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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Tortura subcontratada

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 30 de enero de 2006, 00:43 h (CET)
En este mundo globalizado en el que nos movemos todo tenía que llegar. Los zapatos que calzamos están manufacturados en China, los pantalones vaqueros en Marruecos y el balón que pateamos en los ratos de asueto en la India. A todo ello se le añade la correspondiente marca comercial, publicitada hasta la nausea en este nuestro Primer Mundo, y ya tenemos un producto caro, y a veces con marchamo de elitismo, para el comprador y donde el explotado productor del mismo tan sólo ha conseguido unas miserables monedas a cambio de muchas horas de trabajo. Es la división el trabajo llevada a sus máximas cuotas de miseria empresarial.

Y como todo se globaliza y se subcontrata también la guerra y la tortura van siendo objeto de subcontratación por parte de los ejércitos poderosos. En esto, como en tantas otras cosas, los USA se llevan la palma. Después del 11-S toda una nueva legislación, nacida al amparo del miedo, otorgó los oportunos permisos para que la todopoderosa CIA pudiera interrogar a los sospechosos de terrorismo sin ningún miramiento. Para ello se utilizó la base de Guantánamo, situada fuera del territorio americano, donde no rigen las leyes norteamericanas, donde podríamos decir que tan sólo rige la ley del más fuerte.

Ahora, y cuando en Guantánamo todavía hay cerca de quinientos detenidos, se ha conocido un nuevo procedimiento militar que habilitaría las ejecuciones a muerte en aquel territorio de la isla de Cuba. Un documento firmado por el General J. Sehoomaker establece medidas que conciernen a las “condenas a muerte impuestas por cortes marciales o tribunales militares” indicando que, a partir de la fecha, las ejecuciones se podrían realizar también fuera de Fort Leavenworth (Kansas) único lugar hasta ahora donde se procedía a dar cumplimiento a las condenas a muerte de los tribunales militares. Así alejan del territorio USA unas ejecuciones contra las que una parte del país está en contra y de una legalidad más que dudosa.

Coincidiendo en el tiempo se hace público un informe del Consejo de Europa elaborado por el exfiscal suizo señor Dick Marthy al tiempo que la Cámara Europea crea una Comisión de 49 europarlamentarios, presidida por el portugués Cohelo, para investigar si existieron los famosos vuelos de la CIA transportando prisioneros y si los Gobiernos europeos tuvieron conocimiento de ello. Si ello se hubiera producido se habrían vulnerado de manera flagrante los derechos fundamentales de los detenidos.

Hasta hace algún tiempo las torturas en los interrogatorio eran casi normales incluso en los países denominados democráticos. Pero cada día existe más legislación prohibiendo estos sistemas e incluso en los USA no está bien visto el uso de determinadas maneras de llevar los interrogatorios y más de un interrogador podría dar con sus huesos en la cárcel. De ahí la necesidad de subcontratar la tortura cual si de la edificación de una obra se tratará. En el mundo todavía existen infinidad de países donde es posible “apretarle las tuercas” al detenido sin que su sistema legislativo se resquebraje. Y todavía existen policías expertas en el uso de métodos expeditivos para hacer que el presunto terrorista declare. Se fletan unos vuelos fantasmas, se cuenta con la colaboración silenciosa y mirando hacía otro lado de los gobiernos democráticos de Europa y se procede a viajar por el mundo con los acusados de terrorismo en busca del país donde sea más fácil conseguir una confesión acusatoria.

Los norteamericanos ponen la materia prima: los detenidos. Algunos países elaboran el producto: hacen los interrogatorios y Europa suministra la logística: los aeropuertos necesarios para las escalas en los vuelos de larga distancia. Algunas policías, precisamente de países árabes como Siria y Egipto tienen fama de ser diestras en interrogatorios al margen de los derechos humanos, sin olvidar al Mossad, el servicio secreto israelí que, seguro, estará dispuesto a colaborar. Es muy difícil que, con todos los adelantos técnicos que existen hoy en día, los Gobiernos europeos desconocieran el paso de estos aviones de la tortura por sus aeropuertos, y no salvo a nadie. Han sido gobiernos de todos los colores políticos los que han colaborado, no sabemos a cambio de qué, con la CIA en estas violaciones de los derechos humanos. Los terroristas de cualquier signo no me merecen ningún respeto pero no podemos ponernos a su mismo nivel. Si en su día criticamos los métodos del Ejercito Vasco Español de los tiempos de la UCD y del GAL de la época de González ahora no podemos cerrar los ojos ante las tropelías de la Agencia Central de Inteligencia de los EEUU.

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