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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   PSOE   PP   -   Sección:   Opinión

Sánchez en situación apurada

Casado exculpado por el fiscal
Miguel Massanet
sábado, 22 de septiembre de 2018, 08:22 h (CET)

Además de desagradable, impropia y extemporánea, esta reacción del soberanismo catalán, intentando darle la vuelta a un tema que, en cualquier lugar del planeta sería considerado como un ataque a la democracia de una nación; las formas, las expresiones, la falta evidente de contención oral y la pobreza de los argumentos que intentan esgrimir para mantener a la ciudadanía catalana en permanente efervescencia, con el fin malévolo de intentar mantener, especialmente durante este mes de octubre, movilizados a todos aquellos que, de alguna forma, unos mediante artículos en prensa, otros organizando algaradas callejeras y los restantes por medio de mítines, conferencias, comparecencias o utilizando las cadenas televisivas catalanas, siempre dispuestas a colaborar con quienes se han propuesto intentar separar a Cataluña del resto de la nación española. Es evidente que, los catalanes han querido abrir varios frentes de indisciplina, desafío y controversia ante las autoridades, junto al rechazo frontal a las leyes de la nación española, sin importarles las consecuencias de esta actitud levantisca, sino al contrario, ya que lo que intentan es valerse del ruido que puedan hacer para que Europa siga atentamente cada etapa de la revolución ( no sabemos lo que pensarán de lo que está sucediendo en Cataluña cuando un señor, presidente de la Generalitat, Quim Torra, no deja pasar oportunidad para desafiar, insultar, desacreditar y denostar a las autoridades españolas, a las que achaca ser las responsables de que Cataluña no se haya salido con la suya en su busca del autogobierno.


Ahora, sin dejar de mantener la presión contra el Gobierno, a pesar de los intentos fallidos del señor P.Sánchez de negociar con ellos, para que acepten cambiar su petición de independencia por regalías de tipo económico o, muy probablemente, concesiones de todo punto inadmisibles sobre la enseñanza, la Justicia o el uso exclusivo del idioma catalán; seguirán presionándole en busca de un nuevo Estatuto en el que se les restituya lo que el TC les retiró por inconstitucional. Coincidiendo, en parte, con las condiciones que impone Podemos al gobierno de la nación para que les siga apoyando, especialmente en el importante tema de los PGE para el 2019, consistente en privar a la Casa Real del aforamiento que tiene el Rey, un intento de convertirlo en un ciudadanos cualquiera, al que poder juzgar por cualquier motivo que se le pudiera ocurrir a alguien interesado en atacar a la casa del Jefe del Estado español. En cada ocasión en la que el Rey ha viajado a Barcelona o cualquier otra parte de Cataluña, ha tenido que aguantar que se le insultase, se le rechazase y se le acusase de no ser el Rey de los catalanes, simplemente porque, en su momento oportuno, se pronunció a favor de que se contuviese el intento de los catalanes independentistas de declarar la República Independiente de Cataluña.


Un ataque que intenta minar a la principal institución del Estado, según se recoge en la Constitución Española, que califica a nuestro país como una Monarquía parlamentaria democrática presidida por el Rey. Pero ahora se han propuesto abrir o reforzar un frente en el que han venido insistiendo desde que el juez Pablo Llarena decidió ordenar la prisión provisional de aquellos presuntos delincuentes, de entre los políticos catalanes, que colaboraron, incitaron, promovieron y organizaron el referéndum ilegal ( declarado como tal por el TC) del 1 de octubre del 2017, con el fin de justificar el intento de rebelión que llevaron a cabo durante los días siguientes a la celebración de un simulacro de consulta en la que se cometieron tantas irregularidades, se desobedecieron tantas órdenes y se cometieron tantos actos vejatorios en contra de las fuerzas de orden público que, para más INRI, en lugar de ser apoyadas por los mossos de escuadra catalanes resultó que, en ocasiones, fueron ellos mismos quienes colaboraron para que se abrieran las mesas electorales, expresamente prohibidas por el TSJC.


Ahora, a medida que los acontecimientos se precipitan, convencidos de que el problema se ha trasladado el señor presidente del Gobierno español, señor Pedro Sánchez y, conocedores de la debilidad del gobierno que preside, han decidido entrar a saco contra los representantes de la Justicia española a los que, curiosamente, se les acusa de cometer arbitrariedades contra unos señores que han pretendido levantarse en contra del legítimo gobierno de España, para exigirle iniciar negociaciones en orden a facilitar la conversión de la comunidad en una nueva nación independiente de ella. Se profieren insultos y descalificaciones contra quienes enviaron a prisión a los principales líderes del intento de levantamiento con el Estado de derecho; se ha intentado que el señor Llaneras sea juzgado ante un tribunal belga, por su labor en la instrucción del expediente que se ha iniciado en contra de los presos preventivos, una sinrazón e intromisión en la Justicia española que, en ningún caso, debe estar sometida a la justicia de los belgas, ya que nuestro ordenamiento jurídico es quien, a través de sus distintos tribunales, es a quien le corresponde entender, en el caso de que se produzca alguna anomalía procesal, del correspondiente procedimiento sancionador.


