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Opinión
Etiquetas:   Presos de la libertad  

Derecho de apaleamiento

Eduardo Cassano
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
viernes, 27 de enero de 2006, 04:46 h (CET)
Hace dos años murió apaleado un cliente de un bar musical de Barcelona. Según los testigos, dos porteros sacaron del local al cliente de muy malas maneras, al no querer salir por su cuenta, hasta agredirlo de forma brutal y desmesurada. Esta semana se ha conocido que la sentencia declara inocente a uno de ellos, y al otro le retiraron los cargos al no existir pruebas en su contra.

La chulería de muchos porteros de las discotecas es inaceptable. Por el hecho de decidir quién entra al local y quién no, ya se creen seres superiores. Intimidan a la gente con su físico, resultado de la mezcla de anabolizantes y muchas horas de gimnasio.

Trabajan de noche, con gente que roza el coma etílico y otros pasados de rayas. Es un trabajo duro y nunca está suficientemente bien pagado, pero no son pocos los que compensan ese riesgo a cambio de lucrarse, de modo clandestino, con los trapicheos de la droga que les compensa a final de mes. Si a esto le unimos la atracción que generan a algunas chicas, la sensación de poder les nubla las neuronas, y echar a un cliente se convierte en una demostración de fuerza.

En todas las discotecas existe el derecho de admisión, es comprensible. También lo es echar a un cliente cuando se pone pesado o molesta a otros clientes. Lo que no es aceptable es el ensañamiento con el que se le invita a salir. Estos profesionales suelen “necesitar la ayuda” de sus compañeros para echarlo fuera, y cuando no mira nadie, apalearlo. Y si mira alguien no pasa nada, era defensa propia, “esta borracho”… ¿Desde cuando un borracho tiene más fuerza que estos orangutanes, de cuerpo y mente?

Aún recuerdo el caso del Maremágnum, también en Barcelona, donde falleció un sudamericano en extrañas circunstancias que más tarde se aclararon. Echaron del local al hombre, le pegaron entre varios una paliza y después lo tiraron al agua… murió ahogado. Los familiares tuvieron suerte, todo quedó registrado en las cámaras del centro comercial y se hizo justicia. Pero, ¿qué pasa cuando no hay una cámara grabando? Probablemente lo que ocurrió hace dos años, pero esta vez los porteros han quedado en libertad. ¿Quién les da una explicación convincente a los familiares del fallecido esta vez?

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