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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Aves carroñeras

Pepe López
Redacción
sábado, 28 de enero de 2006, 22:07 h (CET)
En el edificio de la Moncloa se hicieron unos jardines en los que se plantaron árboles para las aves de paso. Sin embargo, en los dos últimos años han surgido (debe ser por arte del demonio) unos cuantos árboles de tamaño descomunal en el que se posan las aves carroñeras.

¿Habéis visto, queridos amigos, cordiales rivales y amadísimos familiares, esos espectáculos que, con frecuencia nos ofrece la televisión en sus documentales, cuando esas aves se lanzan sobre la carroña y se disputan con garras y picos los mejores bocados?

Pues eso es, justamente, lo que está ocurriendo en la Moncloa. Y me causa enorme pena y tristeza decir que esa carroña es esta España indefensa en la que, salvo algunos militares con honor y unos políticos con dignidad, los españoles están cruzados de brazos.

Tan pronto como los carroñeros se percataron de que el poder estaba en manos de un pobre hombre, sin preparación y sin capacidad alguna, fanfarroneando de progresismo y empeñado en hacer una España con “democracia avanzada” y tan pronto como se dieron cuenta de que prometía sin límites y daba rienda suelta a las ambiciones desmedidas de quienes le apoyaran en su verdadera pretensión de conservar el poder, se lanzaron a despedazar a España con todo el odio y la saña que su intento depredador les sugería.

En el jardín de la Moncloa yace España. Maltrecha e indefensa y a punto de ser devorada. Se disputan los mejores bocados. Los buitres que vinieron de Cataluña se devoran entre sí. Se traicionan mutuamente.

CIU, con Mas a la cabeza, se adelantó y le hizo el primer desgarrón a mi Patria querida, con la aquiescencia infame y traicionera de quien juró defenderla. A los pocos instantes llegó Esquerra que, lamentándose de que el enviado de Pujol (que tanto daño ha hecho a Cataluña y a España) se le hubiera adelantado,aumentó sus pretensiones.

No es suficiente con que el Consejo de Estado, el del Poder Judicial y los diez millones de españoles que agrupa el Partido Popular, digan que lo que se cuece en la Moncloa es una cochinada.

No, no es bastante. Hay que salir a gritar que están desmantelando a España. Que, de permanecer cruzados de brazos, vamos a ser extranjeros en nuestra propia Patria, que vamos a vernos impedidos de viajar a queridas Regiones españolas por desconocer sus lenguas; que vamos a ver impasibles cómo unas Regiones se enriquecen a costa de las demás.

Y si todas las Autonomías consiguieran las mismas pretensiones económicas, ¿qué dinero quedaría para el Estado?¿Tendrá que desaparecer? ¿Subsistiría la Corona con un Rey que reina pero que no gobierna? Vamos derechos a los Cantones de la primera República y a la anarquía de la segunda. Todo demencial, todo absurdo, todo lamentable.

Don Amadeo se fue asqueado. ¿Qué haremos los demás?

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