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Etiquetas:   Asiento de tribuna   -   Sección:  

Herida abierta

Fran Villalobos
Redacción
sábado, 28 de enero de 2006, 21:49 h (CET)
La suspensión del Valencia-Deportivo en el minuto 44 por agresión al linier Vicente Egido Rozas ha avivado la enemistad latente que se profesan ambos conjuntos desde hace más de una década. El dramático penalti de Djukic atajado por González y el triunfo gallego frente a los ché en la final de la Copa del Rey al año siguiente marcaron para siempre la relación de los dos únicos conjuntos capaces de hacer sombra a Barcelona y Real Madrid en las últimas campañas.

Esta vibrante eliminatoria de cuartos ha despertado viejas rencillas sobre el terreno de juego. Los jugadores, contagiados del espíritu guerrero que se vivía en las gradas, sobrepasaron los límites de la deportividad con acciones excesivamente violentas y peligrosas. El codazo de Carboni a Valerón, la entrada de Duscher a Albiol o la agresión de Marchena a Arizmendi ejemplifican la tensión desbordada entre valencianistas y blanquiazules.

Desde los respectivos banquillos, los técnicos tampoco han contribuido a calmar los ánimos. Tras perder de penalti en los minutos finales frente a diez hombres, Quique Sánchez Flores calentó el partido de vuelta durante la semana con declaraciones subidas de tono en las que reclamaba el apoyo incondicional del público valencianista a la batalla. El miércoles, al borde del descanso y con marcador favorable al conjunto de Mestalla pese a jugar con uno menos tras la expulsión de Marchena, un aficionado sin cerebro se tomaba demasiado en serio las palabras de Quique y añadía otro episodio vergonzoso a la historia del fútbol español.

Tras la suspensión, lío en los despachos. El Depor se niega a acatar la decisión del Comité de Competición de reanudar el partido a puerta cerrada al considerar injusto que no se le conceda automáticamente el pase a semifinales. Joaquín Caparrós también se ha despachado a gusto en la sala de prensa aunque, eso sí, ha pedido a los aficionados de Riazor que, sea cual sea el resultado que deparen los 45 minutos restantes, no imiten comportamientos violentos en la visita liguera de los valencianos cuatro días después del desenlace copero.

Afortunadamente, la agresión al linier de Megía Dávila no tuvo consecuencias graves para su salud. Quien sí las podría haber padecido fue Arizmendi, víctima de un brutal e incomprensible codazo de Marchena. El internacional español debería reflexionar sobre su comportamiento irracional y su cinismo, detectado como costumbre a lo largo de su carrera deportiva y elevado a la enésima potencia tras protestar al colegiado la tarjeta roja. En época de entrega de premios cinematográficos, el nombre del central sevillano figura por méritos propios entre los nominados a los ‘Goya al juego sucio’.

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