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Y vuelta a las andadas

Golpean el hierro en frío
Manuel Villegas
martes, 18 de septiembre de 2018, 08:43 h (CET)

Dan coces contra el aguijón y son tercos como mulas. Llevan aproximadamente cinco años erre que erre procurando hacerse con la propiedad de la Mezquita-Catedral de Córdoba. ¿Quienes? Los socialistas y sus conmilitones comunistas que gobiernan la Alcaldía de Córdoba.


Es más, la inefable Isabel Ambrosio ha pedido al Ejecutivo de Sánchez que sea el Gobierno quien reclame la propiedad de este monumento patrimonio de la Humanidad.


La titularidad de tan insigne edificio es la pieza a cazar para el PSOE. Una y otra vez retornan a tan cansina, onerosa y pesada reclamación como vuelve la burra al trigo


Golpean el hierro en frío.


Nuestra inenarrable edil (¿o decimos edila?) ha manifestado recientemente que “la titularidad de la Iglesia sobre la Mezquita-Catedral pesa como una losa”.


No entendemos sobre quien pesa esa losa, dado que con anterioridad ella misma había firmado un acuerdocon el Cabildo Catedralicio en cuya firma se reconocía expresamente la propiedad por parte de éste de dicho monumento.

Por un lado dice que “pesa como una losa” y sin embargo, con la falta de convicción que la caracteriza, ha manifestado, cito palabras textuales, “hay una realidad y es que al día de hoy la titularidad de la Mezquita-Catedral es de la Iglesia Católica”.


Seguramente esta rotunda declaración está cimentada en el informe de la Asesoría legal del propio Consistorio que reconoce que este templo nunca ha formado parte del inventario de bienes de Ayuntamiento cordobés.


Bien, si la situación es esta, o sea, que no hay duda ni para los mismos que, incomprensiblemente, se oponen a ella, ¿dónde reside el problema? ¿No se dan cuenta que cometen una contradiccion en sus propias afirmaciones?


Posiblemente esto se deba a que no tienen la cabeza bien amueblada, ni un criterio fijo que mantener y, al igual que las veletas, son volubles y cambiables.


Si el tan traído y llevado templo es incuestionable que pertenece a la Iglesia católica, la misma Isabel lo reconoce, ¿qué es lo que pretenden, ¿arrebatárselo? ¿con qué títulos de derecho que se sustenten?.


Apoya sus pretensiones en un sofisma a todas luces insostenible. Para ello argumenta las siguientes palabras textuales: “hacer lo posible para que aquello que, durante mucho tiempo fue de dominio público y propiedad del pueblo, siga siendo de dominio público y propiedad del pueblo”.


De la misma manera esgrime como verdad una falacia que no hay por donde cogerla. Dice: “esa situación no lo ha sido todo el tiempo. Antes de 2006 esa realidad era completamente distinta. Y en eso estamos trabajando, en volver a retomar la situación que teníamos antes de 2006, que la Mezquita-Catedral sea de dominio público, sea propiedad del pueblo”.


No se si es incultura, mala fe, o falta de entendederas. El templo en cuestión ha pertenecido a la Iglesia Católica desde que Fernando III, por derecho de conquista, entregó, para su custodia, conservación y vigilancia, la mezquita musulmana a la Igesia, representada por su Cabildo Catedralicio.


Al igual que también los musulmanes, por derecho de conquista, levantaron sobre la basílica de S. Vicente la mezquita de la que hablamos.


Ellos edificaron una mezquida sobre un templo cristiano y Fernando III consagró esa mezquita a Santa María Madre de Dios, como templo cristiano, con el nombre de Santa María la Mayor.


Tanto a unos como a otro les asistía la legalidad del derecho de conquista.


Jamás la Mezquita-Catedral ha sido de titularidad pública, no obstante, desde que fue declarada patrimoonio de la Humanidad pertenece a todos los seres humanos, pues patrimonio, según las muchas acepciones que recoge el DRAE, significa “propiedad”, o lo que es lo mismo que, la tantas veces mencionada Mezquita, es propiedad de la Humanidad, lo que viene a significar que es de dominio público, aunque tenga que haber algún ente que se encargue de su conservación, mantenimiento y vigilancia, y éste es la Iglecia católica representada en Córdoba por el Cabildo Catedralicio.


Queda bien claro por las palabras que hemos citado más arriba que Isabel Ambrosio reconoce que es propiedad de la Iglesia, lo que propugnan los socialistas y sus socios comunistas es una usurpación o robo. El DRAE emplea estas dos acepciones para el mismo acto, o sea, apoderarsede lo ajeno.


Anda por ahí un comité de expertos, ¿expertos en qué? ¿en trapacerias y marrullerías? que ha expuesto que el Ayuntamiento cordobés puede reclamar la titularidad de la Mezquita-Catedral.


Desglosar todos los errores que contiene el informe emitido sería una pérdida de tiempo que no viene al caso.

Solamente expondremos algunas palabras de las manifestaciones que han hecho expertos especialistas en la materia, al conocer el informe.


Gloria Lora reconocida medievalista de la Universidad de Sevilla manifiesta:

La documentación del siglo XIII es clara y dice que el Cabildo es el dueño. Se sabe que no hay un documento escrito pero en la ‘Crónica de 20 reyes’ se dice que el rey dio rentas a la Iglesia y el solar en que se asienta la Mezquita. Muy poco después, en 1238, ya hay un documento de Fernando III que da al Cabildo una serie de propiedades, entre ellas la Mezquita”.