Lo cierto es que, estos señores a los que no les importa vociferar, maltratar, insultar y echar de Cataluña a los que no comulgan con sus ideas, manifiestan una sensibilidad rayana en el absurdo, respecto a lo que se dice desde cualquier institución; censurando todo lo relativo a las aspiraciones independentistas catalanas. Si unos pocos jueces se han carteado o han manifestado, a título particular, en uso del derecho a la libre expresión del que dispone cualquier ciudadano, para poder criticar toda acción u omisión de otros ciudadanos, instituciones, autoridades e incluso al propio Jefe del Estado que considere opuesta a la ley; el que, unos expertos en leyes contrasten libremente sus respectivos pareceres respecto a unas actuaciones que, hasta al más ignorante y despistado ciudadano le producirían extrañeza, cuando es obvio que los actos sobre los que se opina tienen todos los condicionamientos para ser calificados de delitos, precisamente de los más graves que se pudieren cometer, por estar relacionados con la unidad indivisible de la nación española. Y aquí es cuando, señores, no podemos menos de volver a insistir en la pasividad de nuestros gobernantes, primero el señor Rajoy aconsejado por la señora Sáez de Santamaría y, actualmente, el señor P.Sánchez, obligado por sus compromisos, si quiere continuar recibiendo el apoyo de los comunistas y separatistas, que lo apoyaron en la moción de censura contra el señor Rajoy; se está viendo obligado a mirar hacia otro lado, a negar la cruda evidencia de que tiene que ceder al chantaje de separatistas y comunistas si es que desea mantenerse en el poder hasta que llegue el momento de afrontar unas nuevas elecciones.


Puede ser que, a pesar de saberse manejar muy bien entre bambalinas, de estar al corriente de utilizar con habilidad las tretas legales en su favor y de haber conseguido alguna ventaja inicial; todos aquellos planes que hizo, contando con el derrumbe del PP y el arrinconamiento de Ciudadanos, puede que, finalmente, no le salgan tan bien como se imaginaba. Los errores de su ejecutivo, las ministras dimitidas, las continuas rectificaciones que se ha visto obligado a hacer, incluso a costa de la ministra de Defensa, Margarita Robles, a la que desautorizó sin la menor consideración cuando la boutade de la ministra puso en cuestión el contrato de las cinco corbetas de Arabia saudí, por un importe millonario, a los astilleros de Navantia en Cádiz o los anunciados incrementos de impuestos le resten parte de aquel primer impulso. Es muy posible que aquel optimismo de los primeros días, después de la moción de censura, poco a poco, error a error, metida de pata a metida de pata, vayan minando aquella euforia a medida que se vaya demostrando que, aquellos que confiaron en el éxito de la operación, vayan dándose cuenta de que todo no ha sido más que un bluf, sin consistencia alguna.


No contaba, por supuesto, con la sorpresa de que se pusiera en tela de juicio su tesis doctoral, algo que negó rotundamente al principio y pidió rectificaciones y peticiones de perdón de los acusadores, exhibiendo una pose de hombre ofendido en su honor. A medida que, quienes dieron la primera noticia al respecto, han ido completando con documentos y han rebatido los controles que la Moncloa había puesto en marcha, utilizando dos programas para detectar plagios que dieron unos resultados tan dispares que, inmediatamente, despertaron las sospechas de los entendidos, de que estaban maquillados, incluso entre ellos los mismos creadores de aquellos programas que fueron los primeros en poner en tela de juicio la forma en la que se utilizaron, y alertaron de que era muy posible que se hubieran empleado determinados filtros para dar unos resultados que fueran favorables al señor Sánchez. Luego apareció un libro hecho en comandita con otro señor, donde aparecen párrafos enteros copiados de otras publicaciones, literalmente fusilados, en los que incluso aparecían determinadas erratas que no se tomaron la molestia de corregir.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, en este comentario nos congratulamos de que el fiscal que debía informar sobre la aceptación a trámite de la tesis del señor Pablo Casado, haya manifestado ante el Supremo, su oposición a que se acepte la acusación de la jueza que vio, en el trabajo de Casado, presuntas irregularidades que, en realidad, parece que eran más frutos de su animadversión hacia el personaje, que elementos que justificaran su empecinamiento en llevarlo ante el TS. Un cambio de escenario que, evidentemente, no le habrá hecho gracia alguna al señor Sánchez, que cargó las tintas sobre las presuntas responsabilidades de Casado en la confección y presentación de una tesis que nunca llegó a acabar y, ahora, por aquellos azares del destino, se produce la inesperada situación en la que el acusador, P.Sánchez y sus séquito de ministros desacreditados, es el que se encuentra ante una acusación de plagio que pone en duda la legitimidad de su doctorado. Cosas veredes Sancho. 

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