con la particularidad de que, la libre circulación y posibilidades de encontrar trabajo, en toda Europa, de los ciudadanos europeos, según el artículo 45 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, (Acuerdo Schengen) dejaría de serle aplicable a los ciudadanos catalanes.


Tampoco parece que se den cuenta de lo que supondría un hipotético bloqueo, por parte del resto de España, de las importaciones y exportaciones entre las distintas comunidades autónomas, que según se calcula que, en la actualidad, viene representando alrededor del 60% de todas las llevadas a cabo por Cataluña. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, continuamos sin entender cómo se ha permitido, por los distintos gobiernos de la democracia, en España, que hayamos llegado a un punto en el que, la actitud de los catalanes, casi la mitad de todos ellos, se haya añadido al filibusterismo de los activistas de esta revolución, hasta ahora meramente reducida a manifestaciones, propaganda, intentos de internacionalizar el conflicto, amenazas, resistencia pasiva al cumplimiento de las leyes etc., aunque no se ha llegado a producir ningún acto de violencia que haya llegado a causar bajas en ninguno de los dos bandos enfrentados; lo que no deja de constituir una preocupación si, como parece ser previsible, en alguno de los enfrentamientos con motivo del tema separatistas, se llegaran a enfrentamientos en los que la sangre apareciese. Entonces es muy posible que la situación fuera mucho más difícil de controlar. Esperemos que la sensatez se imponga y nunca lleguen a producirse hechos tan lamentables.

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