El catedrátido de literatura árabe en la Universidad Autónoma de Madrid, Serafín Fanjul dice: «Desde 1238, casi desde la misma toma de la ciudad, se entrega la Mezquita a la Iglesia y allí se establece la sede episcopal.


Por la parte jurídica reseñaré la opinión del Decano del Colegio de Abogados de Córdoba que considera el documento de la comisión de expertos como “un dislate, técnicamente hablando. Políticamente puede parecer mejor o peor que la Iglesia tenga la titularidad de un monumento de esta entidad, pero técnicamente no hay discusión”.

Creo que la opinión de estos tres especialistas tiene más valor y sustancia que lo que diga Federico Mayor Zaragoza, es quien firma el informe, que es farmacéutico.


Pero es que en el hipotético caso de que la Iglesia no fuese la propietaria de la Mezquita-Catedral hay una figura juríca que le da derecho a ella con todas sus consecuencias.


Esta se llama usucapión o prescripción adquisitiva o positiva, es decir, un modo por medio del cual se accede a una propiedad a través de la posesión continuada de los derechos reales por un tiempo que haya sido establecido por la legislación.


Este concepto jurídico está regulado en al artículo1930 y siguientes del Código Civil.


Ciertamente que hay unos plazos que se deben de cumplir para que sea efectiva la usucapión. Son para los bienes inmuebles diez años entre presentes y veinte entre ausentes, si el pretendido propietario vive en el extranjero o en ultramar.


Para los bienes muebles son solamente tres años. Pero este no es el caso que nos ocupa.

La Iglesia ha estado ostentando la propiedad y posesión de la Mezquita-Catedral desde 1236, en 1238 se hace efectiva, hasta nuestros días, o sea, 782 años, tiempo más que suficiente para que no se le pueda negar su titularidad.


La posesión la define el Derecho Civil como poder de una persona sobre una cosa. Son dos los requisitoa para que ésta sea efectiva: el corpus o exteriorización de dicho poder sobre la cosay el animus o intención de poseer la cosa. Ambos se dan de forma incontrovertible en el derecho que tiene la Iglesia a que la Mezquita-Catedral le pertenezca. El corpus es el mismo edificio y el animus la tenencia continuada de dicho bien durante casi ocho siglos.


Ni cuando se construyó la Catedral dentro de la Mezquita, el Cabildo municipal de Córdoba hizo valer derecho alguno sobre ella porque no lo tenía. Se oponía a la misma, porque en su interior había sepulcros y se enterraban los señores poderosos de la ciudad y, si se reducía el espacio, había que exhumar los cuerpos en él depositados y no podrían disfrutar de dicha prebenda muchos de ellos. El encono llegó a tal virulencia que los municipales condenaron a pena de muerte a quien trabajase en las obras y los eclesiásticos amenazaron con la excomunión a quien, requerido, no lo hiciese.


Ninguno de los dos cumplió su amenaza y la construcción de la Catedral siguió adelante y hoy pueden contemplarla todos los que la visiten.


Ahora bien, en el caso de que se llevara a cabo tal expoliación ¿quién se haría cargo de ella? ¿El Estado, el Ayuntamiento cordobés como un bien público como preconizan?


Glosando a lainefable Carmen Calvo cuando dijo que el dinero público no es de nadie, los bienes públicos tampoco, luego ¿cómo se cuidaría y conservaría este inapreciable monumento?.


Con el mimo, atención y esmero que lo ha llevado a cabo la Iglesia desde el siglo XIII hasta nuestos días.


¡Ni mucho menos!


Me vienen a la memoria las desamortizaciones de Mendizabal y de Madof. ¿Qué fue de los templos, conventos y objetos de arte que le arrebataron a la Iglesia Católica? ¿Se conserva alguno de ellos? La incuria, el abandono y desinterés terminaron porpor arruinarlos, privando a la Humanida de incomparables obra de arte y exquisita belleza.

Posiblemente, ¡Dios no lo quiera! podría ocurrir lo mismo con el edificio más emblemático de la ciudad de Córdoba que es patrimunio de la Humanidad.


Ya para terminar, los socialistas y comunistas cordobeses persiguen un fin tan inconfesable cutre y pedestre en la gestión del monumento, como es manipular el dinero que se recauda anualmente de los 1,9 millones anuales de visitantes que acuden a él.


Sin embargo no todos pagan, son entre 200.000 y 300.000 personas las que disfrutan gratis de su contemplación.

El monto total de lo recaudado asciende, poco más o menos, a 16 millones de euros que es lo que pretenden atribuirse estos políticos que, en lugar de preocuparse de los problemas que verdaderamente acucián a Córdoba, intentan apoderarse de aquello a lo que no tienen derecho.


La Iglesia destina lo lo recaudado a obras sociales, mantenimiento del propio edificio y actos culturales.


Caso de que el Ayuntamiento se incautase de este preciado monumento serían los políticos quienes se encargarían de su gestión, y de sobra sabemos a lo que nos tienen acostumbrados, a mirar sólo por su bien particular y el de su partido importándoles un ardite el bien del edificio.

¡Ojalá jamás llegue ese momento!

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