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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Una lucha muy loable

Rubén Espinosa
Redacción
sábado, 28 de enero de 2006, 22:07 h (CET)
Las ultimas décadas han sido para la mujer, para su lucha. En este tiempo, la mujer ha sido la protagonista principal y ha logrado con su revolución transformar la mitad del mundo. Porque en la otra mitad, en los países menos desarrollados, aún siguen por desgracia sin permitir a la mujer avanzar para que su sociedad funcione correctamente. Continúan estancados en la prehistoria. Sometiendo a las mujeres a una sociedad que las arrastra a ser esclavas en pleno siglo XXI. Es demencial pensar que estas actitudes hostiles e inhumanas para con todas esas mujeres no deben venir de personas racionales, sino de dementes sin sentimiento alguno.

Lo único que logran excluyendo a la mujer de la sociedad es que el mundo no funcione, no avance, no prospere. La lucha de la mujer por reivindicar sus derechos ha sido y es dura, llena de dificultades, adversidades, incluso de hostilidades. Parece prolongada en el tiempo, infinita a veces, pero también, en los últimos años, está repleta de satisfacciones y avances en todos los ámbitos. Tanto en lo personal, en lo social, como en lo político.

En los países ricos, porque en los países pobres la desigualdad y el 'no' rotundo e irracional a permitir el desarrollo de la mujer en plenitud de condiciones ha provocado que estos países no evolucionen. Porque una sociedad avanza cuando permite a la mujer desarrollar todas sus virtudes y capacidades. Una sociedad avanza y evoluciona sólo cuando todos y todas avanzamos y evolucionamos a la vez: mujeres, niños y hombres, sin exclusión alguna.

Si comparamos la situación de las mujeres españolas en la actualidad con las de nuestras madres, hace treinta años, el avance hay que calificarlo como positivo, pero aún es insuficiente, aún quedan muchas cosas por hacer, muchas por las que luchar.

A pesar de ello, el proceso de liberación de la mujer ha producido un lavado de cara en nuestra sociedad que ha logrado cambiarla casi por completo. Si miramos detenidamente la sociedad actual, a la de hace treinta años, y preguntamos a nuestras madres, o a nuestros padres, veremos cambios significativos en la misma. Los hombres hemos tenido que amoldar nuestra manera de pensar y nuestros hábitos, desde el trabajo hasta el hogar.

El hombre ha sido y es el sujeto pasivo de este proceso. Está viendo los cambios que se están dando en la sociedad e intenta asumirlos lo mejor que puede. Pero en la mayoría de las ocasiones no lo consigue. En estos últimos años, tantos cambios en nuestra sociedad y a una velocidad tan vertiginosa, han producido variaciones en el estado emocional del hombre, entre otras, inseguridad, rencor o culpabilidad.

Su estado emocional no logra asumir la inminente pérdida de sus privilegios, los cuales, creo recordar, adquirió mediante métodos poco lícitos como la fuerza y la opresión hace tantos años que debería darle vergüenza proseguir con ellos.

El hombre ha estado además, única y exclusivamente centrado en evadirse de las acusaciones que le hacían las mujeres y sus asociaciones, sin ayudar en ese proceso que es el progreso de la sociedad hacia un mundo de igualdad y de más justicia para todos. Un proceso que mejora la sociedad en su totalidad, en todos los ámbitos. Un progreso global e infinito en sus posibilidades, sin limitación alguna.

Por lo cual, a la mujer, sólo le queda una alternativa: luchar hasta conseguir que ese proceso, el del cambio, avance hasta su meta. Que no es otra que el fin de los privilegios de los hombres sobre las mujeres. En definitiva, conseguir que la sociedad progrese hasta lograr la igualdad que debió existir siempre y por la cual las mujeres jamás debieron ni deberían luchar. Pero lo han hecho y hay que agradecerles esa lucha loable hacia la consecución de unos derechos que siempre debieron tener y tendrán.

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