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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Benedicto XVI: Primera Encíclica

Federico Ferrando (Valencia)
Redacción
sábado, 28 de enero de 2006, 01:16 h (CET)
Dios es amor. Así comienza. Ni más ni menos que la esencia del Todopoderoso. Amor. Con esta base en la que el Creador del mundo nos encomienda la cohabitación humana, la explotación y desarrollo de nuestro planeta, empecemos por lo más cercano. En España, donde las leyes del Gobierno socialista no tienen por encima de ellas tope ninguno, aunque para nosotros sí que exista. Por encima de las Leyes está Dios; por encima de la Constitución está Dios; por encima de todo hombre existe Dios que nos abraza con el amor del Padre Eterno.

Nuestras leyes españolas no sólo no tienen límite, sino que se enuncian en la beligerancia contra la vida dado que promueven el aborto (crimen más execrable de la humanidad), promueven la no intervención natural en la concepción de los hijos; las líneas de investigación con células madre embrionarias (seres humanos), tratamiento de la ancianidad deplorable e indigno y empezamos con un leve paso hacia la eutanasia activa y pasiva. Son leyes de la muerte. No son leyes de justicia humana.

Pero estamos en unas circunstancias en las que nuestra lucha es la de las ideas. Ello me recuerda las palabras del parlamentario español D. Antonio Aparisi y Guijarro que en su discurso de 3 de diciembre de 1864 enaltecía a los católicos para prepararse a una descomunal batalla: la lucha de las ideas. Literalmente sentenciaba: “…no hay medio de esquivarla: no habéis de lograrlo, si quiera os escondáis en lo más secreto de vuestras casas… Pues bien: ya que el combate es inevitable, preciso que lo aceptemos, y no para defendernos simplemente, sino para adelantarnos y atacar a nuestra vez… Pues bien: por cada mil ideas malas, consentidme que hable así, que se arrojen sobre el mundo, arrojemos nosotros, si es posible, un millón de ideas buenas; y tengamos fe, que Dios, después de probarnos, nos ha de dar la victoria”.

El pensamiento de este gran parlamentario, nos da a los católicos españoles una consigna para el momento crucial en el que vivimos bajo los mandatos de Zapatero y compañía. Hemos de luchar con las ideas buenas. Dios Padre Creador, si es Su Voluntad, nos echará una mano.

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