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Opinión
Etiquetas:   Ni éstos ni aquéllos  

Don Rodrigo Zapatero, Wamba, Bambi y los witizianos

Juan Pablo Mañueco
Juan Pablo Mañueco
viernes, 27 de enero de 2006, 04:46 h (CET)
EL ENREDO está servido. El fraude es claro, nítido, dolosamente evidente. El Preámbulo del “Estatut” y la redacción del término “nación”, aunque engañosamente tergiversado para que no resplandezca tanto la falsedad, no deja lugar a dudas y puede probarse fácilmente.

No es una nación sentimental la que se quiere colar por la puerta falsa de la Constitución. Se prueba inmediatamente: jamás consentirían sus redactores que, junto a esa supuesta “nación sentimental”, figurase la formula constitucional de que la única “nación jurídica y soberana” es la que decreta la Carta Magna.

Jamás admitirían tampoco que en el articulado estatutario se mencionase el artículo 2 de la Constitución Española: “la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible”.

Basta de enredos dolosos y premeditados, pues. Basta de engaños. Dígase lo que se quiere y asúmase en unas elecciones.

Si ZP quiere ser, por los motivos que él sepa, don Rodrigo Zapatero, el rey que perdió España, que los exponga. Si ya tiene su cohorte de witizianos, dispuestos a pasarse al enemigo, que se sepa. Si alguno de sus partidarios quiere cortarle las barbas como a Wamba, que empiece. Pero basta ya de sonrisa de Bambi, que no hay tal, sino un taimado.

El texto pactado está destinado a acabar ante la ONU, a la vuelta de pocos años. Carod querría hacerlo ya. El resto de la oligarquía catalana tal vez prefiera esperar, mientras la parte que les toca de la colonia española les siga siendo tan rentable como les ha sido durante los últimos 150 años. ZP sabrá lo que quiere, porque puede que no sea ni Bambi ni Wamba, sino un perfecto Mister Bean leonés.

Dicho como es y lo que se quiere, hay cauces. Dado el nivel de fraude legal de lo que se está perpetrando realmente, los mecanismos correctores de los fraudes legales, si los hay, deben empezar a funcionar.

Pero este circo en que se ha convertido el “Estatut” por la voluntad dolosa de unos, por la misteriosa figura de ZP y por la nulidad de Mariano Rajoy como jefe de la oposición, es un fraude claro.

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