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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Al Sr. Rubianes se le ha ido la lengua diez pueblos

Mariano Estrada (Alicante)
Redacción
sábado, 28 de enero de 2006, 01:16 h (CET)
“A ver si les explotan los huevos”. El hecho de que el señor Rubianes reclame tanto mal para los españoles, entre los que sin embargo se encuentra (Se llama Pepe), no pasa de ser un deseo sin efecto práctico alguno. En cuanto a los insultos (“la puta España” etc)... Bueno, cuesta tan poco ser mal educado. De todos modos, y aunque a mí no me enerva ningún sentimiento patriotero, sé que soy español, por pura evidencia y aplastante lógica. Por lo tanto, supongo que debería sentirme ofendido, pero la verdad es que el señor Rubianes no ha conseguido ni esto. Y en última instancia, a mí no me importa que siga cagándose en quien quiera. La lengua es suya, la suciedad que sale de ella también y un señor grosero no conseguirá que su odio y su demagogia reboten en mí y se trasladen después a los catalanes, a los que, por cierto, perjudica enormemente con su batería de palabras soeces. Sé, no obstante, que hay gente que se siente ofendida y que estas actitudes, de las que últimamente abundan en un sentido y en otro, no facilitan nada la convivencia, que es algo a lo que tenemos que exponernos cada día.

Dicho esto, añado: lo que no se puede aguantar es que diga que los extremeños viven de los catalanes, lo mismo que no se puede aguantar que otros digan que los actores viven del pesebre. Porque ambas afirmaciones son injustas e inexactas. Yo no haría denuncias al CAC, comité con el que yo no estoy de acuerdo, ya que es un embozo de la libertad de expresión, sino que le pediría al señor Rubianes que demuestre con datos que lo que dice es así. Pero que tenga en cuenta que la solidaridad no es una cuestión de beneficencia, sino de justicia. Lo que usted ha hecho en realidad, señor Rubianes, es acusar a los pobres de vivir a cuenta de los ricos. Y usted debe saber que, lejos de semejante consideración, yo tiendo a pensar más bien al contrario: que los pobres, con su esfuerzo, sus renuncias y sus nóminas ajustadas, son los que, a su pesar, posibilitan la existencia de los ricos, con sus patrimonios, sus placeres, su poder de sometimiento, su libertad casi infinita, sus ingresos descomunales. ¿Sabe usted que lo que gana el Presidente de la Generalitat o cualquiera de sus consellers, es diez o quince veces más que lo que cobra un jornalero de Extremadura? ¿Quién vive de quién? La situación de ricos y pobres, que se entiende tan bien cuando nos referimos a las personas físicas, tendemos a disimularla cuando nos referimos a los territorios, como acaba de hacer usted. El rico es Cataluña, señor Rubianes, y el pobre Extremadura. No ha podido elegir usted mejor el ejemplo.

Desgraciadamente, en Extremadura no ha habido suficiente trabajo y los extremeños, con muchísimo dolor, lo han tenido que ir a buscar. Lo han encontrado en Cataluña, a la que han ayudado a enriquecerse y a prosperar, entre otras cosas para que los altos cargos puedan tener esos sueldos y esos patrimonios y esos privilegios y esos coches y esos chóferes. Los trabajadores extremeños se han conformado con sus nóminas, más bien bajas ¿Y encima quiere usted darles el carácter de beneficencia? No, señor, los sueldos son una cuestión de justicia. Y habría que añadir que la justicia se queda muy corta, que la proporción entre unos y otros es desmesurada, que tenían que ganar más los de abajo en detrimento de los de arriba, que en Cataluña es especialmente escandalosa la diferencia. Infórmese usted de lo que ganan unos y otros. Hable usted con los taxistas, por ejemplo, pregúnteles cuánto ganan y dígales a continuación lo que ganan los consellers y los altos cargos de la Generalitad. Dígaselo, hombre, y luego pregúntele por su procedencia, la del taxista. Y si acaso es extremeño, que bien podría ser, dígale usted a la cara que, a pesar de trabajar 12 horas al día, en realidad está viviendo a costa de los catalanes. Explíqueselo bien, hombre, si se atreve. Y mírele usted a los ojos.

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