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Etiquetas:   Lectura   Educación   -   Sección:   Opinión

El acto de leer

Dignifica y al dignificar permite que las personas vuelen
Cristian Iván Da Silva
@CrisDaSilvaOk
martes, 18 de septiembre de 2018, 08:39 h (CET)

Estamos en un momento en que todo es separable, indivisible. Hemos separado la cuestión divina de la humana, y en ese marco, nos hemos forzado en establecer circunscripciones recalcitrantes, que no tienen tiempo de verse siquiera a sí mismas. Hemos creído haber separar – y aquí hemos sido lo más rencorosa y autoritariamente sordos y soberbios– el alma del cuerpo, la espiritualidad de la propia condición de hombre; y cuando hablo de esto último me refiero a ello sin entrar a la cuestión teológica o religiosa.


Aquí donde todo es separable, es necesario distinguir en tipos de separaciones; y en algunas cosas por simple progreso o por que los pueblos lo necesitan, nos hemos separado de ataduras. Tal es así, que las opiniones o el poder de decisión han sido separadas de instancias que creíamos dueñas de la verdad absoluta, y nos dimos cuenta que hasta en eso la verdad era cuestión de separación. Entonces, podemos decir que ha habido separaciones buenas y malas, de conquistas y de robos; pero no hemos podido separar y nuca se podrá hacerlo, el acto de leer del acto de vivir. Digo esto porque constantemente algunos se auto separan de los libros, huyen, por el simple hecho de no querer leer o porque nadie los guía, y a otros los separan por la fuerza.


Es harta y basta y súper conocida en la historia la acción de muchos que, habiendo separado la paz de la libertad, también han separado a mentes, a jóvenes, a tantos, del acto de leer. Por ejemplo las dictaduras, civiles o militares, sea cuales fueran su orientación y el momento, han separado el acto de vivir la vida del de morir por su propia y perfecta conclusión natural, han sido lo suficientemente crueles y mefistofélicas de haberla solo unido, con un pequeño cabo, a la muerte asaltada, adelantada, oscura y cómplice.

La muerte es natural, claramente, y no es separable de la vida. Pero hay quienes la han separado de la vida y unido a un ruidoso poder de odio y de decisión arbitraria. ¿Por qué?, porque simplemente el acto de leer es el único que en tanto silencio provoca más ruido, y quizás si hay hambruna, y no es por ser ingenuo o desconocer que no se padece, alimenta de mejor manera que cualquier alimento. El acto de leer es indivisible, aun yendo más lejos, de la dignidad humana.


El acto de leer dignifica y al dignificar permite que las personas vuelen, se encuentren a si mimas y habiéndose encontrado ellas en las páginas, porque los escritores provocan quimera, pueden ser luego con las demás, es decir, con las del mundo real, sí es que acaso la realidad es una y se pueda narrarla. En el acto de leer se fabrican los pensamientos y se han fabricado las grandes mentes; las que con aciertos y errores, han dado a la humanidad sus avances y logros, pero también , y para ser justos, sus peores vergüenzas; porque incluso, y paradójicamente, nos preguntábamos en el mismo acto de leer y queriendo buscar una respuesta, como es que algunos podrían haber perdido su dignidad a tal punto de separar el amor de uno del amor por el otro, haciendo de la otredad, una fobia de clase.


Más allá de cierta disquisición histórica, porque el acto de leer las supera a todas, leer es un acto político, no en el sentido proselitista sino en el más amplio sentido del civismo, de la participación y de la pluralidad. El acto de leer no es un robo al mundo, no deben temer quienes temen a las ideas, por que quienes lean no les robaran nada. Leer involucra, te hace parte, y cuando leas no podes sentir que te estás perdiendo el mundo, que estás perdiendo el tiempo o que el tiempo es corto; por el contrario piensa que te vas del mundo pero para poder volver como mejor persona, en esencia y materia, unido y no separado a nada. El acto de leer te permite conseguir victorias en un mundo que constantemente tiene guerras no declaradas, leyendo es que podrás formar tu propio soldado y sin herir a nadie, sin derramar la sangre, tan solo las palabras y las ideas.


El acto de leer es revolucionario, porque las revoluciones nacen del anhelo de las personas, el acto de leer es divino porque permite la creación; el acto de leer es liberador porque si bien todo puede tener un acto de negación, y en este mundo es así, es solo que leyendo podrás liberarte de prejuicios y alienaciones, podrás combatir la inercia de la mente y la ignominia de las palabras. El acto de leer habla de ganancias y no de deudas, es tan redistributivo como inclusivo: se te devolverá en muchas creces el esfuerzo de cada vez haberte podido acercar a un libro y también en ello no hay color, genero, orientación o condición cual sea que esté de ante mano condicionada. El acto de leer te permite intimar con los libros, en el sentido de sentirte en una intimidad que solo conoces cada vez que lees, y no solo que lees, porque también podes sentir el libro, olerlo, sentirlo en el tacto. El acto de leer es una universidad y la profesionalización misma, por que podrás sumergirte en todas las profesiones; el acto de leer es una máquina del tiempo, te lleva y te trae y, por qué no, también es un tanto esotérico, porque a cuántos muertos podrás traerlos de nuevo a la vida, hacerles honor, o simplemente justicia. El acto de leer es en sí un milagro terrenal y una de las pocas instancias divinas al alcance del hombre y los hombres.


El acto de leer puede desnudarte y vestirte, darte alas y armas; provocarte en aquella misma y sana intimidad ese instante único de encuentro, del que solo sabes, y con mucha ventaja, que saldrás victorioso. El acto de leer es todo en tanto todo sea mejorarnos y crecer. Para concluir, recuerda que el acto de leer, será una de las pocas conquistas de las que podrás ser conquistador sin arrebatar, y que por ello, debes acercar al acto de leer a aquellos que no pueden o no quieren hacerlo, porque solo en el acto de leer y contando o convirtiéndote en guía es que este mundo y cada persona podrá ser cada día más persona, más indescifrable e interesante, demasiada monotonía y simplismo nos ha llevado a separar el instante de lo realmente infinito. 

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